El 7 de septiembre de 1977, Panamá y Estados Unidos firmaron en el Salón de las Américas de la OEA dos tratados que sustituyeron el régimen jurídico del Canal y establecieron el camino para que la vía interoceánica quedara bajo plena jurisdicción panameña el 31 de diciembre de 1999.

Hubo momentos en que aquel acuerdo parecía casi imposible. Durante décadas, el Canal de Panamá fue mucho más que una obra de ingeniería: representó una profunda disputa sobre soberanía, territorio y poder entre un país pequeño y una de las principales potencias del mundo. Por eso, la firma de los Tratados Torrijos-Carter no fue simplemente un acto diplomático. Fue el desenlace de una larga batalla política y jurídica.

El escenario elegido tampoco fue casual. En el Salón de las Américas de la Organización de los Estados Americanos, en Washington, el presidente estadounidense Jimmy Carter y el jefe de Gobierno panameño Omar Torrijos Herrera suscribieron dos instrumentos: el Tratado del Canal de Panamá y el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal de Panamá. La propia OEA recuerda aquella jornada como uno de los acontecimientos históricos ocurridos en su sede.

El antecedente que explica buena parte de la controversia era el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903. El Departamento de Estado de Estados Unidos señala que aquel acuerdo concedió a Estados Unidos derechos permanentes sobre la Zona del Canal. Además, fue negociado en circunstancias particularmente cuestionadas por Panamá: Philippe-Jean Bunau-Varilla actuó como representante panameño sin contar con un mandato otorgado por un Gobierno panameño consolidado y llevaba años sin vivir en el istmo.

Con el paso del tiempo, aquella fórmula se convirtió en una fuente permanente de tensión. Panamá cuestionaba que un territorio situado dentro de su espacio nacional estuviera sometido a un régimen en el que Estados Unidos ejercía amplios derechos. Las protestas y los conflictos alcanzaron un punto especialmente grave en 1964, cuando disturbios relacionados con el izamiento de las banderas panameña y estadounidense en la Zona del Canal provocaron víctimas y una ruptura temporal de las relaciones diplomáticas.

La negociación que siguió fue larga y compleja. Carter asumió el riesgo político de alcanzar un nuevo acuerdo y Torrijos convirtió la recuperación de la soberanía sobre el Canal en una prioridad nacional. El resultado fue una solución gradual: Panamá era reconocido como soberano territorial, mientras Estados Unidos conservaría durante un periodo de transición los derechos necesarios para administrar, operar y mantener la vía.

El cambio decisivo quedó fijado para el mediodía del 31 de diciembre de 1999. Ese día, Panamá asumiría la plena responsabilidad sobre la administración, funcionamiento y mantenimiento del Canal. La Autoridad del Canal de Panamá confirma que el proceso se completó conforme a lo establecido y que desde entonces la vía interoceánica es administrada por Panamá.

El acuerdo también tuvo una dimensión jurídica especialmente relevante. El preámbulo del Tratado del Canal reconoció la soberanía de Panamá sobre su territorio y estableció que los tratados anteriores pertinentes al Canal quedarían abrogados para dar paso al nuevo régimen. En términos históricos, esto significó sustituir la arquitectura jurídica heredada de 1903 por un acuerdo negociado entre dos Estados que redefinía sus derechos y obligaciones.

Conviene, sin embargo, no presentar los Tratados Torrijos-Carter como una sentencia internacional o como un precedente judicial vinculante. Su importancia para el derecho internacional es distinta y quizá más profunda: constituyeron un ejemplo de cómo una controversia prolongada sobre soberanía y derechos territoriales podía resolverse mediante negociación, consentimiento estatal y un calendario concreto de transferencia.

El segundo tratado introdujo además un principio que continúa siendo fundamental para la vía interoceánica: la neutralidad permanente del Canal. La intención era garantizar que la ruta permaneciera abierta al tránsito pacífico y comercial, mientras se establecía un régimen internacional de neutralidad con responsabilidades específicas para Estados Unidos y Panamá.

La verdad es que la fotografía de Carter y Torrijos firmando aquellos documentos condensaba décadas de tensión. Pero también mostraba algo poco frecuente en la política internacional: una potencia aceptando una transferencia gradual de control sobre un recurso estratégico mediante un acuerdo negociado.

El 7 de septiembre de 1977 no terminó inmediatamente la historia del Canal. Comenzó un proceso de 22 años. Su desenlace llegó en 1999, cuando Panamá asumió el control. Desde entonces, aquella vía que alguna vez simbolizó una relación desigual se convirtió también en una expresión concreta de soberanía y capacidad institucional panameña.