La visita del canciller español José Manuel Albares a México y su encuentro con Claudia Sheinbaum y Roberto Velasco confirmaron el acercamiento entre ambos gobiernos después de años de tensiones, con una agenda que combina cooperación política, vínculos económicos y diplomacia cultural.
España y México han comenzado a dejar atrás uno de los periodos más tensos de su relación diplomática reciente. La visita oficial que el ministro español de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, realizó a México a finales de abril permitió formalizar un acercamiento que ya había comenzado a hacerse visible durante los primeros meses de la presidencia de Claudia Sheinbaum.
El episodio central de la visita fue la firma del Acta de la Comisión Binacional España-México por Albares y el canciller mexicano Roberto Velasco. El documento fue presentado por ambos gobiernos como una muestra de la recuperación del diálogo y de la voluntad de avanzar hacia una nueva etapa de cooperación.
La Secretaría de Relaciones Exteriores de México había señalado previamente que el encuentro entre Sheinbaum y el rey Felipe VI, celebrado el 25 de junio, representaba una etapa de renovada confianza y fortalecimiento de la relación bilateral. Ambos países destacaron entonces la importancia de profundizar los vínculos políticos, comerciales y culturales que mantienen desde hace décadas.
El acercamiento resulta significativo porque durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador las relaciones políticas con España se deterioraron a raíz de la exigencia mexicana de que la Corona española ofreciera una disculpa por los abusos cometidos durante la conquista. La llegada de Sheinbaum no eliminó inicialmente esa diferencia, pero el tono diplomático comenzó a cambiar progresivamente.
De la tensión al diálogo institucional
Uno de los momentos que ayudaron a modificar el escenario fue la participación de Sheinbaum en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada en Barcelona en abril. En ese contexto, la presidenta mexicana se reunió con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en un encuentro que fue interpretado por ambas partes como una señal de normalización.
Pocos días después, Albares viajó a México como parte de una gira por América Latina y el Caribe. El Ministerio de Asuntos Exteriores español explicó que su visita tenía entre sus objetivos reforzar las relaciones bilaterales y preparar la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid.
El encuentro con Sheinbaum en Palacio Nacional adquirió especial relevancia porque no estaba incluido inicialmente en la agenda pública del ministro. La presidenta mexicana informó del encuentro y destacó que ambos gobiernos conversaron sobre cooperación bilateral y sobre nuevos proyectos culturales que llevarán exposiciones mexicanas a España.
La reunión mostró que el acercamiento ya no se limita a los gestos protocolarios. México y España buscan recuperar mecanismos regulares de diálogo que permitan abordar asuntos económicos, culturales, científicos y multilaterales sin que las diferencias históricas dominen la relación.
Roberto Velasco resumió esa intención al señalar que ambos países podían volver a construir una nueva etapa después de haber sido históricamente cercanos. Albares, por su parte, describió su visita como una muestra de la normalidad recuperada y destacó los vínculos humanos existentes entre las dos sociedades.
Una relación con un peso económico considerable
El acercamiento también tiene una dimensión económica difícil de ignorar. España se mantiene como uno de los principales inversionistas europeos en México, mientras que las empresas mexicanas tienen una presencia relevante en el mercado español.
Durante la reunión de la Comisión Binacional, ambas partes plantearon ampliar la cooperación en ámbitos como comercio, inversión, innovación, transición energética, infraestructura, turismo y desarrollo sostenible.
La relación económica proporciona un incentivo adicional para mantener abierto el diálogo político. En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales y una creciente competencia entre bloques económicos, Madrid y Ciudad de México comparten interés en preservar canales de cooperación y facilitar las inversiones de sus empresas.
La dimensión empresarial se reflejó también en la agenda de Albares, quien sostuvo encuentros con representantes de compañías españolas establecidas en México y participó en actividades de la Cámara de Comercio de España en el país.
La cultura como puente después de los desencuentros
La recuperación diplomática ha estado acompañada de una intensa agenda cultural. Durante su visita, Albares inauguró la exposición La mitad del mundo y participó en actividades de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Museo Nacional de Antropología.
La diplomacia cultural ha desempeñado un papel particularmente relevante porque permite abordar la historia compartida sin reducirla exclusivamente al conflicto generado por la conquista.
El propio Gobierno mexicano ha destacado la cultura como uno de los principales puentes entre ambas sociedades. Durante el encuentro de junio entre Sheinbaum y Felipe VI, la Presidencia mexicana informó que ambos países acordaron impulsar exposiciones y actividades culturales en España dedicadas tanto a las culturas originarias mexicanas como al exilio español en México.
Ese último elemento tiene una carga histórica especial. Albares realizó durante su visita una ofrenda floral ante la tumba de Lázaro Cárdenas, el presidente mexicano que recibió a miles de republicanos españoles que abandonaron su país después de la Guerra Civil.
El gesto funcionó como recordatorio de una relación histórica que también incluye episodios de solidaridad y cooperación. Para la diplomacia española, la memoria del exilio constituye además uno de los elementos centrales de la aplicación en México de la Ley de Memoria Democrática.
La invitación de Felipe VI y la Cumbre Iberoamericana
Otro de los asuntos relevantes de la visita fue la invitación que Albares entregó personalmente a Sheinbaum para asistir a la Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar en Madrid en noviembre.
La participación mexicana tendría un significado político adicional después de los años de distanciamiento. La Cumbre reúne a los países iberoamericanos y constituye uno de los principales espacios multilaterales en los que España y México pueden coordinar posiciones sobre asuntos regionales y globales.
La invitación también confirma que el restablecimiento del diálogo bilateral se está trasladando a otros ámbitos de la relación iberoamericana. España busca que la reunión de Madrid sirva para fortalecer una comunidad política y cultural que atraviesa actualmente importantes transformaciones.
Un acercamiento todavía en construcción
Aunque los gestos recientes apuntan hacia una relación más fluida, el acercamiento no significa que hayan desaparecido todas las diferencias entre ambos gobiernos. La cuestión histórica de la conquista permanece como un asunto sensible en el discurso político mexicano, mientras que España ha evitado convertir la relación bilateral en una discusión permanente sobre responsabilidades históricas.
La diferencia de enfoques se ha gestionado mediante una fórmula que privilegia el diálogo y la cooperación. En lugar de buscar una resolución inmediata de todas las controversias, ambos gobiernos han optado por ampliar los espacios de contacto y recuperar una agenda común.
El encuentro entre Sheinbaum y Felipe VI en junio reforzó esa estrategia. La Presidencia mexicana calificó entonces la visita del monarca como parte de una nueva etapa de diálogo y respeto, al tiempo que destacó que en 2027 ambos países conmemorarán medio siglo del restablecimiento de sus relaciones diplomáticas.
Ese aniversario ofrece una oportunidad para profundizar el acercamiento. México y España llegan a esa fecha con una relación que conserva una enorme densidad histórica, cultural, económica y humana, pero que también ha demostrado ser vulnerable a los desacuerdos políticos.
El reto ahora será convertir los gestos diplomáticos de los últimos meses en mecanismos permanentes de cooperación. La firma de la Comisión Binacional, los encuentros entre sus principales autoridades y la agenda cultural muestran que el diálogo está nuevamente activo.
Después de varios años de desencuentros, Madrid y Ciudad de México parecen haber optado por mirar hacia adelante sin borrar las diferencias del pasado. Esa combinación —memoria histórica, intereses compartidos y pragmatismo diplomático— será la base sobre la que ambos países intentarán construir la nueva etapa de su relación.


