Las primeras jornadas de la temporada 2026-27 dejaron una nueva lista de cánticos denunciados por LaLiga, con insultos dirigidos a políticos, clubes, selecciones y hasta referencias a atentados, un fenómeno que las autoridades deportivas consideran sancionable.
El fútbol español volvió a quedar bajo la lupa por una razón que poco tiene que ver con lo que ocurre sobre el terreno de juego. Después de las primeras jornadas de LaLiga y de Segunda División, varios estadios fueron escenario de cánticos ofensivos contra políticos, equipos, comunidades y la selección española.
LaLiga incluyó estos episodios en los informes que remite semanalmente al Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol y a la Comisión Nacional contra la Violencia. La organización explica que estos reportes forman parte de su estrategia para combatir expresiones que inciten a la violencia, contengan insultos o tengan un componente intolerante.
Y no se trata de una medida nueva. La propia LaLiga ha documentado durante meses episodios similares y sostiene que este tipo de comportamientos están contemplados como conductas prohibidas y susceptibles de sanción tanto en la normativa deportiva como en la legislación española contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
En las primeras jornadas de la nueva temporada, uno de los focos estuvo puesto en las expresiones contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Según los reportes difundidos por LaLiga y recogidos por medios deportivos españoles, el mismo insulto dirigido al mandatario apareció en los estadios Metropolitano, Coliseum y Los Cármenes.
La polémica también alcanzó a la selección española. En el Camp Nou, durante el encuentro entre el Barcelona y el Athletic Club, y posteriormente en El Sadar, durante el duelo entre Osasuna y Levante, fueron denunciados cánticos contra España y el combinado nacional.
En el Metropolitano, además, se registraron expresiones ofensivas contra el Barcelona y Cataluña. La rivalidad deportiva, una de las grandes fuentes de pasión en el fútbol, vuelve así a cruzar una frontera cuando el insulto deja de ser una provocación aislada y se convierte en un comportamiento organizado desde la grada.
El caso más delicado aparece en otros cánticos registrados en el estadio del Espanyol, donde se hicieron referencias a aviones y a un atentado contra el Camp Nou. En El Sadar también se documentaron expresiones con amenazas y alusiones violentas contra Zaragoza.
La dimensión de estos episodios explica por qué LaLiga mantiene un sistema de seguimiento permanente. La organización utiliza su plataforma LALIGAVS para recibir reportes de los aficionados y, además, ha reclamado en distintas ocasiones mayores competencias para combatir la violencia en los estadios.
La experiencia de la temporada anterior muestra que el problema no se limita a un determinado club o a una rivalidad concreta. Los informes oficiales de LaLiga registraron durante 2026 cánticos contra jugadores, árbitros, equipos rivales y grupos de aficionados. En algunos casos incluso aparecieron expresiones que llamaban a agredir o desear la muerte a futbolistas.
Esto también permite poner en perspectiva lo ocurrido al inicio de la campaña 2026-27. No parece tratarse de un fenómeno aislado, sino de una conducta que las instituciones deportivas llevan tiempo intentando contener.
LaLiga insiste en que los cánticos denunciados no representan necesariamente al conjunto de los aficionados presentes en un estadio. En distintos informes ha precisado que algunas expresiones proceden exclusivamente de determinados sectores o grupos de animación, mientras el resto del público mantiene un comportamiento adecuado.
La diferencia es importante. El fútbol necesita rivalidad, pasión y hasta provocación, pero una cosa es la burla propia de un partido y otra muy distinta utilizar un estadio como escenario para insultos discriminatorios, amenazas o referencias a actos violentos.
Ahora serán los organismos competentes los que deberán valorar cada denuncia y determinar, en su caso, las consecuencias disciplinarias. Mientras tanto, la sucesión de incidentes vuelve a plantear una pregunta incómoda para el fútbol español: ¿hasta dónde puede llegar la pasión antes de convertirse en violencia verbal?
La respuesta no depende únicamente de las sanciones. También pasa por la responsabilidad de los clubes, los grupos de animación y los propios aficionados. Como ha señalado LaLiga en sus informes institucionales, la prevención requiere medidas de seguridad, vigilancia y mecanismos para identificar las conductas que cruzan esa línea.
El espectáculo está en el campo. Las gradas, por su parte, también forman parte del fútbol, pero no deberían convertirse en un espacio donde el insulto y la amenaza terminen normalizándose.


