El Papa León XIV celebró la Santa Misa este 3 de octubre para el Cuerpo de la Gendarmería Vaticana desde la Gruta de Lourdes, ubicada en los Jardines Vaticanos, con ocasión de la fiesta de San Miguel Arcángel, patrono y protector de este cuerpo.
El Santo Padre destacó la labor de los gendarmes —”una manera de ser obreros en la viña del Señor”— explicando que más allá de estar a cargo del cuidado de lugares, accesos y edificios, están especialmente a cargo del cuidado de las personas.
“Un rasgo que aparece al encontrarlos es precisamente el cuidado: es hermoso ver cómo miran al otro no como un problema por resolver, sino como a una persona a la que respetar y custodiar”, expresó.
Al continuar su homilía, el Pontífice reflexionó sobre la parábola de los viñadores infieles (Mt. 21, 33-43) señalando que, a diferencia de los protagonistas, los gendarmes deben entender que “lo que recibimos es una responsabilidad para custodiar con humildad y dedicación, para vivir con discreción y sentido del deber”.
“Saben bien que la autoridad, a la luz del Evangelio, se expresa ante todo en la capacidad de custodiar, escuchar y acompañar, con equilibrio, firmeza y respeto”, agregó.
Jesucristo se presenta en el centro de la parábola como el hijo del dueño que la viña. Así, León pidió a los gendarmes que en el centro de su vida esté el Señor Jesús.
“Antes de ser gendarmes, son hombres llamados a seguirlo. De Él aprendemos la fuerza que sabe hacerse mansedumbre, la vigilancia que nace de la confianza, la autoridad que camina junto a la humildad y el coraje de intervenir con corazón misericordioso”, dijo.
El gendarme sabe reencontrar la paz en Dios
El Papa León se refirió luego a la segunda lectura (Flp. 4,6), donde San Pablo dice: “No se angustien por nada, sino que en cualquier circunstancia hagan presentes a Dios sus peticiones”.
El Santo Padre, a partir de estas palabras, señaló a los gendarmes que en medio de su labor “habrá jornadas tranquilas y jornadas difíciles”, también momentos donde tendrán que “decidir rápidamente” y otras situaciones “que traerán cansancio y preocupación”.
Sin embargo, les ofreció la solución para sobrellevar estas cargas: “El gendarme no carga todo solo: ora, sabe encomendarse, sabe reencontrar en Dios esa paz que le permite actuar con lucidez y con corazón sereno”.
Un corazón y una mente que estén “educados en el bien”, porque quien custodia a otras personas “debe custodiar primero dentro de sí mismo la verdad, la justicia, la bondad y el respeto. Custodiar a los demás exige un corazón custodiado por el Señor”.
“El trabajo de ustedes les pide ciertamente estar vigilantes, pero la Palabra de hoy los invita a algo aún más profundo: a velar con cuidado también sobre ustedes mismos”, añadió el Papa.
En ese sentido, pidió a la Gendarmería Vaticana “custodiar el corazón”, evitando que se endurezca y permitiendo “que sea siempre dócil a Dios y atento a los demás”. También pidió custodiar la conciencia y la fraternidad, para evitar sentirse solos, porque un grupo solo es “comunidad” cuando “sus miembros se cuidan los unos a los otros y aprenden a caminar juntos, sosteniéndose con sencillez y amor”.
“Concluyo también este año con un pensamiento de afecto y de gratitud para sus familias. A los padres, a las esposas, a los hijos, a las novias: ¡gracias! Ustedes conocen los sacrificios, las ausencias, los horarios, las preocupaciones y también el peso de un servicio que no siempre se ve”, expresó León.
Boletín de prensa

