Las fuerzas armadas iraníes advirtieron que podrían lanzar ataques preventivos si consideran que existe una amenaza, mientras la Guardia Revolucionaria reivindica el control del estrecho de Ormuz. En paralelo, el vicepresidente estadounidense JD Vance puso en duda la capacidad del presidente Masoud Pezeshkian para tomar decisiones dentro de la estructura política y militar de Irán.

Irán elevó el tono de sus advertencias militares el miércoles 7 de octubre, al anunciar que sus fuerzas están preparadas para realizar operaciones preventivas contra Estados Unidos si las circunstancias lo exigen. La declaración coincidió con nuevas afirmaciones de la Guardia Revolucionaria sobre su control del estrecho de Ormuz y con cuestionamientos de Washington acerca de quién ejerce realmente el poder en Teherán.

El portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Mohammad Akraminia, declaró a la agencia estatal IRNA que las fuerzas armadas podrían actuar antes de que se concrete una eventual agresión. Según explicó, el objetivo sería impedir cualquier ataque o incursión contra territorio iraní.

La advertencia se produce en medio del conflicto iniciado el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán. Desde entonces, las amenazas militares, las restricciones al tránsito marítimo y las negociaciones diplomáticas han mantenido elevada la tensión en Oriente Medio.

La disputa por el estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales puntos de confrontación entre Teherán y Washington. Esta vía marítima conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una ruta estratégica para el transporte internacional de petróleo y gas natural licuado.

Mohammad Reza Naqdi, asesor de alto rango de la Guardia Revolucionaria, aseguró que el paso permanece cerrado y que las fuerzas iraníes mantienen el control de la zona. Según afirmó, la situación no cambiará hasta que Estados Unidos atienda las exigencias de Irán.

Naqdi también acusó a algunos operadores marítimos de utilizar embarcaciones pequeñas para trasladar petróleo de manera irregular hacia grandes buques cisterna. Añadió que las autoridades iraníes pretenden bloquear determinadas rutas que, según su versión, han sido utilizadas para eludir las restricciones.

Estas declaraciones reflejan la posición de la Guardia Revolucionaria, pero no demuestran por sí mismas que Irán tenga un control exclusivo del estrecho. Estados Unidos mantiene un bloqueo naval dirigido contra el tráfico marítimo que entra y sale de los puertos iraníes, y Washington sostiene que sus fuerzas pueden restringir esos movimientos.

La situación sobre el terreno es más compleja que las afirmaciones de cualquiera de las partes. Los ataques, las amenazas contra buques mercantes y las limitaciones al tránsito han reducido la actividad marítima y elevado los riesgos para las tripulaciones y el comercio energético internacional.

Un asesor de la Guardia Revolucionaria identificado como Amirahmadi afirmó que el tránsito por el estrecho había caído a unos diez buques diarios, frente a aproximadamente 125 antes de la guerra. También sostuvo que buena parte de las embarcaciones que siguen utilizando la ruta lo hacen con autorización iraní. Estas cifras corresponden a declaraciones de funcionarios iraníes y deben distinguirse de los registros independientes del tráfico marítimo.

Washington duda de la autoridad del presidente iraní

Mientras aumentan las advertencias militares, el vicepresidente estadounidense JD Vance cuestionó hasta qué punto el presidente Masoud Pezeshkian y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, pueden comprometer al conjunto del sistema político iraní en una negociación.

En una entrevista con Reuters durante una visita a Alaska, Vance señaló que los contactos con ambos funcionarios no habían despejado las dudas de Washington sobre el proceso de toma de decisiones en Irán. La estructura de poder iraní incluye, además del Gobierno, al líder supremo y a instituciones militares y religiosas con una influencia decisiva en asuntos estratégicos.

El vicepresidente reiteró que uno de los principales objetivos estadounidenses es impedir que Irán desarrolle armas nucleares. Para demostrar que no persigue ese propósito, sostuvo, Teherán tendría que adoptar medidas concretas sobre su capacidad de enriquecimiento de uranio.

El Gobierno iraní, por su parte, mantiene que está dispuesto a negociar, aunque rechaza las condiciones que considera incompatibles con sus intereses nacionales. Pezeshkian afirmó el miércoles que su administración participa en conversaciones mientras enfrenta una guerra en distintos frentes.

El presidente también aludió a los problemas de suministro eléctrico que atraviesa el país y señaló que podrían cerrarse instalaciones deportivas y culturales para reducir el consumo si la situación lo exige. Las dificultades energéticas añaden presión a un escenario marcado por las operaciones militares y las restricciones económicas.

Trump mantiene la presión sobre Teherán

El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el martes que Irán había perdido parte de su capacidad para intimidar a sus vecinos y aseguró que Estados Unidos tenía el control del estrecho de Ormuz. También afirmó que Washington debía completar sus objetivos y dejó abierta la posibilidad de nuevas medidas, sin precisar en ese momento cuáles serían.

Trump ha cuestionado repetidamente la estructura de liderazgo iraní y ha reclamado un cambio en la conducción del país. Asimismo, ha dirigido críticas contra Mojtaba Jamenei, nombrado líder supremo en marzo, quien no había realizado apariciones públicas desde su designación, según el reporte de Euronews publicado el 7 de octubre.

Sin embargo, el propio Trump había sugerido anteriormente que Mojtaba Jamenei seguía autorizando decisiones importantes. La diferencia entre esas declaraciones ilustra la incertidumbre pública sobre el funcionamiento interno del poder iraní, aunque no constituye por sí misma una prueba de que el presidente Pezeshkian carezca de autoridad.

Las declaraciones de Vance se producen en un momento en que Washington y Teherán mantienen contactos para explorar una salida al conflicto. La existencia de conversaciones, no obstante, no significa que ambas partes hayan alcanzado un acuerdo sobre el programa nuclear, las restricciones marítimas o las condiciones para detener las hostilidades.

Un conflicto con consecuencias para el comercio mundial

La disputa por Ormuz tiene repercusiones que van más allá de la confrontación militar. Por esa ruta circula una parte sustancial del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo, por lo que cualquier interrupción prolongada puede afectar los precios de la energía, los costos del transporte y las cadenas de suministro.

Reuters informó el 7 de octubre que la semana anterior había registrado el mayor número de incidentes contra buques cisterna desde el inicio de la guerra, con al menos doce casos entre el 28 de septiembre y el 5 de octubre. Los incidentes incluyeron ataques, intentos de ataque y actos de hostigamiento en las proximidades del estrecho.

La combinación de amenazas preventivas, bloqueo naval y dificultades para determinar quién puede comprometer al Gobierno iraní complica las perspectivas de una solución diplomática. Mientras continúen las declaraciones contradictorias sobre el control de Ormuz y la autoridad política en Teherán, la seguridad de la navegación y la estabilidad energética seguirán expuestas a los efectos de la guerra.