Dinamarca y Groenlandia respaldaron un acuerdo de seguridad anunciado por Donald Trump, pero sus términos todavía no son públicos y el pacto deberá ser firmado y someterse a los procedimientos parlamentarios correspondientes antes de entrar en vigor.
El anuncio marca un nuevo capítulo en la relación entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia. Después de meses de tensión provocados por las declaraciones de Donald Trump sobre la importancia estratégica de controlar la isla, los tres gobiernos informaron que han alcanzado un entendimiento para reforzar la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte.
La primera precisión resulta fundamental. Aunque Trump presentó el acuerdo como un mecanismo que otorgaría a Washington un «control permanente» de la seguridad de Groenlandia, las autoridades danesas y groenlandesas han subrayado que la soberanía del Reino de Dinamarca y el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación permanecen intactos. El Gobierno danés informó que el documento está previsto para ser firmado durante la próxima Asamblea General de Naciones Unidas y que posteriormente deberá cumplir los procedimientos parlamentarios nacionales necesarios.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, describió el futuro pacto como un acuerdo que reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino, además de la autodeterminación de los groenlandeses. Jens-Frederik Nielsen, primer ministro de Groenlandia, también sostuvo que el entendimiento contribuirá a reforzar la seguridad del territorio.
El contraste con la formulación utilizada por Trump es evidente. El presidente estadounidense ha presentado el acuerdo como una garantía de que Washington tendrá capacidad permanente para actuar en materia de seguridad y para impedir que adversarios de Estados Unidos establezcan bases militares o realicen determinadas inversiones consideradas sensibles. Reuters informó que los detalles concretos sobre el alcance de esa autoridad todavía no han sido divulgados públicamente.
El asunto tiene una dimensión estratégica que va mucho más allá de la relación bilateral. Groenlandia se encuentra entre América del Norte y Europa, en una posición privilegiada para vigilar las rutas del Atlántico Norte y las actividades militares en el Ártico. La creciente importancia geopolítica de la región ha convertido a la isla en un punto de interés para Estados Unidos, Rusia, China y los países europeos.
Estados Unidos ya mantiene presencia militar en Groenlandia. El antecedente jurídico se remonta al acuerdo de defensa firmado con Dinamarca en 1951. Naciones Unidas registra ese tratado como un acuerdo bilateral relacionado con la defensa de Groenlandia dentro del marco de la OTAN. En 2004, Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos firmaron en Igaliku un acuerdo que modificó y complementó el instrumento de 1951 y estableció mecanismos de cooperación relacionados con la presencia militar estadounidense.
El nuevo pacto, por tanto, no parte de cero. Reuters ha señalado que amplía y actualiza un marco de cooperación militar existente, aunque todavía existen interrogantes sobre el alcance de la presencia estadounidense que podría desarrollarse en los próximos años. La cuestión adquiere especial relevancia porque Washington ya opera la base espacial de Pituffik, anteriormente conocida como Base Aérea de Thule.
Otro de los objetivos anunciados consiste en limitar la posibilidad de que países considerados adversarios de Estados Unidos establezcan instalaciones militares o realicen inversiones sensibles en Groenlandia. La referencia alcanza principalmente a Rusia y China, en un momento en que el Ártico se ha convertido en escenario de una competencia creciente por rutas marítimas, recursos naturales e infraestructura estratégica.
La negociación también tiene un trasfondo político. Durante meses, Trump había planteado públicamente que Estados Unidos necesitaba adquirir o controlar Groenlandia por razones de seguridad nacional. Sus declaraciones generaron preocupación en Dinamarca y entre otros miembros de la OTAN. El nuevo entendimiento representa un cambio de escenario: en lugar de discutir una transferencia territorial, las conversaciones se han concentrado en ampliar la cooperación estadounidense en materia de defensa.
Eso no significa que todas las cuestiones estén resueltas. El contenido definitivo del acuerdo todavía debe conocerse y las autoridades de Dinamarca y Groenlandia deberán completar los procedimientos correspondientes. Tampoco está claro hasta dónde llegará la futura presencia militar estadounidense ni qué mecanismos concretos regularán cuestiones relacionadas con inversiones y seguridad.
La importancia del anuncio está precisamente en esa combinación de avances y preguntas pendientes. Para Washington, Groenlandia representa una pieza estratégica del sistema de seguridad del Ártico. Para Dinamarca y el Gobierno groenlandés, el desafío consiste en reforzar la defensa regional sin alterar la soberanía ni el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro.
El próximo paso será la firma prevista durante la Asamblea General de la ONU. Hasta entonces, el acuerdo debe entenderse como un entendimiento anunciado y no como un tratado plenamente vigente. La diferencia es jurídica, pero también política: en Groenlandia, una de las zonas más estratégicas del planeta, cada palabra sobre seguridad, soberanía y presencia militar tiene consecuencias que van mucho más allá de un comunicado.

