La llegada de varias cometas desde Gaza, ninguna de las cuales llevaba explosivos según las autoridades israelíes, ha desencadenado nuevas amenazas de ataques y evacuaciones, mientras Hamás niega responsabilidad y asegura que se trata de juguetes infantiles.
Una cometa puede parecer un objeto demasiado pequeño para alterar el equilibrio de un conflicto armado. Sin embargo, en la frontera entre Israel y Gaza incluso un artefacto de papel y varillas puede convertirse en una señal política. Este fin de semana, la aparición de varias cometas en territorio israelí provocó una advertencia directa del primer ministro Benjamín Netanyahu y del ministro de Defensa, Israel Katz: si los lanzamientos continúan, Israel intensificará sus operaciones militares en la Franja.
El episodio ocurrió principalmente en la zona de Nahal Oz, una comunidad israelí situada a menos de un kilómetro de Gaza. Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron que cuatro cometas habían cruzado hacia territorio israelí durante el viernes y el sábado. Según el Ejército, no se encontraron objetos sospechosos ni materiales peligrosos y las cometas no representaron un riesgo para la población.
Aun así, la preocupación aumentó rápidamente. La agencia AFP informó que durante los últimos días habían sido recuperadas alrededor de diez cometas, después de que una más fuera derribada por el Ejército el domingo. La cifra fue también recogida por otros medios internacionales a partir de fuentes militares.
La respuesta política fue considerablemente más dura que la amenaza material comprobada hasta ahora. Netanyahu y Katz advirtieron que, si los lanzamientos de cometas, globos y drones no cesan, las fuerzas israelíes incrementarán sus ataques contra los responsables y podrían evacuar a la población de las zonas gazatíes desde las que se produzcan los lanzamientos. Katz llegó a afirmar que Israel tratará cada lanzamiento como una acción militar, independientemente de que el objeto transporte explosivos.
La postura israelí tiene un antecedente que ayuda a explicar la reacción. En 2018, durante las protestas y la escalada de violencia en torno a la frontera, grupos palestinos utilizaron cometas y globos con materiales incendiarios para provocar incendios en terrenos agrícolas del sur de Israel. Aquella campaña ocasionó daños en cultivos y áreas naturales y dejó una memoria especialmente sensible entre las comunidades fronterizas. Medios israelíes han advertido que la reaparición de cometas podría ser el comienzo de una nueva oleada.
Pero una cosa es el antecedente y otra lo que las autoridades han podido demostrar en este episodio. Hasta ahora, el Ejército israelí ha indicado que las cometas recuperadas no contenían materiales peligrosos. Además, la responsabilidad de Hamás no ha sido establecida públicamente de manera concluyente. El diario The Jerusalem Post informó que fuentes militares consideran posible que Hamás esté detrás de los lanzamientos e incluso que esté utilizando a adolescentes palestinos, aunque esa atribución continúa siendo una evaluación de inteligencia y no un hecho probado públicamente.
Hamás, por su parte, niega responsabilidad. Su portavoz Hazem Qasem sostuvo que las cometas son juguetes fabricados por niños palestinos en campamentos de desplazados y acusó a Israel de utilizar el episodio como argumento para justificar nuevas acciones militares. Esa versión fue difundida por EFE y recogida por diversos medios.
La disputa, por tanto, no gira únicamente alrededor de unas cometas. También refleja la fragilidad del escenario posterior al alto el fuego y la profunda desconfianza existente entre las partes. Cualquier incidente puede interpretarse como una prueba de intenciones futuras. Para Israel, los lanzamientos pueden representar una advertencia o un ensayo de nuevas capacidades. Para Hamás, las amenazas israelíes pueden convertirse en un argumento para denunciar una escalada.
La situación resulta todavía más delicada porque las amenazas llegan mientras persisten ataques en Gaza. Reuters informó este domingo de dos ataques aéreos israelíes que, según autoridades sanitarias palestinas, dejaron al menos dos muertos, incluido un niño de cuatro años, y siete heridos. Esos hechos se produjeron el mismo día en que Israel anunció que podría intensificar sus operaciones por los lanzamientos de objetos desde Gaza.
La verdad es que la distancia entre una cometa y un ataque militar parece enorme. Pero en un territorio marcado por años de violencia, los símbolos pueden adquirir un peso desproporcionado. Una cometa incendiaria fue una herramienta de confrontación en el pasado; una cometa sin explosivos puede convertirse ahora en motivo de alarma precisamente por ese recuerdo.
El desafío consiste en no confundir una amenaza potencial con una amenaza ya comprobada. Hasta el momento, las fuentes consultadas coinciden en que las cometas localizadas en Israel no llevaban materiales peligrosos. Lo que permanece sin resolver es quién las lanzó, con qué propósito y si forman parte de una acción organizada. Esa incertidumbre es precisamente la que puede alimentar nuevas decisiones militares.
En una frontera donde la confianza prácticamente ha desaparecido, incluso un objeto aparentemente inocente puede convertirse en detonante. El peligro no está necesariamente en la cometa que cruza el cielo, sino en lo que cada parte decide interpretar cuando la ve.


