Cientos de personas participaron en una nueva movilización contra la inmigración en Portsmouth, mientras una concentración antirracista recorrió la ciudad y la policía desplegó un amplio operativo para impedir nuevos enfrentamientos.
Portsmouth volvió a convertirse este sábado en uno de los principales focos de tensión alrededor del debate migratorio en Reino Unido. Cientos de manifestantes contrarios a la inmigración marcharon por las calles de esta ciudad del sur de Inglaterra bajo una fuerte presencia policial, apenas una semana después de que una protesta anterior terminara en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
La movilización se produjo en un ambiente especialmente sensible después de los disturbios registrados durante el fin de semana anterior, cuando grupos de manifestantes se enfrentaron con la policía tras la llegada de personas que habían cruzado el canal de la Mancha en pequeñas embarcaciones.
Los participantes de la protesta del sábado expresaron su rechazo a la inmigración irregular y exigieron al Gobierno británico medidas más estrictas. Colin O’Malley, uno de los asistentes, dijo a la AFP que su grupo consideraba que la inmigración ilegal estaba fuera de control y manifestó preocupación por la falta de información sobre quienes llegan al país.
La protesta estuvo acompañada por numerosas banderas británicas e inglesas y por consignas contra la llegada de migrantes. Sin embargo, a diferencia de las movilizaciones anteriores, la AFP constató que los participantes no llevaban el rostro cubierto.
La diferencia no fue casual. Las autoridades habían advertido que utilizarían nuevas facultades legales para actuar contra personas que ocultaran su identidad durante las manifestaciones. El diario The Guardian informó que la policía había recibido autorización para aplicar restricciones a los cubrimientos faciales después de los incidentes registrados en Portsmouth y Dover.
Frente a la movilización contra la inmigración también salió a las calles Stand Up Against Racism, organización que convocó una contramanifestación con el mensaje de rechazo a la extrema derecha. Ambos grupos marcharon por zonas próximas del centro de Portsmouth, separados por un amplio dispositivo policial.
La estrategia buscaba evitar que se repitieran las escenas de violencia del fin de semana anterior. La policía estableció un perímetro de seguridad entre las concentraciones y desplegó a cientos de agentes para mantenerlas separadas.
La tensión, sin embargo, no desapareció por completo. Durante la tarde se produjeron nuevos enfrentamientos entre algunos manifestantes y agentes. La Press Association informó que una persona fue detenida por daños a un vehículo policial, mientras que reportes posteriores señalaron que hubo otras detenciones relacionadas con la protesta.
La policía de Hampshire había advertido antes de la marcha que no toleraría actos destinados a generar miedo o violencia. El operativo respondió, en buena medida, a lo ocurrido apenas unos días antes, cuando agentes resultaron heridos y vehículos oficiales sufrieron daños durante los disturbios registrados en la ciudad.
El origen de la tensión se encuentra en la llegada de migrantes a la costa sur de Inglaterra. Reuters informó que alrededor de 140 personas habían llegado previamente en una embarcación procedente de Francia, un episodio que desencadenó protestas y bloqueos en Portsmouth.
El fenómeno también ha despertado preocupación porque Portsmouth no había sido uno de los principales puntos utilizados para este tipo de llegadas. Las autoridades británicas temen que las redes dedicadas al tráfico de personas estén utilizando nuevas rutas en la costa sur, después de que durante años Dover y otros puntos cercanos al canal concentraran buena parte de estos movimientos.
El Gobierno británico ha condenado los episodios de violencia protagonizados por algunos manifestantes. Reuters reportó que autoridades nacionales calificaron de inaceptable el comportamiento de quienes atacaron a la policía y bloquearon vías públicas.
Al mismo tiempo, el debate sobre la inmigración continúa alimentando una creciente actividad de grupos organizados en redes sociales. The Guardian ha documentado el aumento de agrupaciones locales contrarias a la inmigración durante los últimos meses, algunas de ellas vinculadas con movimientos de extrema derecha y con protestas coordinadas en distintas ciudades portuarias.
Uno de los nombres que ha aparecido en relación con las movilizaciones recientes es Daniel Thomas, conocido como Danny Tommo. De acuerdo con reportes de The Guardian, el activista estuvo relacionado con las protestas anteriores en Portsmouth y Dover, aunque afirmó que no participaría personalmente en la manifestación del sábado.
La presencia simultánea de grupos enfrentados coloca a las autoridades ante un desafío complicado. Por un lado, deben garantizar el derecho de manifestación; por otro, tienen que impedir que las concentraciones deriven en agresiones, daños a bienes públicos o enfrentamientos entre grupos rivales.
Las protestas comenzaron a dispersarse alrededor de las tres de la tarde, hora local. La jornada terminó con una presencia policial todavía importante y sin que se repitiera la magnitud de los disturbios registrados una semana antes.
Pero la tensión permanece. Portsmouth se ha convertido en un nuevo escenario de una discusión que atraviesa a Reino Unido y que combina la preocupación por el control de las fronteras, el aumento de la migración irregular, la presión sobre las autoridades locales y el crecimiento de movimientos políticos cada vez más radicalizados.


