Seis federaciones nórdicas declararon que han perdido la confianza en Gianni Infantino y respaldaron una investigación independiente sobre la gestión de FIFA, mientras el Mundial Femenino Sub20 está a punto de comenzar en Polonia.

La crisis de gobernanza que sacude a la FIFA ha encontrado un nuevo frente de oposición. Este domingo, las federaciones de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia y las Islas Feroe declararon conjuntamente que han perdido la confianza en el presidente Gianni Infantino y reclamaron cambios profundos en la manera en que se toman las decisiones dentro del organismo rector del fútbol mundial.

El pronunciamiento llega apenas unos días antes de que Polonia reciba la Copa Mundial Femenina Sub20, prevista del 5 al 27 de septiembre. El torneo reunirá a 24 selecciones y será la primera gran competición mundial femenina que se dispute en territorio polaco, según la propia FIFA.

La disputa, sin embargo, no gira alrededor del campeonato juvenil. El detonante es mucho más profundo: el proyecto FIFA Forward Enterprise, una iniciativa que pretendía abrir a inversores privados una participación en intereses comerciales vinculados a las competiciones de la FIFA. La propuesta fue retirada después de provocar una fuerte reacción de varias confederaciones continentales y federaciones nacionales.

Reuters informó este domingo que las seis asociaciones nórdicas respaldaron las exigencias planteadas por la UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol y la CONCACAF, entre ellas una investigación externa e independiente sobre las circunstancias que rodearon el proyecto. También reclamaron garantías vinculantes de que la gobernanza y las competiciones de FIFA no volverán a quedar expuestas a la propiedad privada.

La preocupación no se limita, por tanto, a una propuesta financiera que fracasó. Lo que está en juego es quién controla las decisiones sobre uno de los negocios deportivos más importantes del planeta. Las federaciones nórdicas pidieron además una revisión integral del marco de gobernanza de FIFA para determinar si realmente se cumplen los principios de independencia, controles y contrapesos, transparencia y rendición de cuentas que inspiraron las reformas adoptadas en 2016.

La dimensión política de la disputa tampoco puede ignorarse. Infantino busca un cuarto mandato al frente de FIFA en las elecciones previstas para 2027. La oposición que comienza a acumular no significa que su salida esté decidida, pero sí muestra que el presidente enfrenta un escenario mucho más complicado que el de una simple diferencia de criterios con una confederación.

La UEFA ha sido particularmente crítica. Su presidente, Aleksander Čeferin, ha pedido públicamente que Infantino abandone el cargo o se prepare para enfrentar una candidatura alternativa. Sin embargo, Čeferin ha dicho que él mismo no competirá por la presidencia de FIFA. La cuestión, entonces, no es únicamente quién podría reemplazar a Infantino, sino si las distintas confederaciones serán capaces de construir una alternativa común.

La fractura también tiene una dimensión geográfica. Europa, Asia y buena parte de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe han expresado críticas, mientras Infantino conserva apoyos en otras regiones. Reuters señala que la oposición está creciendo, pero todavía no constituye una mayoría automática capaz de determinar el futuro de la presidencia.

En medio de esta disputa, el Mundial Femenino Sub20 ofrece una imagen paradójica. Mientras los dirigentes discuten sobre poder, dinero y gobernanza, cientos de jóvenes futbolistas se preparan para disputar uno de los torneos más importantes de sus carreras. Polonia recibirá a 24 selecciones entre el 5 y el 27 de septiembre, con la RPD de Corea como vigente campeona y con equipos como España, Francia, Inglaterra, Italia, Portugal y Brasil entre los participantes.

Por ahora, no hay indicios de que la crisis vaya a impedir la celebración del campeonato. La FIFA mantiene oficialmente el torneo en su calendario y continúa con la venta de entradas y la preparación logística. El fútbol, al menos sobre el terreno de juego, seguirá adelante.

Pero la política del fútbol mundial no se detendrá cuando comience el primer partido. La declaración de las federaciones nórdicas convierte una protesta dispersa en un movimiento más organizado y coloca la gobernanza de FIFA en el centro de la conversación internacional.

La verdad es que Infantino todavía conserva poder y tiempo para intentar recomponer alianzas. Pero la confianza, una vez perdida, no se recupera con facilidad. La retirada del proyecto de inversión privada pudo cerrar una crisis concreta; no necesariamente ha cerrado la discusión sobre quién debe decidir el futuro del fútbol mundial.

Mientras las jóvenes jugadoras se preparan para competir en Polonia, los dirigentes tendrán que jugar su propio partido. Y ese encuentro, aunque no tenga árbitro ni marcador, puede resultar decisivo para la FIFA que llegue a las próximas elecciones.