Este 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para reconocer su contribución a la producción agrícola, la seguridad alimentaria y la conservación de los recursos naturales. Sin embargo, millones de campesinas continúan enfrentando obstáculos para acceder a la propiedad de la tierra, los créditos, la tecnología y los mercados. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que estas desigualdades limitan sus oportunidades económicas y dificultan la construcción de sistemas alimentarios sostenibles y resilientes frente al cambio climático.

Una conmemoración para reconocer el trabajo de las mujeres rurales

Cada 15 de octubre, la comunidad internacional reconoce el papel de las mujeres que viven y trabajan en las zonas rurales. Su contribución abarca mucho más que las labores agrícolas: participan en la producción y distribución de alimentos, la administración de recursos naturales, la transmisión de conocimientos tradicionales y el cuidado de sus familias y comunidades.

La conmemoración busca visibilizar tanto su aportación al desarrollo rural como las desigualdades que persisten en el acceso a recursos productivos, servicios públicos y espacios de decisión. Aunque las mujeres participan de manera importante en los sistemas agroalimentarios, sus condiciones laborales y oportunidades económicas siguen siendo desiguales respecto a las de los hombres.

La ONU destaca que las mujeres rurales también enfrentan mayores obstáculos para acceder a educación, atención sanitaria, agua potable e infraestructura básica. A estas dificultades se suman las responsabilidades domésticas y de cuidados no remunerados, que pueden reducir el tiempo disponible para desarrollar actividades productivas o participar en organizaciones comunitarias.

La propiedad de la tierra, una brecha estructural

Uno de los principales desafíos para alcanzar la igualdad en el campo es la desigualdad en los derechos de propiedad y tenencia de la tierra. Contar con derechos seguros sobre una parcela permite a las agricultoras planificar sus cultivos, invertir en mejoras productivas y disponer de un respaldo para solicitar financiamiento.

El indicador 5.a.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desarrollado con información de la FAO, mide tanto la proporción de personas con derechos de propiedad o tenencia segura sobre tierras agrícolas como la participación de las mujeres entre quienes poseen esos derechos.

Los datos recopilados en 78 países muestran que las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de ser propietarias de tierras agrícolas en la mayoría de los países analizados. En casi el 90 % de ellos, menos de la mitad de las mujeres cuenta con derechos seguros sobre la tierra, mientras que los hombres suelen tener al menos el doble de probabilidades de ser propietarios.

Estas diferencias no solo representan una desigualdad patrimonial. También pueden limitar la capacidad de las mujeres para acceder a créditos, adquirir maquinaria, invertir en sistemas de riego o ampliar sus actividades agrícolas.

Créditos, tecnología y acceso a los mercados

Las barreras económicas que enfrentan las mujeres rurales van más allá de la titularidad agraria. La falta de garantías patrimoniales, las dificultades para acceder a servicios financieros y las limitaciones en la capacitación pueden impedir que sus proyectos productivos alcancen mayor escala.

La ONU señala que las agricultoras suelen tener menos oportunidades para acceder a insumos agrícolas, mercados y cadenas agroalimentarias de mayor valor. También pueden recibir precios más bajos por sus cosechas, lo que reduce sus ingresos pese al trabajo que realizan.

Reducir estas brechas requiere políticas públicas que faciliten el acceso equitativo a créditos, asistencia técnica, infraestructura, capacitación y canales de comercialización. También resulta fundamental garantizar que las mujeres participen en las decisiones relacionadas con la distribución de recursos y el desarrollo de sus comunidades.

Las guardianas de las semillas y la biodiversidad

En numerosas comunidades rurales, las mujeres desempeñan un papel importante en la selección, conservación e intercambio de semillas nativas. Estos conocimientos, transmitidos entre generaciones, contribuyen a preservar variedades agrícolas adaptadas a las condiciones ambientales de cada región.

La conservación de semillas locales puede ayudar a mantener la diversidad genética de los cultivos y ampliar las opciones disponibles para enfrentar sequías, temperaturas extremas, plagas y otras amenazas. Su importancia también está relacionada con las tradiciones alimentarias y la autonomía de las comunidades para decidir qué producir y consumir.

Sin embargo, la protección de estos conocimientos necesita acompañarse de derechos sobre la tierra, acceso al agua y recursos económicos. Reconocer la experiencia de las mujeres campesinas sin garantizarles oportunidades para intervenir en las decisiones agrícolas y ambientales resulta insuficiente para fortalecer su autonomía.

Cambio climático y seguridad alimentaria

El cambio climático añade presión a las actividades agrícolas mediante sequías prolongadas, lluvias intensas, inundaciones y episodios de calor extremo. Estos fenómenos pueden reducir las cosechas, afectar la disponibilidad de agua y aumentar los costos de producción.

Las mujeres rurales pueden experimentar consecuencias especialmente graves cuando dependen de la agricultura para obtener ingresos y, al mismo tiempo, disponen de menos recursos para adaptarse a las alteraciones ambientales. La falta de acceso a tecnologías, financiamiento y sistemas de riego puede limitar su capacidad para proteger los cultivos y recuperar la producción después de un desastre.

Por ello, fortalecer sus derechos económicos y agrarios también constituye una estrategia para mejorar la resiliencia de los sistemas alimentarios. La participación de las mujeres en la gestión del agua, la conservación de suelos y la diversificación de cultivos puede contribuir a que las comunidades respondan mejor a las crisis climáticas.

Políticas públicas para un campo más equitativo

La reducción de las desigualdades exige medidas que combinen reformas legales, inversión pública y participación comunitaria. Entre las prioridades se encuentran garantizar la igualdad de derechos sobre la tierra, facilitar el acceso a servicios financieros, ampliar la asistencia técnica y mejorar la infraestructura de las zonas rurales.

También es necesario fortalecer los programas de protección social, promover la participación de las mujeres en las organizaciones agrarias y asegurar que las políticas agrícolas y climáticas consideren sus necesidades específicas. La recopilación de estadísticas desglosadas por sexo permite identificar las brechas y evaluar si las medidas adoptadas producen resultados concretos.

La FAO sostiene que garantizar los derechos de las mujeres sobre la tierra favorece el desarrollo agrícola sostenible y mejora las posibilidades de inversión y acceso al financiamiento. Estas medidas pueden beneficiar no solo a las agricultoras, sino también a sus familias y comunidades.

Una fecha para avanzar de la visibilidad a la igualdad

El Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se celebra este 15 de octubre de 2026, invita a reconocer una contribución esencial para la alimentación, la economía y la conservación ambiental. También recuerda que el desarrollo rural no puede considerarse equitativo mientras persistan barreras que impidan a las mujeres acceder a los recursos que necesitan para prosperar.

Garantizar sus derechos sobre la tierra, facilitar el financiamiento y reconocer sus conocimientos agrícolas son medidas fundamentales para fortalecer la seguridad alimentaria. Frente al cambio climático y la presión sobre los recursos naturales, invertir en las mujeres rurales representa una oportunidad para construir comunidades más sostenibles, productivas y resilientes.