El 5 de septiembre de 1774, delegados de doce de las trece colonias británicas se reunieron en Filadelfia para responder a las medidas impuestas por Londres, en un encuentro que todavía buscaba la reconciliación, pero que terminó creando algunas de las bases políticas e institucionales de la futura independencia estadounidense.

La independencia de Estados Unidos no nació de un día para otro ni comenzó con la Declaración de Independencia de 1776. Dos años antes, en una sala de Filadelfia, representantes de las colonias empezaron a ensayar una forma inédita de actuar en conjunto. El Primer Congreso Continental abrió sus sesiones el 5 de septiembre de 1774 en Carpenters’ Hall, en medio de una creciente disputa con el Parlamento británico.

El detonante inmediato fueron las llamadas Leyes Coercitivas, aprobadas por Gran Bretaña después del Motín del Té de Boston de 1773. Las disposiciones castigaban especialmente a Massachusetts y pretendían reafirmar la autoridad británica. Para los colonos, sin embargo, representaban una amenaza contra derechos que consideraban propios.

De acuerdo con los Archivos Nacionales de Estados Unidos, 56 delegados de doce colonias participaron en el Congreso, mientras Georgia no estuvo representada. Su propósito inicial no era declarar la independencia. Los delegados todavía aspiraban a reparar la relación con la Corona y defendían sus derechos como súbditos británicos. La reunión fue, en ese sentido, más prudente de lo que posteriormente sugeriría la narrativa revolucionaria.

Pero la prudencia no significaba pasividad. El Congreso aprobó el 14 de octubre una Declaración y Resoluciones que enumeraban derechos y reclamaciones coloniales y justificaban la resistencia frente a determinadas políticas británicas. Según la Biblioteca del Congreso, varios de esos principios serían incorporados posteriormente a la Declaración de Independencia y a la Constitución federal.

El paso más concreto llegó con la Asociación Continental, aprobada en octubre. Los delegados acordaron un sistema coordinado de boicot a productos británicos y promovieron la creación de comités locales encargados de vigilar el cumplimiento. Así, una disputa política comenzó a convertirse también en una experiencia práctica de organización intercolonial.

El detalle es importante. Hasta entonces, las colonias tenían instituciones propias y tradiciones políticas diferentes. El Congreso no creó todavía un Estado estadounidense, pero sí ofreció un espacio donde representantes de territorios separados podían discutir intereses comunes y adoptar decisiones colectivas. Esa experiencia resultaría decisiva cuando la confrontación con Gran Bretaña escalara.

Los documentos conservados por la Biblioteca del Congreso muestran además que los debates de aquellos años contribuyeron a desarrollar una concepción política basada en derechos, representación y límites al poder. Thomas Jefferson, por ejemplo, había elaborado en 1774 un texto de instrucciones para los representantes de Virginia en el Congreso que defendía derechos de los colonos y que posteriormente contribuiría al ambiente intelectual del movimiento independentista.

Sin embargo, conviene evitar una interpretación demasiado lineal. El Primer Congreso Continental no fue simplemente el ensayo general de la Declaración de Independencia. Las posiciones eran diversas y todavía existían sectores que buscaban un acuerdo con Londres. El propio Congreso terminó sus trabajos el 26 de octubre de 1774 y convocó una nueva reunión para el año siguiente si las reclamaciones coloniales no eran atendidas.

La respuesta británica y los acontecimientos posteriores hicieron el resto. Antes de que se reuniera el Segundo Congreso Continental, los enfrentamientos de Lexington y Concord, en abril de 1775, transformaron la disputa política en guerra abierta. El nuevo Congreso tendría entonces que asumir responsabilidades mucho mayores, incluida la organización del esfuerzo militar y, finalmente, la ruptura con Gran Bretaña.

El vínculo con el constitucionalismo estadounidense tampoco debe entenderse como una consecuencia automática. La Constitución de 1787 fue producto de otro proceso, posterior y mucho más complejo. No obstante, como explica la sección de Constitution Annotated de Congress.gov, el Primer Congreso formuló principios y prácticas que terminaron influyendo en documentos fundamentales de la nueva república.

Su legado puede apreciarse, sobre todo, en una idea que después adquiriría enorme fuerza en el continente americano: el poder político necesita una justificación y debe estar sujeto a límites. Los colonos comenzaron reclamando derechos dentro del Imperio británico y terminaron construyendo un argumento para gobernarse a sí mismos.

Por eso, recordar aquel 5 de septiembre de 1774 significa mirar más allá de una fecha revolucionaria. En Filadelfia no nació todavía Estados Unidos, pero comenzó a tomar forma algo indispensable para que pudiera existir: la costumbre de deliberar en común, convertir agravios en principios políticos y transformar la resistencia dispersa en una acción organizada. Dos años después, esa experiencia ayudaría a abrir la puerta a la independencia; más tarde, contribuiría al largo experimento constitucional de la nueva república.