México importó un promedio récord de 6,800 millones de pies cúbicos diarios de gas natural estadounidense entre enero y julio de 2026. El crecimiento se aceleró durante junio y julio, mientras una interrupción temporal en gasoductos de Texas volvió a evidenciar la vulnerabilidad del país ante problemas de suministro y la falta de capacidad suficiente de almacenamiento.
Las importaciones mexicanas de gas natural procedente de Estados Unidos alcanzaron un nuevo máximo histórico durante los primeros siete meses de 2026, de acuerdo con cifras de la Administración de Información Energética estadounidense (EIA, por sus siglas en inglés). El promedio de enero a julio llegó a 6,800 millones de pies cúbicos diarios, un incremento de 1.8% respecto al mismo periodo del año anterior.
Con este resultado, México acumuló cuatro años consecutivos de crecimiento en sus compras de gas estadounidense para el periodo enero-julio. Sin embargo, la expansión fue más moderada que la registrada en 2025, cuando las importaciones aumentaron 3.5% en comparación con los primeros siete meses de 2024.
El comportamiento de los últimos meses del periodo destaca frente al promedio acumulado. Mayo, junio y julio registraron, por primera vez, importaciones superiores a los 7,000 millones de pies cúbicos diarios durante tres meses consecutivos.
En junio, el volumen alcanzó aproximadamente 7,636 millones de pies cúbicos diarios, un aumento interanual de 4.8%. En julio se ubicó en 7,341 millones, con un crecimiento de 5.9% frente al mismo mes de 2025. Las cifras mensuales reflejan la magnitud de la demanda mexicana y el peso que ha adquirido el suministro proveniente del país vecino.
Una interrupción temporal evidenció los riesgos del suministro
El aumento de las importaciones coincidió con una reducción temporal de los envíos de gas estadounidense hacia México a principios de octubre. El Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas) informó que los trabajos de mantenimiento en infraestructura de Texas restringieron alrededor de una quinta parte de los flujos habituales en determinados puntos de conexión.
La situación afectó instalaciones vinculadas con la inyección de gas al sistema mexicano, incluida la conexión conocida como Los Ramones, en Nuevo León. Posteriormente, Tennessee Gas Pipeline, filial de la empresa estadounidense Kinder Morgan, informó que había realizado reparaciones y resuelto una situación de fuerza mayor declarada durante las labores de mantenimiento e inspección.
La interrupción fue temporal y no significó el cierre general de las exportaciones estadounidenses hacia México. No obstante, puso de manifiesto los riesgos que enfrenta el país cuando una parte importante de su abastecimiento depende de gasoductos situados al otro lado de la frontera.
Según el especialista en energía Víctor Ramírez, el episodio respondió a problemas operativos y decisiones de empresas privadas, no a una medida geopolítica del Gobierno estadounidense. La distinción es relevante: una interrupción técnica no equivale a una decisión política de suspender deliberadamente el suministro, aunque sus efectos pueden ser importantes para los consumidores mexicanos.
La falta de almacenamiento amplifica la vulnerabilidad
La dependencia del gas importado se combina con una infraestructura de almacenamiento limitada. Sin reservas suficientes para compensar interrupciones prolongadas, una caída considerable de los envíos puede obligar a las autoridades y a las empresas del sector energético a recurrir a medidas de emergencia para mantener el suministro.
De acuerdo con las cifras citadas por El Economista, el consumo nacional aparente de gas natural promedió alrededor de 9,100 millones de pies cúbicos diarios durante 2026. Una reducción equivalente al 20% de las importaciones por ducto podría representar un faltante cercano al 15% de esa demanda, dependiendo de la duración del recorte y de la disponibilidad de otras fuentes de abastecimiento.
El problema no es nuevo. En febrero de 2021, una intensa tormenta invernal en Texas interrumpió el suministro de gas y provocó afectaciones al sistema eléctrico mexicano. El episodio obligó a utilizar combustibles alternativos, más costosos y contaminantes, para mantener parte de la generación eléctrica.
La recurrencia de estos episodios ha reforzado las advertencias de especialistas sobre la necesidad de ampliar la capacidad de almacenamiento, diversificar el abastecimiento y fortalecer la producción nacional. Sin esas medidas, los problemas en instalaciones estadounidenses pueden trasladarse rápidamente al mercado mexicano.
La producción nacional no cubre el consumo
El incremento de las importaciones también está relacionado con las dificultades de México para satisfacer su demanda mediante producción propia. Petróleos Mexicanos (Pemex) continúa siendo uno de los principales productores nacionales, pero el suministro interno no ha crecido lo suficiente para eliminar la necesidad de comprar gas en el extranjero.
Los datos del balance nacional de gas natural de la Secretaría de Energía muestran que el combustible importado cubrió aproximadamente 74.6% de la demanda mexicana durante 2025, cuando el consumo promedio rondó los 9,000 millones de pies cúbicos diarios. La proporción representa un aumento considerable respecto a 2014, cuando las importaciones cubrían alrededor de 39.7% de las necesidades nacionales.
La tendencia evidencia un cambio estructural en el mercado energético: México consume grandes volúmenes de gas natural, pero depende cada vez más de la disponibilidad y de los precios del suministro estadounidense. Esta situación también condiciona la planeación de la generación eléctrica, la actividad industrial y el funcionamiento de sectores que utilizan el combustible como insumo.
El gas natural suele describirse como un combustible de transición porque, al quemarse, emite menos dióxido de carbono que el carbón y algunos derivados del petróleo para producir una cantidad comparable de energía. Sin embargo, sigue siendo un combustible fósil, y las fugas de metano durante su extracción y transporte pueden reducir sus ventajas climáticas.
El sector eléctrico concentra buena parte de la demanda
El sistema eléctrico es uno de los principales consumidores de gas natural en México. Durante 2025, las plantas de generación absorbieron alrededor de 67% de la demanda nacional del combustible, según las cifras del balance energético citadas por El Economista. En 2014, esa proporción era de 48.5%.
El peso del gas en la generación eléctrica hace que la continuidad de las importaciones sea un factor relevante para la seguridad energética. Una interrupción significativa puede presionar la operación de las centrales que utilizan este combustible y aumentar la necesidad de recurrir a otras fuentes de generación.
Por ello, el debate sobre la dependencia energética no se limita a las compras internacionales. También involucra la disponibilidad de infraestructura de transporte y almacenamiento, la evolución de la producción nacional y la capacidad del sistema eléctrico para responder ante emergencias.
México sigue siendo el principal mercado del gas estadounidense
Estados Unidos mantiene a México como uno de sus principales destinos para las exportaciones de gas natural por ducto. Entre enero y julio de 2026, las compras mexicanas representaron cerca de una cuarta parte de las exportaciones estadounidenses del combustible, aunque su participación fue menor que la observada en algunos periodos de 2024.
Las estadísticas de la EIA también muestran que los envíos estadounidenses se distribuyen entre distintos mercados. Canadá continúa siendo un comprador importante del gas transportado por ducto, mientras que países europeos y asiáticos reciben volúmenes relevantes de gas natural licuado, transportado en buques especializados.
La competencia entre destinos y la evolución de los mercados internacionales pueden influir en los flujos comerciales, aunque la infraestructura y la proximidad geográfica mantienen una relación especialmente estrecha entre México y Estados Unidos.
El récord de importaciones mexicanas confirma que el gas estadounidense se ha convertido en un componente esencial del sistema energético nacional. Al mismo tiempo, la interrupción temporal registrada en octubre vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reducir los riesgos asociados a una dependencia elevada mediante mayor almacenamiento, diversificación de fuentes y fortalecimiento de la oferta interna.


