La formación original de Barão Vermelho volvió al escenario principal del Rock in Rio para celebrar más de cuatro décadas de historia, recuperar sus grandes clásicos y rendir un emotivo homenaje a Cazuza.

La lluvia no consiguió apagar la memoria del rock brasileño. Barão Vermelho abrió este domingo las actividades del Palco Mundo del Rock in Rio 2026 y convirtió su presentación en un recorrido por más de cuatro décadas de música, nostalgia y encuentros pendientes.

Con Roberto Frejat, Guto Goffi, Maurício Barros y Dé Palmeira, cuatro de los integrantes de la formación original, la banda regresó al escenario que ocupó por primera vez en 1985. Fernando Magalhães se sumó nuevamente como invitado en la segunda guitarra.

El concierto comenzó bajo una lluvia persistente y ante un público todavía reducido. Sin embargo, poco a poco la Ciudad del Rock fue ganando movimiento. Los asistentes llegaron desde otros escenarios, protegidos con impermeables y capas, hasta convertir el espacio frente al escenario principal en una multitud mucho más numerosa.

La propia organización del Rock in Rio había presentado el encuentro como una celebración de la formación original de la banda. Barão Vermelho, formado en Río de Janeiro en 1981, es considerado una de las agrupaciones fundamentales para entender la evolución del rock brasileño de los años ochenta.

Y es que la historia del grupo está inevitablemente ligada a Cazuza. Agenor de Miranda Araújo Neto, conocido artísticamente como Cazuza, fue el vocalista original y uno de los principales compositores de la banda antes de iniciar una exitosa carrera como solista.

Durante el concierto, su presencia volvió a sentirse a través de imágenes proyectadas en las pantallas gigantes. Frejat interpretó canciones asociadas a aquella primera etapa mientras el público veía aparecer a Cazuza en registros de archivo.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió durante Todo Amor Que Houver Nessa Vida, cuando las imágenes del antiguo vocalista permitieron construir un dueto virtual con Frejat. El recurso, lejos de sentirse como un simple homenaje audiovisual, recordó cuánto de la identidad de Barão Vermelho sigue unido a la voz y a las composiciones de Cazuza.

La prensa brasileña destacó precisamente ese momento como uno de los puntos altos de la presentación. Folha de S.Paulo señaló que el público reaccionó con emoción ante la aparición de Cazuza en el telón, mientras UOL describió el segmento como un tributo a la importancia que tuvo el cantante en la historia del grupo.

El repertorio recuperó varios de los temas que ayudaron a convertir a Barão Vermelho en una referencia del rock brasileño. Sonaron Pro Dia Nascer Feliz, Bete Balanço, Maior Abandonado, Por Você, Todo Amor Que Houver Nessa Vida y Puro Êxtase, entre otros clásicos.

La selección también permitió recorrer las distintas etapas de la banda. Las canciones de la época de Cazuza convivieron con éxitos posteriores, demostrando que la historia de Barão Vermelho no terminó con la salida de su primer vocalista.

El reencuentro tiene además un significado especial porque la banda original volvió a reunirse en marzo de este año para una serie de presentaciones. El concierto del Rock in Rio se convirtió así en uno de los momentos más importantes de ese regreso.

La relación entre Barão Vermelho y el festival tampoco es reciente. La agrupación participó en la primera edición del Rock in Rio, en 1985, cuando compartió escenario con una generación de músicos que ayudó a consolidar al evento como uno de los grandes festivales internacionales de América Latina.

Desde entonces, Barão Vermelho ha regresado en distintas ocasiones. Su presentación de 2026 representa una nueva escala en esa historia y confirma una relación particularmente larga con el festival carioca.

El Rock in Rio 2026 reúne nuevamente a artistas brasileños e internacionales en la Ciudad del Rock, con una programación que incluye a Foo Fighters, Avenged Sevenfold, Calvin Harris, Black Eyed Peas, Elton John, Maroon 5, Twenty One Pilots y otros nombres de distintas generaciones.

La presentación de Barão Vermelho, sin embargo, tuvo un ingrediente que difícilmente puede medirse en términos de producción o espectáculo. La banda puso en escena una parte de la memoria musical de Brasil y demostró que algunas canciones sobreviven porque consiguen acompañar a varias generaciones.

Quizá por eso la lluvia terminó siendo apenas un detalle. Mientras las capas impermeables cubrían al público y el escenario se iluminaba con imágenes de Cazuza, Barão Vermelho convirtió una tarde húmeda en un ejercicio de memoria colectiva.

Más de cuatro décadas después de su nacimiento, la banda regresó al mismo festival donde dejó una de sus primeras grandes huellas. Esta vez, con el peso de la historia sobre los hombros y con la ausencia de Cazuza convertida en presencia a través de sus canciones.

El resultado fue una presentación que no necesitó demasiados artificios para conectar con el público. Bastaron las canciones, cuatro músicos de aquella formación original y el recuerdo de un cantante que murió en 1990, pero cuya voz continúa formando parte esencial del rock brasileño.