El canciller Friedrich Merz aseguró que continuará al frente del Gobierno alemán pese al retroceso histórico de su partido en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y a la presión política que también enfrenta su coalición con el SPD.
Friedrich Merz descartó este lunes abandonar la Cancillería alemana después de que la Unión Cristianodemócrata (CDU) registrara uno de sus peores resultados electorales y, por primera vez desde la fundación de la República Federal, quedara fuera de un parlamento regional.
El revés ocurrió en las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental del domingo 20 de septiembre. Según el resultado provisional difundido por la televisión pública alemana ARD, la AfD obtuvo 38.2 por ciento de los votos, seguida por el Partido Socialdemócrata (SPD), con 35.5 por ciento. La CDU consiguió apenas 4.9 por ciento y no alcanzó el umbral de cinco por ciento necesario para obtener representación por la vía proporcional.
El resultado tiene una particularidad que trasciende al estado del noreste alemán. La CDU nunca había quedado por debajo de ese umbral en una elección estatal, federal o europea desde 1949. En los comicios regionales de 2021 había obtenido 13.3 por ciento, por lo que la caída representa un cambio considerable para la formación conservadora.
Merz calificó el resultado como un “desastre” durante la noche electoral, pero posteriormente dejó claro que no contempla renunciar. En Berlín sostuvo que su Gobierno tiene la responsabilidad de continuar con las reformas y enfrentar lo que describió como una transformación profunda del sistema de partidos.
La declaración se produjo además después de otra elección complicada para la CDU. En Berlín, la izquierda obtuvo el primer lugar en los comicios para el Abgeordnetenhaus, con 25.7 por ciento, mientras que la CDU quedó segunda con 18.8 por ciento y la AfD alcanzó 16.0 por ciento. La composición del nuevo parlamento berlinés obliga ahora a los partidos a negociar una mayoría de gobierno.
Las dos elecciones muestran un escenario fragmentado. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD fue la fuerza más votada, pero los demás partidos han descartado formar una coalición con ella. La SPD podría conservar el gobierno estatal si logra reunir una mayoría con otros partidos representados en el Parlamento.
El avance de la AfD también se observa en el flujo estimado de votantes. Según un análisis de infratest dimap citado por la televisión pública alemana, el partido recibió apoyos procedentes tanto de antiguos votantes de la CDU y del SPD como de personas que anteriormente no acudían a votar. Estas cifras son estimaciones basadas en encuestas y resultados electorales, no un registro individual de cómo votó cada persona.
El propio candidato de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Leif-Erik Holm, aprovechó el resultado para cuestionar la permanencia de Merz. Afirmó que el canciller podría no llegar al final del año y habló del comienzo de un declive político. Se trata de una valoración del dirigente opositor y no de una decisión institucional sobre el futuro del Gobierno federal.
En el sistema parlamentario alemán, además, un canciller no puede ser destituido simplemente por perder una elección regional. La Ley Fundamental establece el mecanismo de “moción de censura constructiva”, mediante el cual el Bundestag solo puede retirar su confianza al canciller si simultáneamente elige a un sucesor por mayoría absoluta.
Por ahora, ese escenario no se ha materializado. Los dirigentes del SPD han reiterado que continuarán dentro de la coalición federal, aunque también han señalado que el resultado electoral obliga a revisar el rumbo político del Gobierno.
El ministro de Finanzas y copresidente del SPD, Lars Klingbeil, sostuvo que su partido respalda la coalición, pero advirtió que las cosas no pueden continuar exactamente como hasta ahora. La declaración anticipa negociaciones internas sobre las reformas económicas y sociales que ambos partidos acordaron después de meses de discusiones.
La presión sobre Merz también tiene una dimensión económica. Alemania enfrenta dificultades en su poderosa industria automotriz, que atraviesa procesos de reestructuración, reducción de empleos y competencia creciente de fabricantes asiáticos. El lunes, trabajadores del sector protestaron en distintos puntos del país contra los recortes de puestos de trabajo.
Volkswagen, uno de los principales fabricantes alemanes, anunció que acelerará su reestructuración después de revisar a la baja sus previsiones de rentabilidad. La empresa enfrenta costos elevados, menor desempeño en China y una competencia cada vez mayor en vehículos eléctricos. Los representantes sindicales reclaman medidas para proteger la producción y el empleo en Alemania.
En ese contexto, el Gobierno de Merz prepara también medidas para reducir el impacto del precio de los combustibles. Reuters informó que el gabinete tiene previsto aprobar un descuento fiscal de 17 céntimos de euro por litro de gasolina y diésel a partir del 1 de octubre, con un costo estimado de alrededor de 2 mil 500 millones de euros para las administraciones públicas.
Las dificultades económicas forman parte de una conversación más amplia sobre el rumbo del país. Alemania ha enfrentado un periodo prolongado de bajo crecimiento y su industria exportadora se ha visto afectada por los costos energéticos, la competencia internacional y la transformación hacia tecnologías de menor emisión.
En paralelo, Merz había cancelado previamente su viaje a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, una decisión que Reuters vinculó con la presión política interna y los resultados electorales que se avecinaban. Tras los comicios, el canciller volvió a concentrar su agenda en la situación doméstica.
Los problemas para la CDU tampoco significan automáticamente el fin de la coalición federal. La CDU gobierna junto con el SPD desde mayo de 2025 y el funcionamiento del Ejecutivo depende de que ambas fuerzas mantengan suficientes acuerdos parlamentarios. Sin embargo, las derrotas regionales aumentan la presión para modificar algunas prioridades y pueden complicar las negociaciones entre los socios.
Merz sostiene que los resultados regionales no pueden atribuirse exclusivamente a su figura. En declaraciones posteriores a los comicios afirmó que las causas van más allá de su persona y las vinculó con una transformación del sistema de partidos que también se observa en otros países.
El escenario político alemán, por tanto, queda marcado por varios movimientos simultáneos: el crecimiento de la AfD en elecciones regionales, el avance de Die Linke en Berlín, el retroceso de los partidos tradicionales y las dificultades económicas que presionan al Gobierno federal.
Por ahora, Merz mantiene el respaldo formal de sus socios de coalición y ha reiterado que continuará en el cargo. La discusión inmediata no es, por tanto, una sucesión en la Cancillería, sino cómo responderá el Gobierno a unos resultados que han modificado el equilibrio político en varios estados y han abierto nuevas tensiones dentro de la coalición federal.

