La donación de células madre hematopoyéticas puede ser decisiva para pacientes con enfermedades graves de la sangre, pero encontrar una persona compatible depende de una compleja combinación de genética, diversidad poblacional y registros capaces de conectar a donantes y pacientes.
Hay una precisión necesaria antes de hablar de esta conmemoración. El 19 de septiembre de 2026 es el tercer sábado del mes, pero el Día Mundial del Donante de Médula Ósea no se celebra oficialmente ese día. La World Marrow Donor Association establece el 22 de septiembre como la fecha anual para reconocer a los donantes voluntarios de células madre. La diferencia puede parecer menor, aunque resulta importante cuando se busca ofrecer información sanitaria rigurosa.
La fecha sirve, sobre todo, para recordar qué ocurre detrás de una donación que muchas veces comienza con un registro y una muestra biológica. Las células madre hematopoyéticas son capaces de producir los distintos tipos de células sanguíneas. Por esa razón, los trasplantes pueden formar parte del tratamiento de determinados cánceres y enfermedades de la sangre, entre ellas algunas leucemias y linfomas.
Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, antes de decidir un trasplante se consideran factores como el tipo y estado del cáncer, las alternativas terapéuticas disponibles y la posibilidad de encontrar células compatibles. En los trasplantes alogénicos, es decir, aquellos en los que las células proceden de otra persona, la compatibilidad inmunológica ocupa un lugar central.
Ahí entra en escena el sistema HLA, siglas en inglés de Human Leukocyte Antigen. Estos antígenos funcionan, de manera sencilla, como una especie de identificación biológica que ayuda al sistema inmunitario a distinguir las células propias de las ajenas. Cada persona posee una combinación particular. El Instituto Nacional del Cáncer explica que cuanto mayor sea la coincidencia de determinados HLA entre donante y receptor, mayores son las posibilidades de que el organismo acepte las células trasplantadas.
Por eso encontrar un donante no equivale simplemente a localizar a alguien con el mismo grupo sanguíneo. La búsqueda puede compararse con encontrar una llave genética entre millones de posibilidades. La sangre puede proceder de un familiar, de un donante voluntario no emparentado o, en determinadas circunstancias, de una unidad de sangre de cordón umbilical almacenada en un banco especializado.
La sangre de cordón tiene además una característica particular. Las células obtenidas después del nacimiento pueden procesarse, tipificarse y conservarse para una posible utilización futura. El Instituto Nacional del Cáncer señala que los trasplantes con sangre de cordón pueden realizarse con criterios de compatibilidad HLA diferentes de los empleados habitualmente con donantes adultos no emparentados. Esto amplía las posibilidades de búsqueda para determinados pacientes.
La diversidad genética explica por qué los registros necesitan algo más que grandes cantidades de inscritos. Un estudio publicado en Human Immunology en 2025 analizó cerca de 170.000 genotipos de donantes del registro NMDP México y encontró una amplia diversidad de perfiles HLA. Los investigadores señalaron que el 78 % de esos donantes aportaba genotipos observados tres veces o menos dentro del registro analizado, lo que incrementaba su diversidad genética.
El caso latinoamericano también muestra que el acceso al trasplante no es homogéneo. Un estudio publicado en Bone Marrow Transplantation examinó la actividad registrada en 14 países de América Latina durante 2018. Se reportaron 5.642 trasplantes de células hematopoyéticas en 5.445 pacientes. En los trasplantes alogénicos, las leucemias agudas representaron el 60 % de las principales indicaciones, mientras que los linfomas estuvieron entre las enfermedades más frecuentes que llevaron a trasplantes autólogos.
Los registros internacionales intentan precisamente conectar esa necesidad con una población de donantes cada vez más diversa. La World Marrow Donor Association informaba en septiembre de 2026 más de 44,2 millones de registros de donantes y unidades de sangre de cordón, procedentes de 56 países. Sin embargo, el tamaño global de una base de datos no garantiza que exista una coincidencia para cada paciente. La genética vuelve a marcar la diferencia.
En México, esa diversidad también se ha observado en bancos de sangre de cordón. Una investigación sobre unidades almacenadas por el Centro Nacional de la Transfusión Sanguínea identificó variaciones en los perfiles HLA y destacó la importancia de incorporar muestras procedentes de distintas regiones del país. No se trata únicamente de sumar registros, sino de conseguir que la población representada refleje la diversidad genética de quienes podrían necesitar un trasplante.
La verdad es que detrás de cada registro existe una posibilidad que quizá nunca llegue a concretarse para el propio donante. Tal vez nunca reciba una llamada. Tal vez algún día su perfil coincida con el de una persona que jamás conocerá. Pero si esa coincidencia aparece, una decisión tomada tiempo atrás puede convertirse en una oportunidad terapéutica real.
El Día Mundial del Donante de Médula Ósea invita, por ello, a mirar más allá de la conmemoración. Habla de genética, hospitales y registros internacionales, sí, pero también de algo mucho más sencillo: la posibilidad de que una persona desconocida ayude a otra cuando más lo necesita. En medicina, algunas oportunidades dependen precisamente de que alguien haya decidido estar disponible.

