El secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a los gobiernos a reconocer la relación entre el descontento social, el encarecimiento de los productos básicos y la expansión de los conflictos armados. Advirtió que la guerra agrava las desigualdades al elevar los precios, alterar las cadenas de suministro y reducir los recursos disponibles para salud y educación, mientras millones de personas enfrentan mayores dificultades para cubrir sus necesidades esenciales.
Nueva York, Estados Unidos, 22 de octubre de 2026. El aumento del costo de vida, la desigualdad económica y la prolongación de los conflictos armados están generando presiones sociales que trascienden las fronteras nacionales. Así lo advirtió António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, quien pidió a la comunidad internacional analizar las conexiones entre las protestas callejeras, la inestabilidad política y las crisis que afectan a distintas regiones del mundo.
Durante una comparecencia ante periodistas en Nueva York, antes de viajar a Egipto, el titular de la ONU señaló que el encarecimiento de los alimentos, los combustibles y otros productos esenciales está profundizando el malestar de la población. A ello se suman las tasas de interés elevadas, que dificultan tanto el financiamiento de los hogares como el de los gobiernos.
Guterres también advirtió que las perspectivas de futuro para los jóvenes se están deteriorando en un contexto de oportunidades limitadas, mayores dificultades económicas y creciente incertidumbre. Desde su perspectiva, estas condiciones no pueden analizarse de manera aislada, pues forman parte de una dinámica internacional en la que las crisis económicas, sociales y militares se refuerzan entre sí.
La advertencia del secretario general apunta a una cuestión fundamental: cuando las familias deben destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a comprar alimentos, pagar la vivienda o trasladarse al trabajo, disminuye su capacidad para afrontar otras necesidades. Esa presión puede alimentar el descontento, especialmente cuando las personas consideran que las instituciones no responden a sus demandas.
Las protestas reflejan problemas que van más allá de las calles
Al referirse a las manifestaciones registradas en Francia, Italia y otros lugares, Guterres condenó los actos de violencia y destrucción, y sostuvo que quienes cometan delitos deben responder ante la justicia. Sin embargo, también pidió distinguir entre esas conductas y las reivindicaciones legítimas de quienes protestan pacíficamente.
El secretario general planteó que la respuesta institucional no debe limitarse a contener las movilizaciones, sino que debe considerar las causas económicas y sociales que contribuyen al malestar ciudadano. Ignorar las demandas relacionadas con el empleo, el poder adquisitivo y el acceso a servicios esenciales puede profundizar la distancia entre la población y las instituciones públicas.
En este sentido, su llamado a «unir los puntos» busca establecer una conexión entre las dificultades cotidianas de los ciudadanos y las transformaciones que ocurren en el escenario internacional. Las protestas pueden tener causas locales específicas, pero también desarrollarse en un entorno condicionado por la inflación, los conflictos armados y las alteraciones del comercio mundial.
La desigualdad, además, no se manifiesta únicamente en la diferencia de ingresos. También se expresa en la capacidad de las personas y los países para responder a una crisis. Mientras algunos hogares disponen de ahorros para enfrentar un aumento de precios, otros deben reducir el consumo de alimentos o prescindir de servicios indispensables.
Las guerras también repercuten en la economía mundial
Guterres advirtió que los conflictos contemporáneos no permanecen confinados a los territorios donde se desarrollan los combates. Sus consecuencias se extienden mediante los mercados energéticos, el transporte marítimo, las cadenas de suministro y los sistemas financieros.
El secretario general mencionó las guerras y crisis que afectan a Oriente Medio, Ucrania y Sudán, donde la población civil ha sufrido desplazamientos, destrucción de infraestructura y graves dificultades para acceder a servicios básicos.
Los daños a viviendas, hospitales, escuelas, aeropuertos e instalaciones energéticas no solo afectan a las comunidades directamente involucradas. También pueden interrumpir la producción y distribución de bienes, encarecer el transporte y generar incertidumbre en los mercados internacionales.
Cuando una ruta comercial estratégica queda interrumpida o una región productora de energía experimenta una escalada militar, las repercusiones pueden trasladarse a países que no participan directamente en el conflicto. Los incrementos en los costos del petróleo, el gas, los fertilizantes y los alimentos terminan repercutiendo en empresas, gobiernos y consumidores.
Esta relación entre guerra y economía adquiere especial importancia para los países con menos recursos financieros, que suelen disponer de un margen limitado para subsidiar productos esenciales o proteger a los sectores más vulnerables.
La deuda reduce la capacidad de respuesta de los países más vulnerables
El titular de la ONU sostuvo que los efectos económicos de los conflictos recaen de manera desproporcionada sobre quienes tienen menos capacidad para absorberlos. Mientras algunas economías pueden acceder a financiamiento en condiciones relativamente favorables, otras enfrentan elevados costos de endeudamiento y deben destinar una parte considerable de sus ingresos al pago de sus obligaciones financieras.
Esta situación obliga a los gobiernos a tomar decisiones difíciles entre atender el servicio de la deuda y financiar áreas fundamentales como la salud, la educación, la infraestructura y la protección social.
El problema se agrava cuando los recursos públicos disminuyen precisamente en el momento en que aumenta la necesidad de ayuda. Las familias con menores ingresos suelen ser las primeras en resentir el encarecimiento de los productos básicos, debido a que destinan una proporción importante de su presupuesto a cubrir necesidades inmediatas.
Guterres señaló que las guerras no originan todas las desigualdades existentes, pero sí contribuyen a profundizarlas y aprovecharlas. En su análisis, las crisis internacionales ponen en evidencia las limitaciones de un sistema económico en el que quienes tienen menos recursos terminan soportando una parte desproporcionada de las consecuencias.
En septiembre de 2026, durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, Guterres ya había identificado la guerra, la desigualdad, el cambio climático y la inteligencia artificial como cuatro grandes desafíos que condicionan el futuro de la cooperación internacional. Según información publicada por Naciones Unidas, insistió entonces en la necesidad de fortalecer el multilateralismo y adaptar las instituciones internacionales a las transformaciones del poder mundial.
Oriente Medio continúa bajo una fuerte presión humanitaria
Durante su comparecencia, Guterres expresó preocupación por la situación en Yemen, particularmente por la escalada de violencia en torno a Taiz y los ataques contra objetivos civiles en Arabia Saudita que atribuyó a los hutíes. Advirtió que la confrontación aumenta el sufrimiento de la población, agrava las tensiones regionales y amplía las necesidades humanitarias.
Ante este escenario, pidió moderación a las partes involucradas y defendió la necesidad de impulsar el diálogo político para evitar una mayor expansión de las hostilidades.
Respecto del Territorio Palestino Ocupado, denunció las restricciones que, según señaló, continúan afectando la entrada de ayuda esencial a Gaza en vísperas del invierno. También expresó preocupación por las dificultades para implementar el plan internacional destinado a poner fin al conflicto y por los ataques de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania ocupada.
La situación humanitaria resulta especialmente preocupante cuando las restricciones de acceso, la destrucción de infraestructura y la inseguridad dificultan la distribución de alimentos, agua, medicamentos y otros suministros indispensables.
Guterres hizo un llamado a los donantes internacionales para que incrementen sus aportaciones al Programa Mundial de Alimentos. Según las cifras presentadas durante su intervención, el organismo necesita 450 millones de dólares para mantener sus operaciones en Gaza y Cisjordania durante los seis meses siguientes.
Asimismo, reiteró que una solución duradera requiere avanzar hacia la convivencia de dos Estados, Israel y Palestina, mediante una salida política que garantice los derechos, la seguridad y la dignidad de ambas poblaciones.
La ayuda humanitaria necesita recursos suficientes
La petición de fondos para el Programa Mundial de Alimentos refleja uno de los principales problemas de las operaciones humanitarias: la distancia entre las necesidades de las comunidades afectadas y los recursos disponibles para atenderlas.
Cuando la financiación resulta insuficiente, las organizaciones humanitarias pueden verse obligadas a reducir las raciones, limitar la cobertura de sus programas o concentrar la asistencia en los grupos que enfrentan las condiciones más graves.
La ONU ha advertido reiteradamente que la inseguridad alimentaria, los desplazamientos forzados y la destrucción de infraestructura pueden prolongar las consecuencias de una guerra mucho después de que disminuyan los combates. Por ello, la protección de los civiles y el acceso seguro de la ayuda humanitaria son elementos indispensables para reducir el sufrimiento y facilitar la recuperación de las comunidades.
En el caso de Gaza y Cisjordania, la disponibilidad de recursos debe acompañarse de condiciones que permitan la entrada y distribución efectiva de los suministros. Sin acceso humanitario suficiente, incluso los fondos comprometidos pueden resultar insuficientes para cubrir las necesidades de la población.
Seguridad y dignidad como objetivos de la cooperación internacional
Guterres sostuvo que la respuesta a las crisis actuales no puede consistir en ampliar los ciclos de confrontación. En cambio, pidió detener la expansión de las guerras, proteger a la población civil y recuperar espacios para la diplomacia.
Su planteamiento también incluye atender las desigualdades que dificultan la estabilidad social. La cooperación internacional, desde esta perspectiva, debe contribuir no solo a resolver emergencias inmediatas, sino también a fortalecer las condiciones económicas e institucionales que permitan a las comunidades afrontar futuras crisis.
La advertencia del secretario general coincide con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que vincula la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, el acceso a servicios esenciales y la construcción de sociedades pacíficas.
En última instancia, el mensaje de Guterres plantea que la estabilidad internacional no depende exclusivamente de los acuerdos diplomáticos o de la capacidad militar de los Estados. También está relacionada con las condiciones de vida de la población, la distribución de las oportunidades y la confianza en las instituciones.
El desafío para los gobiernos consiste en responder a las demandas sociales sin permitir que la violencia se convierta en una forma de resolución de los conflictos, al tiempo que trabajan para reducir las desigualdades y fortalecer los servicios públicos. Para la comunidad internacional, la tarea incluye contener las guerras, garantizar la ayuda humanitaria y evitar que las consecuencias económicas de las crisis recaigan sistemáticamente sobre quienes tienen menos recursos.


