El sacerdote colombiano Andrés David Forero comparte cómo el diagnóstico de un linfoma transformó su miedo inicial en una experiencia de fe, acompañamiento y esperanza.
El sacerdote Andrés David Forero recibió a comienzos de este año un diagnóstico de linfoma cuando aún era diácono en Mallorca. La noticia llegó después de semanas de dolor y deterioro físico, en una etapa de su vida marcada por la cercanía de su ordenación presbiteral.
La Diócesis de Mallorca confirmó que Forero culminó su formación en el seminario y recibió la ordenación sacerdotal en marzo de 2026. Aquel paso, que suele vivirse como una celebración esperada durante años, coincidió con un proceso médico exigente y una incertidumbre difícil de eludir.
En su testimonio a EWTN News Español, el joven presbítero reconoce que su primera reacción fue la negación. Después apareció una pregunta que suele acompañar a muchas personas ante un diagnóstico grave: por qué ocurre y qué puede venir después. Con el tiempo, relata, la oración le ayudó a mirar la enfermedad desde otro lugar.
“Dios no me ha prometido no sufrir una enfermedad, sino nada más que su amor”, resume Forero. No plantea el dolor como algo deseable ni pretende suavizar su dureza. Al contrario, habla de miedo, tristeza y fragilidad, pero también de una esperanza que, desde su fe, encuentra sentido en Cristo crucificado.
Durante el tratamiento contó con el respaldo de sus padres, llegados desde Colombia, de seminaristas y de su comunidad parroquial. Ese acompañamiento fue decisivo en los momentos de mayor debilidad. La verdad es que, en situaciones así, la cercanía de otros puede convertirse en un apoyo tan concreto como necesario.
Forero compaginó su atención médica con el ministerio sacerdotal y su labor como subdelegado de Cáritas Diocesana de Mallorca. Su experiencia reforzó su interés por acompañar el sufrimiento humano, especialmente el de personas vulnerables y migrantes que buscan una oportunidad en la isla.
El sacerdote ha seguido con atención la salud del papa León XIV, intervenido el 13 de octubre por un adenocarcinoma pulmonar. Vatican News informó que el Pontífice recibió el alta médica el 17 de octubre, tras permanecer hospitalizado en el Policlínico Gemelli de Roma. Forero asegura que reza por él y ve en su situación una invitación a sostener a quienes atraviesan una enfermedad.
Su relato no ofrece fórmulas sencillas frente al cáncer. Sí deja una convicción íntima: la enfermedad puede cambiar los planes y confrontar con límites profundos, pero no tiene por qué borrar la fe, los vínculos ni la posibilidad de seguir sirviendo a los demás.


