Angela Davis llama a convertir la esperanza en organización desde la UNAM

Ante cientos de asistentes y entre consignas feministas, la filósofa y activista estadounidense pidió en la UNAM mantener la esperanza y convertirla en organización frente a la violencia, el racismo y el avance de posiciones autoritarias.

Angela Davis llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México y encontró un auditorio que difícilmente podía contener todo lo que representaba su visita. Cientos de personas se reunieron para escuchar a una de las figuras más reconocidas del pensamiento antirracista y del feminismo abolicionista, pero también para hacer visibles sus propias luchas.

La filósofa estadounidense participó este miércoles en el diálogo magistral Abolición, feminismo, ¡ahora!, organizado dentro de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios. La acompañaron la académica feminista Gina Dent y la investigadora mexicana Amneris Chaparro Martínez.

El encuentro había sido programado para las 18:00 horas en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. Sin embargo, la respuesta del público superó ampliamente las previsiones. Según informó La Jornada, los 700 lugares de la sala se agotaron desde la tarde y fue necesario habilitar otros espacios para que más asistentes pudieran seguir la conversación.

La presencia de Davis convirtió el acto académico en algo más parecido a una asamblea. Desde antes de comenzar se escucharon consignas relacionadas con los feminicidios, las desapariciones, el aborto, los derechos de las mujeres, Palestina y las condiciones de las personas privadas de la libertad.

En ese ambiente, Davis habló de un concepto que atraviesa buena parte de su trayectoria: la esperanza como una herramienta política. Recordó que comenzó a involucrarse en movimientos sociales desde los 11 años y que durante su juventud observó las consecuencias de la segregación racial en Estados Unidos.

La activista sostuvo que, incluso en los momentos en que parecía imposible imaginar un futuro distinto, los movimientos sociales mantuvieron la capacidad de construir una alternativa. Para Davis, esa experiencia explica una de sus convicciones centrales: la desesperanza no puede convertirse en destino.

“El primer trabajo del activismo radical es generar esperanza”, planteó durante el encuentro. La frase resume buena parte del mensaje que llevó a México: no se trata de esperar pasivamente que las condiciones cambien, sino de organizarse para modificarlas.

El planteamiento adquiere especial relevancia en un momento en el que Davis observa un avance de posiciones que considera antifeministas, antigénero y autoritarias. La Jornada reportó que la activista habló incluso de la existencia en Estados Unidos de elementos que le recuerdan al fascismo de otras épocas y llamó a fortalecer las luchas colectivas frente a ese escenario.

Pero su crítica no se limitó a Estados Unidos. Al referirse a México, Davis cuestionó la persistencia del racismo, el colonialismo y las estructuras económicas que, desde su perspectiva, forman parte de lo que denomina capitalismo racial. También manifestó su preocupación por la violencia contra las mujeres y por las desapariciones que continúan afectando al país.

“Me impresionó mucho la energía” de quienes acudieron al encuentro, explicó Davis, según la cobertura de La Jornada. La activista dijo que esa energía podría aprovecharse para impulsar transformaciones concretas, entre ellas terminar con los feminicidios y avanzar hacia la abolición del capitalismo y del sistema penitenciario.

Ahí apareció uno de los temas centrales de su visita. El libro Abolición, feminismo, ¡ahora!, escrito por Davis, Dent, Erica R. Meiners y Beth E. Richie, cuestiona que la prisión y el castigo penal sean respuestas suficientes frente a la violencia de género.

Gina Dent explicó que el feminismo abolicionista no consiste simplemente en cerrar cárceles. Su propuesta, de acuerdo con la cobertura publicada por La Jornada, plantea construir otras formas de enfrentar la violencia y atender las condiciones sociales que permiten que esa violencia continúe.

En otras palabras, el debate no se reduce a castigar después de que ocurre una agresión. La discusión apunta a qué instituciones, relaciones económicas y estructuras sociales contribuyen a producirla y qué alternativas podrían evitar que vuelva a ocurrir.

La visita de Davis también tuvo un componente político relacionado con Palestina. Al concluir el encuentro, las autoras expresaron su respaldo a la causa palestina y Davis vinculó esa lucha con la capacidad de imaginar una victoria incluso en circunstancias extremadamente adversas.

La jornada, además, estuvo marcada por una protesta estudiantil dentro del propio recinto universitario. De acuerdo con La Jornada y Milenio, un grupo de estudiantes cuestionó actuaciones de la UNAM y lanzó consignas contra la institución. La protesta retrasó el comienzo del diálogo durante varios minutos y posteriormente el evento pudo continuar.

El episodio mostró que la presencia de Davis no era únicamente una actividad cultural de la FILUNI. Su figura también funciona como punto de encuentro para distintas expresiones de inconformidad social. Mujeres, estudiantes, colectivos de derechos humanos y personas vinculadas con otras causas aprovecharon la ocasión para hacerse escuchar.

La UNAM había anunciado previamente la participación de Davis como una de las figuras principales de la edición 2026 de la FILUNI. La propia universidad destacó que su conversación abordaría los planteamientos del feminismo abolicionista y las alternativas comunitarias frente a las violencias estructurales.

La dimensión de la convocatoria confirma, además, que las ideas de Davis siguen encontrando eco entre nuevas generaciones. El Sol de México destacó la gran respuesta del público y el interés que despertó la conversación sobre su trayectoria y su pensamiento.

A sus 82 años, Davis continúa colocando sobre la mesa preguntas incómodas: qué significa luchar contra el racismo, hasta dónde puede llegar un sistema basado en el castigo y cómo construir sociedades menos violentas sin reproducir las mismas estructuras que se pretende combatir.

Su mensaje en México fue, en ese sentido, menos una invitación al optimismo que una defensa de la acción colectiva. La esperanza, según la idea que recorrió el encuentro, no aparece por sí sola ni se conserva intacta en tiempos difíciles. Se construye, se organiza y se pone a prueba en la práctica.

Y quizá ahí reside la fuerza de una frase que, entre consignas feministas y protestas universitarias, terminó convirtiéndose en el hilo conductor de la jornada: la desesperanza no es una opción.