La Armada Española ha reforzado su respuesta ante la presencia de embarcaciones marroquíes en aguas próximas a Ceuta y Melilla, mediante un protocolo que contempla el despliegue de patrulleros para interceptar o acompañar a los buques cuando sea necesario, sin esperar una nueva orden superior para cada actuación. El cambio se produce después de las incursiones de barcos militares marroquíes registradas a finales de julio y principios de agosto, durante la crisis migratoria en Ceuta.
De la vigilancia a una respuesta más activa
Hasta ahora, el seguimiento de las embarcaciones extranjeras que transitaban por la zona se realizaba principalmente desde el Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM). Según información publicada por Euronews a partir de fuentes militares citadas por el diario El Mundo, el nuevo procedimiento refuerza ese control con la salida de patrulleros españoles al encuentro de los barcos marroquíes cuando las circunstancias lo requieren.
El objetivo es mantener una vigilancia más cercana y responder con mayor rapidez ante movimientos que puedan representar un riesgo para la seguridad marítima o la soberanía española. La actuación dependerá de las características de cada incidente y de la diferencia entre un tránsito permitido por el derecho internacional y una incursión que las autoridades españolas consideren irregular.
El cambio de protocolo se produce en un contexto de tensión diplomática entre Madrid y Rabat, aunque el Gobierno español ha insistido en la importancia de mantener la cooperación bilateral.
Las incursiones registradas durante la crisis de julio
El diario El País informó el 12 de octubre que, durante los días 30 y 31 de julio de 2026, varios buques de la Marina Real de Marruecos, incluida al menos una fragata, entraron en aguas que España considera bajo su soberanía frente a Ceuta. Según fuentes conocedoras de los hechos citadas por el periódico, las embarcaciones realizaron varias maniobras sin solicitar autorización y permanecieron en la zona durante los primeros días de agosto.
El episodio coincidió con una entrada masiva de migrantes desde Marruecos hacia la ciudad autónoma, que desencadenó una crisis humanitaria y diplomática. No obstante, las informaciones publicadas no han demostrado que los movimientos de los buques marroquíes estuvieran coordinados con el cruce de personas por la frontera terrestre.
Ante los incidentes marítimos, España desplegó el Buque de Acción Marítima Rayo y posteriormente movilizó las fragatas Santa María y Navarra para reforzar la vigilancia. De acuerdo con las informaciones disponibles, el despliegue y las gestiones diplomáticas de alto nivel contribuyeron a que cesaran las incursiones.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reconoció públicamente el 12 de octubre que se habían producido entradas de buques marroquíes en aguas españolas y señaló que la situación se resolvió mediante contactos al máximo nivel entre las armadas de ambos países.
Los patrulleros desplegados en Ceuta y Melilla
Entre los medios navales que participan en las labores de vigilancia figura el patrullero Atalaya, perteneciente a la Fuerza de Acción Marítima de la Armada Española. Este buque, con base habitual en Ferrol, tiene una dotación de 48 personas y está destinado a proteger los intereses marítimos nacionales, detectar actividades irregulares y contribuir al cumplimiento de la legislación aplicable en el mar.
En Melilla se encuentra el patrullero Isla de León, de la clase Toralla, cuya base está en Ceuta. Según la ficha técnica publicada por la Armada, cuenta con una dotación de diez personas y una ametralladora de 12,7 milímetros, además de armamento portátil y sistemas de vigilancia y navegación.
Estos medios permiten realizar tareas de observación, identificación y acompañamiento de embarcaciones. Su presencia también tiene una función disuasoria, especialmente en una zona donde las diferencias entre España y Marruecos sobre la soberanía de Ceuta y Melilla complican la interpretación de determinados movimientos navales.
Qué significa el paso inocente en el derecho marítimo
El llamado paso inocente es una figura regulada por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. En términos generales, permite que los buques extranjeros atraviesen el mar territorial de otro Estado siempre que el tránsito sea continuo y rápido y no perjudique la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño.
Por tanto, la presencia de un barco extranjero en aguas territoriales no constituye automáticamente una infracción. La evaluación depende de las circunstancias del tránsito, de la conducta de la embarcación y de las normas aplicables. Las actividades que puedan comprometer la seguridad del Estado costero no quedan amparadas por el carácter inocente del paso.
La situación de Ceuta y Melilla presenta una particularidad adicional: España considera que ambas ciudades cuentan con aguas territoriales propias, mientras que Marruecos no reconoce la soberanía española sobre esos territorios ni, en consecuencia, la delimitación marítima que España sostiene.
Esta discrepancia ha provocado fricciones en el pasado, especialmente cuando embarcaciones marroquíes han entrado en la zona durante operaciones de vigilancia o persecución. Las incursiones de buques militares registradas este verano elevaron la tensión por la naturaleza de las embarcaciones implicadas y por el riesgo de incidentes entre las dos armadas.
Vigilancia reforzada y cautela diplomática
La nueva pauta de actuación busca aumentar la capacidad de respuesta española sin convertir cada tránsito marítimo en un enfrentamiento diplomático. El acompañamiento de los buques permite identificar sus movimientos y actuar si las autoridades consideran que se está produciendo una vulneración de las aguas bajo soberanía española.
La actividad de las embarcaciones marroquíes ha disminuido desde los incidentes de julio y agosto. Según la información publicada por Euronews, no se registraron nuevos episodios de paso inocente durante la visita de los Reyes de España a Ceuta y Melilla ni en los días inmediatamente posteriores.
La evolución de la situación dependerá de la aplicación del nuevo protocolo, de la coordinación entre las autoridades españolas y de la relación diplomática con Marruecos. El desafío consiste en proteger los intereses marítimos de España y prevenir nuevas incursiones, sin agravar innecesariamente las tensiones con un país clave para la cooperación regional y la gestión de los flujos migratorios.


