El bloqueo mental también puede vencer a los grandes atletas

Un movimiento practicado miles de veces puede desaparecer de repente cuando el miedo, la presión o una pérdida de confianza hacen que el deportista deje de confiar en su propio cuerpo.

En el deporte de alto rendimiento existen derrotas que aparecen en el marcador y otras que ocurren mucho antes, en silencio, dentro de la cabeza del atleta. Un movimiento que durante años fue natural puede convertirse de pronto en una tarea difícil, casi imposible. El cuerpo sabe qué hacer, pero la mente comienza a cuestionarlo todo.

El voleibolista francés Jean Patry vivió esa experiencia hace una década. Su saque, un gesto que había repetido miles de veces, dejó de salir con normalidad. El problema apareció durante un entrenamiento en Montpellier, en un momento en el que, paradójicamente, no había una competencia importante en juego.

Patry recordó a la AFP que la presencia de un directivo en la sala despertó en él el miedo a equivocarse. Comenzó a pensar demasiado en la ejecución y terminó reteniendo el balón porque quería asegurarse de lanzarlo correctamente. Una duda aparentemente pequeña terminó interfiriendo con una acción que hasta entonces realizaba de manera automática.

La historia resulta especialmente llamativa porque Patry no es un deportista cualquiera. Es doble campeón olímpico y ha representado en numerosas ocasiones a la selección francesa. Su experiencia demuestra que estos episodios no necesariamente aparecen por falta de talento o preparación.

El fenómeno puede adoptar distintas formas. En algunas disciplinas, el atleta pierde la confianza en un movimiento concreto; en otras, puede experimentar dificultades para orientarse en el espacio. Los gimnastas, por ejemplo, dependen de una extraordinaria precisión para saber dónde está su cuerpo durante una rutina que ocurre en cuestión de segundos.

La gimnasta británica Bryony Page ha contado que llegó a sentirse paralizada por el miedo y que fue perdiendo movimientos que antes dominaba. Para recuperarlos tuvo que atravesar un proceso de reaprendizaje.

El caso de Simone Biles durante los Juegos Olímpicos de Tokio, celebrados en 2021, hizo que millones de personas conocieran una situación similar. La estadounidense explicó entonces que había perdido sus referencias durante los saltos, una experiencia particularmente peligrosa en una disciplina donde un pequeño error de orientación puede tener consecuencias graves.

Y es que el problema no siempre aparece después de un fracaso. También puede surgir por miedo a lesionarse, por presión familiar, por la expectativa de un entrenador o por acontecimientos personales que afectan emocionalmente al deportista.

El profesor Denis Hauw, especialista en psicología deportiva de la Universidad de Lausana, ha estudiado durante años estos episodios. En declaraciones recogidas por la AFP, explicó que el fenómeno ya era conocido entre gimnastas de trampolín desde hace décadas y que puede estar relacionado con una pérdida repentina de las referencias necesarias para ejecutar determinados movimientos.

La presión externa tampoco tiene que ser enorme para provocar una reacción. Iman Ndiaye, voleibolista francesa citada por la AFP, describió cómo concentrarse demasiado en detalles pequeños, como la posición de la mano o las sensaciones del cuerpo, puede terminar aumentando todavía más el bloqueo.

En ese momento aparece una paradoja. El deportista intenta controlar mejor su movimiento para evitar el error, pero ese exceso de atención puede terminar dificultando precisamente aquello que quiere proteger.

Los especialistas también han encontrado situaciones relacionadas con las expectativas familiares. Anaelle Malherbe, psicóloga y preparadora mental del Instituto Nacional del Deporte francés, relató a la AFP el caso de un jugador de voleibol que sentía la obligación de superar los logros de su padre, quien también había sido deportista de alto nivel. La presión terminó convirtiéndose en una fuente de estrés y autosabotaje.

Por eso, la recuperación no consiste simplemente en decirle al atleta que vuelva a intentarlo. Malherbe considera necesario conocer la historia personal de cada deportista y comprender qué circunstancias pudieron contribuir al problema.

También puede ser útil entrenar en condiciones menos cómodas. Hauw propone que los deportistas aprendan a ejecutar sus movimientos con ruido, cansancio, distracciones o personas alrededor. La intención es que el cuerpo y la mente no dependan de un escenario perfecto para responder correctamente.

El psicólogo Jean Fournier ha planteado incluso ejercicios destinados a acostumbrar al atleta a convivir con distracciones externas e internas. La lógica es parecida a la de cualquier entrenamiento: cuanto más preparado esté el deportista para enfrentar situaciones inesperadas, menos probable será que una pequeña alteración del entorno lo desestabilice.

Sin embargo, todavía existen muchas preguntas sin respuesta. La propia investigación científica sobre estos episodios continúa siendo limitada y los especialistas siguen estudiando por qué algunos atletas son más vulnerables que otros, qué ocurre exactamente durante el bloqueo y cuáles son los métodos más eficaces para prevenirlo.

Lo que sí parece claro es que hablar de fortaleza mental no debería significar negar la fragilidad. Los atletas también sienten miedo, presión y dudas. Incluso aquellos que han ganado medallas olímpicas pueden atravesar momentos en los que su propio cuerpo parece dejar de responder como antes.

El bloqueo mental es, en ese sentido, un enemigo peculiar. No se puede ver en una cancha ni aparece en las estadísticas, pero puede cambiar por completo una actuación. Superarlo exige paciencia, acompañamiento y, sobre todo, recuperar algo que para cualquier deportista resulta fundamental: la confianza en sí mismo.