Cada 28 de septiembre, el Día Mundial contra la Rabia recuerda que una enfermedad prácticamente mortal cuando aparecen los síntomas puede prevenirse mediante vacunación animal, atención oportuna y vigilancia epidemiológica.

La rabia continúa siendo una de las zoonosis más letales conocidas, pero también constituye uno de los ejemplos más claros de cómo la prevención puede interrumpir una cadena de transmisión. La fecha elegida para conmemorar el Día Mundial contra la Rabia coincide con el aniversario luctuoso de Louis Pasteur, quien murió el 28 de septiembre de 1895 y cuya investigación permitió desarrollar la primera vacuna contra esta enfermedad.

Pasteur y su equipo lograron en 1885 prevenir el desarrollo de la rabia en Joseph Meister, un niño de nueve años que había sido mordido por un perro sospechoso de estar infectado. Aquel tratamiento representó uno de los primeros grandes avances de la medicina preventiva y abrió el camino para las estrategias de vacunación que posteriormente transformarían el control de la enfermedad.

Más de un siglo después, el virus de la rabia continúa circulando entre mamíferos domésticos y silvestres. La Organización Mundial de la Salud estima que causa alrededor de 59 mil muertes humanas cada año en más de 150 países, aunque advierte que la cifra probablemente está subestimada debido a problemas de diagnóstico y notificación.

Los perros siguen siendo el principal vínculo entre el virus y las personas. La OMS señala que hasta 99 por ciento de los casos de rabia humana se relacionan con la transmisión por perros infectados, por lo que la vacunación de estos animales constituye la intervención más importante para interrumpir el ciclo de transmisión.

La enfermedad se transmite principalmente mediante la saliva de un animal infectado, generalmente a través de mordeduras o arañazos. También puede producirse cuando la saliva entra en contacto directo con mucosas o heridas abiertas. El virus afecta el sistema nervioso central y, una vez que aparecen los signos clínicos, el desenlace es prácticamente siempre mortal.

Sin embargo, una exposición no significa necesariamente que la persona vaya a desarrollar la enfermedad. La atención inmediata puede evitar que el virus alcance el sistema nervioso central. La profilaxis posexposición comprende el lavado exhaustivo de la herida, la aplicación de la vacuna antirrábica humana y, cuando está indicado, la administración de inmunoglobulina o anticuerpos monoclonales.

La recomendación de la OMS ante una mordedura o arañazo de un animal potencialmente infectado es lavar la zona inmediatamente con agua y jabón durante al menos 15 minutos y buscar atención médica. La rapidez resulta fundamental porque el tratamiento funciona antes de que el virus llegue al sistema nervioso central.

La experiencia internacional demuestra que controlar la enfermedad en los animales es más eficiente que esperar a que aparezcan casos humanos. Las campañas de vacunación masiva de perros, acompañadas por vigilancia epidemiológica y educación para prevenir mordeduras, pueden interrumpir la transmisión en su origen. La OMS considera que mantener coberturas de vacunación canina cercanas al 70 por ciento en zonas donde la enfermedad es endémica puede interrumpir la circulación del virus.

La estrategia también requiere considerar a la fauna silvestre. Murciélagos, zorros, mapaches y otros mamíferos pueden actuar como reservorios o participar en la circulación del virus dependiendo de la región. Por ello, la eliminación de la rabia transmitida por perros no significa que el virus haya desaparecido de la naturaleza.

Esta distinción es particularmente importante para México. La OMS señala que México se encuentra entre los países que han logrado la eliminación de la rabia humana transmitida por perros como problema de salud pública. El reconocimiento internacional fue consecuencia de años de vacunación canina, vigilancia y acciones coordinadas entre los servicios de salud humana y animal.

El caso mexicano ilustra la importancia de sostener las campañas incluso cuando los casos humanos dejan de ser frecuentes. La ausencia de transmisión sostenida por perros no elimina el riesgo de reintroducción ni la circulación del virus entre animales silvestres. La vigilancia debe continuar para detectar oportunamente cualquier cambio epidemiológico.

El Día Mundial contra la Rabia de 2026 tiene como lema “Juntos somos más fuertes” y coloca precisamente la coordinación en el centro de la prevención. La OMS plantea que gobiernos, comunidades, profesionales veterinarios, trabajadores de la salud y organizaciones internacionales deben actuar de manera conjunta para ampliar la vacunación animal, mejorar la vigilancia y garantizar el acceso al tratamiento después de una exposición.

Ese enfoque corresponde al concepto de “Una sola salud”, que reconoce que la salud humana, la salud de los animales y las condiciones ambientales están estrechamente relacionadas. En el caso de la rabia, esta conexión resulta evidente: proteger a los perros mediante la vacunación reduce el riesgo para las personas, mientras la vigilancia de la fauna silvestre permite conocer dónde continúa circulando el virus.

En septiembre de 2026, la OMS validó además la eliminación de la rabia humana transmitida por perros en Bhután. Con ese reconocimiento, Bhután se incorporó a un grupo reducido de países que han demostrado que es posible detener la transmisión mediante vacunación, vigilancia, tratamiento oportuno y participación comunitaria. México y Chile ya contaban con esta validación.

La historia iniciada con los experimentos de Pasteur demuestra así una paradoja científica: la rabia permanece como una enfermedad mortal, pero las herramientas para evitar la mayoría de esas muertes existen desde hace décadas. El desafío actual no consiste únicamente en disponer de una vacuna, sino en conseguir que la prevención llegue de manera sostenida a las poblaciones animales y humanas que todavía enfrentan el riesgo.

A 131 años de la muerte de Pasteur, la rabia sigue recordando que la medicina preventiva depende tanto de los avances científicos como de su aplicación constante. Vacunar animales, evitar exposiciones, atender rápidamente las mordeduras y mantener sistemas de vigilancia son acciones distintas que forman parte de una misma cadena de protección.