El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió a los Gobiernos, las empresas y la sociedad civil intensificar las medidas para frenar la pérdida de biodiversidad. Durante la Cumbre de Líderes sobre Biodiversidad celebrada en Ereván, Armenia, advirtió que el mundo avanza con demasiada lentitud hacia la meta de proteger el 30% de las tierras y los mares para 2030, mientras miles de millones de dólares continúan financiando actividades perjudiciales para los ecosistemas.
La protección de la naturaleza enfrenta una brecha creciente entre los compromisos internacionales y los resultados alcanzados. Ese fue el mensaje central de António Guterres el 16 de octubre de 2026, durante una reunión de líderes internacionales previa a la 17.ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17), que se celebrará del 19 al 30 de octubre en Ereván.
El titular de Naciones Unidas recordó que la biodiversidad sostiene procesos esenciales para la vida humana, desde la producción de alimentos hasta el abastecimiento de agua y la calidad del aire. Sin embargo, advirtió que la destrucción de hábitats, la contaminación y el cambio climático continúan debilitando los sistemas naturales.
Más de un millón de especies están amenazadas de extinción, según estimaciones internacionales citadas por la ONU. La pérdida de biodiversidad también repercute en la seguridad alimentaria, la salud pública, las economías y la capacidad de las comunidades para adaptarse a los efectos del cambio climático.
La meta de proteger el 30% del planeta sigue lejos
El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022, estableció una serie de objetivos para detener y revertir la pérdida de naturaleza. Uno de los más conocidos es la meta denominada «30×30», que plantea conservar al menos el 30% de las zonas terrestres y marinas del planeta para el año 2030.
Desde la adopción del marco, se han registrado avances en la designación de áreas protegidas y en la elaboración de estrategias nacionales. De acuerdo con las cifras presentadas en el informe de Naciones Unidas citado por Guterres, se han incorporado a la protección oficial alrededor de 1.3 millones de kilómetros cuadrados de tierra y seis millones de kilómetros cuadrados de océano.
No obstante, las proyecciones basadas en los compromisos actuales apuntan a que para 2030 estaría protegido aproximadamente el 26% de las áreas terrestres y el 12% de las marinas. Estos porcentajes se mantienen por debajo del objetivo acordado por los países.
El informe sobre el estado de la acción en favor de la biodiversidad también advierte que la aplicación de las estrategias nacionales presenta retrasos y que persisten carencias de financiación, conocimientos técnicos, cooperación científica y datos para evaluar los resultados.
Para Guterres, los Gobiernos deben convertir los compromisos internacionales en medidas concretas, con objetivos verificables, presupuestos suficientes y mecanismos de seguimiento que permitan determinar si las políticas están produciendo cambios reales.
Reformar las políticas que perjudican al medioambiente
El secretario general instó a los Gobiernos a revisar las políticas públicas que favorecen actividades destructivas para los ecosistemas y a impulsar alternativas sostenibles. Entre las medidas prioritarias mencionó la economía circular, la reducción de residuos, la agricultura regenerativa y el cumplimiento efectivo de las leyes ambientales.
También destacó la importancia de incorporar la biodiversidad en los presupuestos públicos, la planificación económica y las normas que regulan la actividad productiva. La Declaración de Ereván, adoptada durante la cumbre, busca reforzar el compromiso político para integrar la conservación de la naturaleza en las decisiones de los Estados.
La protección ambiental, sostuvo Guterres, no puede abordarse de manera aislada. La pérdida de ecosistemas está vinculada con el cambio climático, la contaminación, la inseguridad alimentaria y los riesgos sanitarios, por lo que las respuestas deben considerar estas crisis de manera conjunta.
La financiación: una de las principales barreras
Uno de los principales obstáculos para cumplir los objetivos de biodiversidad es la diferencia entre los recursos destinados a conservar la naturaleza y el dinero que fluye hacia actividades que la deterioran.
Según el informe Estado de las Finanzas para la Naturaleza 2026, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, durante 2023 se canalizaron aproximadamente 7.3 billones de dólares hacia actividades con efectos negativos sobre los ecosistemas. En contraste, la financiación destinada a soluciones basadas en la naturaleza fue de unos 220,000 millones de dólares.
Estas cifras muestran un desequilibrio considerable entre los recursos que impulsan la degradación ambiental y los que respaldan la conservación y la restauración. La ONU estima que, por cada dólar invertido en proteger la naturaleza, se destinan alrededor de 30 dólares a actividades perjudiciales para ella.
Guterres pidió eliminar progresivamente los subsidios que incentivan la destrucción ambiental y redirigir esos recursos hacia iniciativas que beneficien tanto a las personas como a los ecosistemas.
El organismo también estima que la inversión anual en soluciones basadas en la naturaleza deberá alcanzar los 571,000 millones de dólares en 2030 para contribuir al cumplimiento de los objetivos mundiales de biodiversidad, clima y restauración de tierras.
Las empresas deben participar en la conservación
Guterres subrayó que la responsabilidad no recae exclusivamente en los Gobiernos. El sector privado también debe contribuir a financiar la protección de la biodiversidad y revisar las consecuencias ambientales de sus operaciones y cadenas de suministro.
Entre las iniciativas mencionadas figura el Fondo de Cali, creado en el marco de los acuerdos internacionales sobre biodiversidad. Este mecanismo busca que las empresas que se benefician de la información digital sobre secuencias genéticas y de otros recursos genéticos contribuyan a la conservación y al uso sostenible de la biodiversidad.
El secretario general también destacó el crecimiento de las energías renovables como parte de la transformación económica necesaria para reducir la presión sobre el medioambiente. Desde 2010, el coste de la energía solar ha disminuido cerca de un 90%, mientras que la inversión mundial en energías limpias se aproxima al doble de la destinada a los combustibles fósiles, según los datos citados en su intervención.
Sin embargo, advirtió que los beneficios de esta transición no se distribuyen de manera equitativa. Muchos países en desarrollo afrontan dificultades para financiar proyectos ambientales debido al endeudamiento, las limitaciones presupuestarias y las condiciones del sistema financiero internacional.
Los pueblos indígenas y las comunidades locales, parte de la solución
El llamado de Naciones Unidas incluyó a jóvenes, mujeres, organizaciones civiles, pueblos indígenas y comunidades locales. Estos grupos desempeñan un papel importante en la conservación de territorios, la protección de especies y la transmisión de conocimientos tradicionales sobre el manejo de los recursos naturales.
Guterres señaló que las comunidades más vulnerables suelen sufrir de manera desproporcionada las consecuencias de la degradación ambiental, aunque con frecuencia son las que menos han contribuido a provocarla. Por ello, pidió que participen en la elaboración de políticas y que tengan acceso a los recursos necesarios para impulsar soluciones en sus territorios.
La participación de estas comunidades será uno de los asuntos relevantes en las discusiones de la COP17, donde los países evaluarán los avances colectivos en la aplicación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
La COP17 busca acelerar los compromisos internacionales
La conferencia sobre biodiversidad reunirá en Armenia a representantes de los Gobiernos, organismos internacionales, científicos y organizaciones de la sociedad civil. Será la primera revisión mundial del avance colectivo en la aplicación del marco adoptado en 2022.
El encuentro deberá servir para identificar los principales obstáculos y reforzar las medidas necesarias para cumplir los objetivos fijados para 2030. Entre los temas centrales figuran la financiación, la restauración de ecosistemas, la ampliación de las áreas protegidas y la integración de la biodiversidad en las políticas económicas.
El mensaje de Guterres fue directo: los compromisos deben traducirse en acciones con resultados medibles. La protección de la naturaleza requiere cambios en la inversión, la producción y el consumo, además de una cooperación internacional capaz de apoyar a los países con menos recursos.
Con la COP17 a punto de comenzar, la ONU busca que los Gobiernos conviertan la conservación de la biodiversidad en una prioridad efectiva. El cumplimiento de las metas para 2030 dependerá de la rapidez con que se adopten medidas concretas y de que los recursos financieros se orienten hacia la protección y recuperación de los ecosistemas.


