El calor estuvo relacionado con un récord estimado de 710.000 muertes en todo el mundo durante 2023, de las cuales aproximadamente el 71 % se atribuye al cambio climático provocado por las actividades humanas. El informe Lancet Countdown 2026 advierte que los riesgos sanitarios se aceleran mientras la respuesta internacional continúa siendo insuficiente, aunque reconoce avances en energía limpia y prevención de enfermedades.
La crisis climática se ha convertido en una amenaza cada vez mayor para la salud pública mundial. Un nuevo informe elaborado por investigadores internacionales y desarrollado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el calor estuvo asociado con 710.000 muertes en 2023, una cifra récord que refleja el impacto de las temperaturas extremas sobre la población.
El documento, correspondiente a la décima edición del informe Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, señala que aproximadamente el 71,5 % de esas muertes puede atribuirse al calentamiento provocado por las actividades humanas. La investigación, liderada por el University College London, reúne el trabajo de 146 especialistas de instituciones de distintos países y analiza 54 indicadores relacionados con los efectos del cambio climático sobre la salud.
De acuerdo con la OMS, los fallecimientos relacionados con el calor aumentaron casi un 36 % durante los años posteriores al Acuerdo de París, en comparación con la década anterior. Los investigadores advierten que los efectos del calentamiento global avanzan con mayor rapidez que las medidas adoptadas para contenerlos, lo que incrementa los riesgos para millones de personas.
El problema no se limita a las olas de calor. Las sequías, los cambios en los patrones de lluvia, la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos y las pérdidas económicas derivadas de las temperaturas extremas también forman parte de un escenario que exige respuestas coordinadas entre los gobiernos y los sistemas sanitarios.
Las temperaturas extremas también afectan la economía
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es el impacto del calor sobre la capacidad de trabajo. Durante 2025, la exposición a las altas temperaturas provocó la pérdida de 573.000 millones de horas laborales potenciales en todo el mundo, lo que representa pérdidas económicas estimadas en 1,07 billones de dólares.
Estas cifras muestran que el calentamiento global no solamente incrementa los riesgos de enfermedad y muerte, sino que también reduce la productividad y afecta los ingresos de millones de trabajadores. Las personas que realizan actividades al aire libre, como quienes trabajan en la agricultura, la construcción y otros sectores expuestos al sol, enfrentan riesgos particulares durante los periodos de calor intenso.
El informe también documenta un deterioro de las condiciones de sequía. Durante 2025, el 51,8 % de la superficie terrestre mundial experimentó al menos un mes de sequía extrema. Según los investigadores, la extensión afectada por este fenómeno ha aumentado a un ritmo superior al 700 % respecto del periodo comprendido entre 2006 y 2015.
La falta prolongada de agua puede comprometer la producción agrícola, reducir la disponibilidad de alimentos y dificultar el acceso al agua potable. Además, cuando las sequías coinciden con temperaturas elevadas, aumentan las presiones sobre las comunidades y los servicios públicos, especialmente en regiones que ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad.
El calentamiento también favorece la transmisión del dengue
Otro de los aspectos examinados es la relación entre el cambio climático y las enfermedades transmitidas por vectores. El aumento de las temperaturas y las modificaciones en los patrones de lluvia pueden generar condiciones ambientales favorables para la reproducción y expansión de mosquitos capaces de transmitir enfermedades.
Según el informe, las condiciones climáticas favorables para la transmisión del dengue mediante el mosquito Aedes albopictus aumentaron aproximadamente un 24 % entre los periodos 1981-1990 y 2016-2025. En el caso del Aedes aegypti, el incremento fue cercano al 7 %.
Estos indicadores no significan que los casos de dengue hayan aumentado en la misma proporción en todos los países. Más bien, reflejan que las condiciones ambientales favorables para la transmisión se han ampliado, lo que puede incrementar los riesgos sanitarios cuando coinciden con la presencia de mosquitos, poblaciones susceptibles y deficiencias en los sistemas de prevención y control.
Por esta razón, los investigadores consideran necesario fortalecer la vigilancia epidemiológica, los sistemas de alerta temprana y las estrategias de prevención. La adaptación de los servicios sanitarios a las nuevas condiciones climáticas resulta especialmente importante para anticipar brotes y proteger a las comunidades expuestas.
La dependencia de los combustibles fósiles mantiene la presión climática
El informe también advierte sobre la persistencia de los planes de expansión de la industria de los combustibles fósiles. De acuerdo con sus estimaciones, las 100 mayores empresas de petróleo y gas proyectan producir en 2040 un volumen de combustibles fósiles un 150 % superior al compatible con una trayectoria que limite el calentamiento global a 1,5 °C.
Este escenario contrasta con los compromisos internacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento de la temperatura media del planeta. La quema de carbón, petróleo y gas constituye una de las principales fuentes de emisiones responsables del calentamiento global, cuyos efectos se manifiestan mediante fenómenos extremos y alteraciones ambientales que afectan la salud humana.
Ante esta situación, los autores del estudio proponen que el cambio climático sea reconocido formalmente como una emergencia sanitaria mundial. La recomendación busca colocar la protección de la salud en el centro de las decisiones sobre reducción de emisiones, adaptación climática y financiamiento internacional.
La discusión cobra relevancia ante la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, conocida como COP31, prevista para celebrarse en Antalya, Turquía. Los especialistas consideran que este encuentro representa una oportunidad para reforzar los compromisos de los países y acelerar las medidas destinadas a reducir los riesgos sanitarios asociados con el calentamiento global.
Las energías limpias comienzan a generar beneficios sanitarios
A pesar de las advertencias, el informe también identifica avances que demuestran que las políticas climáticas pueden producir beneficios directos para la población. En 2025, la inversión mundial en energía limpia alcanzó un récord de 2,1 billones de dólares, una señal del crecimiento de las tecnologías destinadas a reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Asimismo, el empleo en el sector de las energías limpias aumentó un 2,3 % en 2024 y alcanzó casi el doble del empleo directo asociado con los combustibles fósiles, de acuerdo con los datos recopilados por los investigadores.
Otro resultado positivo se relaciona con la calidad del aire. En 70 países donde disminuyó la contaminación atmosférica procedente de combustibles fósiles, se estima que un aire más limpio está evitando alrededor de 323.000 muertes prematuras cada año.
Estos resultados muestran que reducir las emisiones contaminantes no solamente contribuye a mitigar el calentamiento global, sino que también puede mejorar las condiciones de salud de las comunidades. Sin embargo, los autores subrayan que los avances registrados todavía no son suficientes para compensar la magnitud de los riesgos asociados con el cambio climático.
Los sistemas sanitarios necesitan prepararse para los nuevos riesgos
La adaptación de los servicios de salud constituye otra de las prioridades señaladas en la investigación. El informe indica que 56 de los 194 Estados miembros de la OMS cuentan con planes nacionales para adaptar sus servicios sanitarios al cambio climático, frente a solamente 14 países en 2015.
Además, 47 países han completado evaluaciones de vulnerabilidad destinadas a identificar los riesgos climáticos que pueden afectar a sus sistemas de salud. Estas herramientas permiten reconocer las necesidades de infraestructura, personal, vigilancia epidemiológica y respuesta ante emergencias.
Los investigadores también destacan el crecimiento de las leyes nacionales que incorporan referencias conjuntas al cambio climático y la salud. Entre 2000 y 2025, este tipo de disposiciones aumentó aproximadamente 50 veces, aunque su distribución sigue siendo desigual entre países con distintos niveles de desarrollo.
Las naciones con un índice de desarrollo humano muy alto concentraron el 55 % de las disposiciones legislativas identificadas en 2025, mientras que los países con un índice bajo representaron cerca del 2 %. Esta diferencia evidencia la necesidad de ampliar el financiamiento y la asistencia técnica para que las regiones con menos recursos puedan fortalecer sus sistemas sanitarios.
La OMS trabaja en la vigilancia de los riesgos climáticos, el desarrollo de sistemas de alerta temprana, la planificación de medidas de adaptación y la preparación de los servicios sanitarios para responder a emergencias. También coordina la Alianza para la Acción Transformadora sobre Clima y Salud, una iniciativa internacional que promueve sistemas sanitarios resilientes, sostenibles y con menores emisiones de carbono.
Una emergencia que requiere respuestas coordinadas
El informe Lancet Countdown 2026 concluye que los daños a la salud asociados con el cambio climático se están intensificando, mientras que las medidas para reducir las emisiones y proteger a la población avanzan a un ritmo insuficiente.
La evidencia presentada por los investigadores refuerza la necesidad de acelerar la transición energética, ampliar los sistemas de alerta frente a fenómenos extremos y fortalecer la capacidad de respuesta de los servicios sanitarios. También plantea la importancia de garantizar que los recursos destinados a la adaptación lleguen a las comunidades más expuestas.
Las 710.000 muertes estimadas relacionadas con el calor en 2023 representan una advertencia sobre la dimensión humana de la crisis climática. Más allá de los indicadores ambientales y económicos, el desafío consiste en evitar que las temperaturas extremas continúen cobrando vidas y deteriorando las condiciones necesarias para una vida saludable.
De acuerdo con la OMS y los responsables del informe, las decisiones adoptadas en los próximos años serán determinantes para reducir estos riesgos. La inversión en energía limpia, la preparación de los sistemas de salud y la reducción de las emisiones pueden generar beneficios concretos, pero requieren compromisos sostenidos y una cooperación internacional que responda a la velocidad con la que se agravan los impactos del calentamiento global.


