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El chisme digital también controla

By: Equipo Editorial
On: 20 septiembre, 2026
In: Ciencia y tecnología
Tagged: antropología digital, cámaras de eco, chisme digital, comunicacion interpersonal, comunidades digitales, confianza, control social, cultura digital, desinformacion, mensajería instantánea, redes sociales, rumores, sesgo de confirmación, viralidad, WhatsApp

Los grupos de mensajería han convertido el viejo intercambio de rumores en una práctica instantánea y permanente, donde la confianza entre conocidos puede favorecer tanto la cohesión comunitaria como la circulación de información no verificada.

Mucho antes de que existieran los teléfonos inteligentes, las comunidades ya tenían sus propios sistemas para saber qué ocurría, quién había incumplido una norma o qué comportamiento era considerado aceptable. El rumor, el comentario al oído y el chisme cumplían una función que iba más allá del entretenimiento. En determinados contextos, servían para informar, advertir, sancionar y mantener ciertas reglas de convivencia.

La antropóloga Turid Hagene documentó este fenómeno en un estudio sobre San Lorenzo Acopilco, una comunidad originaria de la Ciudad de México. Su investigación, publicada en la revista Nueva Antropología, explica que los chismes y rumores pueden formar parte de densas redes de comunicación y, dependiendo del contexto, ejercer formas de control social informal. El dato resulta especialmente sugerente cuando se observa la vida cotidiana de los actuales grupos de mensajería.

La tecnología ha cambiado la velocidad y el alcance, pero no necesariamente la lógica social. En un grupo familiar, vecinal, escolar o laboral, una persona puede convertirse en fuente de información sin ocupar ninguna posición formal de autoridad. Basta con que sea percibida como alguien cercano o confiable. Un comentario sobre un vecino, una alerta sobre un supuesto peligro o una afirmación acerca de otra persona puede circular en cuestión de segundos y adquirir una apariencia de certeza simplemente porque varios miembros la repiten.

Investigaciones recientes sobre WhatsApp ayudan a entender este mecanismo. Un estudio publicado en New Media & Society por Antonis Kalogeropoulos y Patrícia Rossini, basado en dos encuestas representativas en Brasil, encontró asociaciones entre ciertos tipos de participación en grupos y una mayor exposición, creencia e interacción con información errónea. Los investigadores también observaron que una elevada frecuencia de publicación estaba relacionada con distintos comportamientos vinculados con la desinformación. No significa que todo grupo de WhatsApp sea un foco de rumores, pero sí muestra que la estructura y las dinámicas internas importan.

La confianza ocupa un lugar central. Otra investigación, publicada en el International Journal of Communication a partir de una encuesta a 3.664 usuarios de WhatsApp en tres países, encontró que el tamaño, el tipo y la homogeneidad de los grupos estaban relacionados con la confianza entre sus integrantes y con la manera en que se percibía y corregía la información. En los grupos pequeños y cercanos, la confianza puede facilitar la conversación y también modificar el nivel de vigilancia con que se recibe un mensaje.

Ahí aparece el sesgo de confirmación. La psicología cognitiva lo describe como la tendencia a favorecer información compatible con creencias o actitudes previas. Una investigación publicada en Scientific Reports ha relacionado este fenómeno con la formación de comunidades que comparten narrativas similares y con las llamadas cámaras de eco. La Asociación Estadounidense de Psicología, además, señala que las personas pueden ser más propensas a compartir información falsa cuando coincide con su identidad o sus normas sociales, especialmente si el contenido resulta novedoso o provoca emociones intensas.

En un grupo de mensajería, esa combinación puede producir una dinámica particularmente poderosa. Si alguien recibe un rumor que confirma lo que ya sospechaba, probablemente no necesite demasiadas pruebas para considerarlo plausible. Si, además, el mensaje llega acompañado por la fotografía de un supuesto hecho, un audio aparentemente espontáneo o la advertencia de una persona conocida, la confianza interpersonal puede sustituir momentáneamente a la comprobación.

Pero el chisme digital también puede funcionar en sentido contrario. Los grupos poseen mecanismos propios de corrección. Un integrante puede preguntar por la fuente, aportar una noticia verificable o advertir que una fotografía corresponde a otro lugar y otro momento. Investigaciones sobre las llamadas reglas de grupo han encontrado que establecer normas explícitas contra la desinformación puede estimular conversaciones sobre la calidad de la información y favorecer una mayor vigilancia colectiva.

La paradoja es evidente. El mismo espacio que puede propagar un rumor puede convertirse en un pequeño sistema comunitario de verificación. Todo depende de las relaciones, las normas y los hábitos de quienes lo integran.

Por eso, hablar del chisme digital como simple frivolidad sería quedarse en la superficie. Los grupos de mensajería son espacios donde se negocian reputaciones, confianza, pertenencia y normas sociales. La diferencia es que ahora una conversación que antes podía quedarse en la esquina del barrio puede atravesar una comunidad entera antes de que alguien tenga tiempo de preguntar si realmente ocurrió.

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