La vigilancia epidemiológica en Yucatán muestra que el dengue continúa siendo el principal arbovirus detectado, mientras los estudios realizados en Mérida confirman la presencia de coinfecciones y aportan nuevas evidencias sobre cómo mejorar la detección y el control del mosquito transmisor.
El dengue no ha desaparecido de Yucatán; lo que ha cambiado es la manera de vigilarlo. En los últimos años, investigadores y autoridades sanitarias han combinado diagnóstico de laboratorio, seguimiento de pacientes, monitoreo de mosquitos y nuevas estrategias de control para anticiparse a la transmisión de enfermedades provocadas por Aedes aegypti.
Un estudio publicado recientemente en la revista Journal of Medical Entomology analizó una cohorte pediátrica de 4,461 niños de Mérida seguida durante las temporadas de transmisión de 2021 a 2023. De las 1,902 enfermedades detectadas, 422 fueron confirmadas como infecciones por arbovirus. El dengue representó 297 de esos casos, equivalente al 70.4 por ciento. El resto correspondió principalmente a Zika y, en menor medida, a chikungunya.
El mismo trabajo aporta un dato especialmente relevante para la vigilancia clínica. Entre los casos confirmados se identificaron 15 coinfecciones de dengue y Zika, 10 de dengue y chikungunya, y cinco de Zika y chikungunya. Son cifras procedentes de una cohorte específica y no deben interpretarse como una prevalencia para toda la población de la península, pero sí demuestran que distintos arbovirus pueden circular simultáneamente y que el diagnóstico basado únicamente en los síntomas puede resultar insuficiente.
La dificultad tiene una explicación sencilla. Dengue, Zika y chikungunya comparten manifestaciones como fiebre, dolor de cabeza, malestar y dolores corporales. La investigación realizada en Mérida encontró algunas diferencias clínicas que pueden orientar al personal médico, pero también mostró que existe un amplio terreno común entre estas enfermedades. Por ello, la confirmación mediante pruebas de laboratorio adquiere especial importancia cuando el cuadro clínico no permite distinguir con claridad el agente responsable.
La vigilancia también ha revelado que las cifras oficiales pueden no representar toda la transmisión existente. El estudio encontró que, durante 2023, el proyecto de vigilancia detectó una cantidad considerable de infecciones por Zika que no aparecían de la misma manera en los registros rutinarios. Los autores advierten, sin embargo, que estos resultados corresponden a una población y metodología específicas. No significan que exista actualmente una epidemia de Zika en Yucatán.
El control del mosquito constituye la otra parte de la estrategia. La Secretaría de Salud de Yucatán informó en junio de 2026 que realizó una campaña intensiva de fumigación en los 106 municipios del estado y programó la nebulización de más de 30,000 hectáreas. La dependencia también mantiene acciones para eliminar criaderos y reducir la presencia de mosquitos adultos.
Además, Yucatán está incorporando tecnologías como Wolbachia, una bacteria utilizada en estrategias de control biológico que puede disminuir la capacidad de Aedes aegypti para transmitir determinados virus. La evidencia internacional ha mostrado reducciones importantes de dengue en zonas donde se han liberado mosquitos portadores de cepas específicas de Wolbachia. En Yucatán, los proyectos han incluido también intervenciones educativas para favorecer la participación de las comunidades.
La experiencia de Mérida aporta otro elemento interesante: el control vectorial no depende de una sola herramienta. Un ensayo de fumigación residual intradomiciliaria, desarrollado precisamente para estudiar la prevención de dengue, Zika y chikungunya, fue diseñado para evaluar de manera rigurosa el impacto de una intervención dirigida a las superficies interiores de las viviendas. La investigación forma parte de un esfuerzo más amplio para determinar qué medidas funcionan mejor en condiciones reales.
Según la Secretaría de Salud de Yucatán, la combinación de fumigación, eliminación de criaderos y nuevas tecnologías contribuyó a una reducción de 87.8 por ciento en los casos de dengue reportados por la entidad. Esta cifra corresponde al balance presentado por el Gobierno de Yucatán y debe entenderse dentro del periodo y la metodología utilizados por la autoridad, sin atribuir toda la disminución a una sola intervención.
La lección más importante quizá sea menos espectacular, pero más útil. Frente a enfermedades transmitidas por el mismo mosquito, la prevención no comienza cuando aparece la fiebre. Empieza mucho antes, con vigilancia constante, eliminación de agua acumulada, diagnóstico oportuno y seguimiento de los patrones de transmisión. En una región donde los arbovirus pueden compartir territorio y temporada, conocer qué virus está circulando deja de ser un detalle académico: puede cambiar la manera de atender al paciente y de proteger a toda una comunidad.

