Alemania enfrenta una carrera contra el tiempo para elevar sus reservas de gas antes del invierno, mientras los precios internacionales y la menor rentabilidad del almacenamiento dificultan el proceso, aunque el Gobierno sostiene que por ahora no existe una amenaza inmediata para el suministro.
Alemania llega al final del verano con sus almacenes de gas considerablemente menos llenos que hace un año. El nivel rondaba el 51.5% de la capacidad al 25 de agosto, mientras el país mantiene como referencia un objetivo de alrededor del 70% para comienzos de noviembre.
La situación ha encendido las alertas entre operadores de infraestructura y representantes de la industria. No porque exista actualmente una escasez física de gas, sino porque el margen de seguridad sería mucho menor si el próximo invierno resulta especialmente frío o si coinciden nuevos problemas de suministro internacional.
Sebastian Heinermann, director gerente de la asociación alemana de operadores de almacenamiento INES, advirtió a Euronews Business que, si las inyecciones continúan al ritmo observado, Alemania podría no alcanzar el nivel exigido antes del 1 de noviembre. La advertencia pone el foco en un problema que parece técnico, pero que puede terminar sintiéndose en los hogares y, sobre todo, en las fábricas: cuanto más caro y escaso sea el gas durante los meses fríos, mayor será la presión sobre los costos de producción.
Sin embargo, hay un matiz importante. Reuters informó el 28 de agosto que las inyecciones en los almacenes alemanes habían aumentado recientemente gracias a una mejora en la relación entre los precios de verano e invierno y a una menor competencia asiática por cargamentos de gas natural licuado. El Ministerio de Economía alemán señaló que los almacenes se encontraban entonces en torno al 51.64% de su capacidad y consideró que el mercado estaba funcionando.
Es decir, el panorama no es el de un país a punto de quedarse sin gas. La preocupación está en cuánto costará garantizar el suministro y qué ocurriría si varias circunstancias adversas aparecen al mismo tiempo.
El almacenamiento normalmente funciona con una lógica sencilla: las empresas compran gas cuando resulta más barato durante los meses cálidos, lo guardan y posteriormente lo venden durante el invierno, cuando aumenta la demanda. Este año, sin embargo, esa diferencia de precios se ha reducido o incluso se ha invertido en algunos momentos.
La consecuencia es incómoda. Para los operadores, comprar gas caro ahora para venderlo posteriormente no siempre resulta económicamente atractivo. Uniper, uno de los principales grupos energéticos de Alemania, confirmó que las condiciones del mercado habían frenado las inyecciones adicionales, aunque también destacó que la situación había comenzado a mejorar.
La evolución de los precios internacionales es una de las piezas centrales del problema. Las tensiones geopolíticas y las dificultades para transportar gas desde algunas regiones han elevado la cotización del combustible en Europa. El resultado es que Alemania compite por cargamentos de gas natural licuado en un mercado global donde también participan grandes consumidores asiáticos.
Y aquí aparece la otra preocupación. Alemania posee la mayor capacidad de almacenamiento de gas de Europa, por lo que cualquier retraso importante en su proceso de llenado no afecta únicamente a Berlín. También puede tener consecuencias para el equilibrio energético regional.
El organismo alemán FNB Gas informó en agosto que los niveles de almacenamiento eran históricamente bajos para esta época del año y señaló que las capacidades de importación y transporte hacia los almacenes estaban disponibles. La advertencia, por tanto, no apunta a una falta inmediata de infraestructura, sino al reducido volumen de gas que está entrando en las instalaciones.
El Gobierno alemán intenta evitar que la cifra de almacenamiento se interprete como un indicador aislado. De acuerdo con declaraciones recientes del Ministerio de Economía, la seguridad del suministro depende también de las importaciones disponibles, las terminales de gas natural licuado y la posibilidad de incrementar los flujos procedentes de otros países europeos.
Eso explica por qué Berlín insiste en que no existe actualmente una amenaza de desabasto. El país cuenta con varias vías para conseguir gas, entre ellas los suministros por gasoducto desde Noruega y las importaciones de GNL. Aun así, depender más de esas fuentes durante un invierno difícil podría significar pagar precios considerablemente mayores.
Para la industria, ese escenario es especialmente delicado.
El gas continúa siendo indispensable para numerosos procesos industriales, desde la fabricación de productos químicos hasta actividades relacionadas con la industria farmacéutica, metalúrgica y manufacturera. Una subida abrupta de los precios puede obligar a algunas compañías a reducir su producción o trasladar parte de sus costos al consumidor.
La asociación alemana de ingeniería mecánica VDMA ha advertido precisamente sobre ese riesgo. Su director general, Thilo Brodtmann, señaló en declaraciones citadas por medios alemanes que tanto una escasez física como un fuerte incremento de los precios representarían una amenaza importante para la industria.
El problema se vuelve todavía más evidente si se imagina una combinación extrema: reservas inferiores a las habituales, temperaturas muy bajas durante varias semanas y alguna interrupción adicional de las importaciones. En ese escenario, Alemania tendría que recurrir con mayor intensidad al mercado internacional de GNL, probablemente a precios elevados.
Por ahora, las autoridades consideran que existen suficientes alternativas para afrontar un invierno normal. La propia evolución de las inyecciones durante los últimos días ofrece una señal algo más favorable que la que se observaba a mediados de agosto.
Pero el reloj sigue corriendo. Y es que llenar los almacenes no depende únicamente de que exista gas disponible, sino de que las empresas tengan suficientes incentivos económicos para comprarlo y almacenarlo.
INES ha planteado medidas para reducir los costos asociados al almacenamiento, entre ellas modificaciones en determinados cargos de red y una reducción de trámites burocráticos. Otra posibilidad sería que el Estado ofreciera incentivos económicos para garantizar que determinados volúmenes permanezcan disponibles en caso de una emergencia.
La discusión también apunta hacia el futuro. Alemania prepara una reserva estratégica de gas controlada por el Estado para afrontar interrupciones graves de las importaciones. El proyecto contempla unos 24 teravatios hora, aproximadamente una décima parte de la capacidad nacional de almacenamiento.
El Ministerio de Economía confirmó que esa reserva está concebida para situaciones extraordinarias, como interrupciones repentinas de las importaciones o graves perturbaciones de infraestructura, y no para sustituir el almacenamiento comercial destinado a cubrir la demanda habitual del invierno. La primera carga está prevista para el verano de 2027, por lo que no resolverá las dificultades de la próxima temporada.
La fotografía de Alemania, entonces, es menos dramática que una crisis energética inmediata, pero tampoco permite demasiada tranquilidad. Las reservas están por debajo de los niveles de años anteriores, los precios siguen condicionando las decisiones empresariales y el sistema europeo permanece expuesto a los movimientos del mercado internacional.
La verdadera prueba llegará cuando comiencen las temperaturas bajas. Si el invierno es moderado y las importaciones mantienen un flujo estable, Alemania podría atravesar la temporada sin mayores sobresaltos. Si el frío llega con fuerza y coincide con nuevas perturbaciones internacionales, cada teravatio hora almacenado cobrará un valor mucho mayor.


