Una técnica de neurotización desarrollada y estudiada por cirujanos mexicanos busca recuperar parte de la sensibilidad del complejo areola-pezón después de una mastectomía, un aspecto de la reconstrucción mamaria que durante años quedó relegado frente al objetivo de recuperar únicamente la apariencia.
Sobrevivir al cáncer de mama es, por supuesto, el objetivo primordial del tratamiento. Pero una vez superada la enfermedad, comienza otra etapa en la que la calidad de vida adquiere un peso considerable. Para muchas mujeres, la reconstrucción mamaria permite recuperar la forma del seno, pero no necesariamente la sensación que existía antes de la cirugía.
La razón es anatómica. Durante una mastectomía, incluso cuando se conserva la piel y el complejo areola-pezón, pueden resultar lesionadas las estructuras nerviosas responsables de transmitir al cerebro el tacto, la presión, el dolor y la temperatura. La pérdida de sensibilidad puede ser persistente y convertirse en una de las consecuencias menos visibles, pero también más relevantes, de la cirugía.
Frente a este problema ha cobrado fuerza la neurotización mamaria, una técnica reconstructiva que busca establecer nuevamente una conexión entre los nervios intercostales y la piel o el complejo areola-pezón. La literatura científica internacional señala que este procedimiento puede favorecer una recuperación sensitiva más rápida y uniforme que la reconstrucción sin reinervación, aunque todavía existen diferencias importantes entre las técnicas y los métodos utilizados para medir sus resultados.
Una investigación mexicana aporta nuevos resultados
El trabajo más reciente del equipo encabezado por el cirujano mexicano José Eduardo Telich-Tarriba fue publicado en septiembre de 2026 en el Journal of Plastic, Reconstructive & Aesthetic Surgery. El estudio analizó la neurotización del pezón durante el segundo tiempo de una reconstrucción mamaria con implantes, específicamente cuando se sustituye un expansor tisular por el implante definitivo.
La investigación incluyó a 13 pacientes y 18 mamas reconstruidas. Las participantes habían sido sometidas previamente a una mastectomía con preservación del pezón y posteriormente recibieron la neurotización durante el intercambio del expansor por el implante definitivo.
Los investigadores evaluaron la sensibilidad antes de la intervención y seis y doce meses después mediante la escala sensitiva del British Medical Research Council y pruebas con monofilamentos de Semmes-Weinstein.
Los resultados fueron significativos: la sensibilidad del complejo areola-pezón pasó de una ausencia completa de sensibilidad antes del procedimiento a niveles de recuperación parcial a los seis meses y a una recuperación considerablemente mayor al año. En la prueba con monofilamentos, el umbral de detección también mejoró de manera estadísticamente significativa.
Los propios autores advierten, no obstante, que se requieren estudios comparativos adicionales para determinar con mayor precisión la eficacia de la técnica frente a la reconstrucción convencional. Es una distinción importante: los resultados son prometedores, pero el tamaño de la muestra todavía es reducido.
El nervio que funciona como una vía de comunicación
La anatomía ayuda a entender la lógica de la intervención. El complejo areola-pezón recibe su inervación principalmente de ramas de los nervios intercostales, especialmente del cuarto nervio intercostal, aunque también participan otras ramas y existe variabilidad anatómica entre pacientes.
Después de una mastectomía, la distancia entre los nervios conservados en la pared torácica y la piel del seno reconstruido puede impedir que la sensibilidad regrese de manera adecuada por sí sola. Por ello, la neurotización utiliza un segmento nervioso como puente para conectar nuevamente las estructuras nerviosas con la región que se pretende sensibilizar.
En una de las técnicas estudiadas por el equipo mexicano se utiliza el cuarto nervio intercostal y un injerto procedente de otro nervio intercostal. El injerto permite crear un trayecto alrededor del implante hasta alcanzar la dermis de la areola.
Este enfoque también ha sido estudiado por el mismo grupo en pacientes que ya habían terminado su reconstrucción. En una publicación de 2022, investigadores de instituciones mexicanas describieron un caso en el que se realizó neurotización tardía un año después de la reconstrucción mediante un injerto nervioso autólogo. Seis meses después se observó recuperación de sensibilidad protectora y de presión en el complejo areola-pezón.
En 2026, además, investigadores mexicanos presentaron resultados preliminares de otra serie con una técnica tardía basada en un injerto autólogo del quinto nervio intercostal. Aunque se trató de un grupo muy pequeño, los resultados mostraron una tendencia favorable en la recuperación táctil después de doce meses.
La sensibilidad no vuelve de inmediato
La reconstrucción de un trayecto nervioso no significa que la paciente recupere la sensibilidad de un día para otro. La regeneración nerviosa y la reorganización de las conexiones sensoriales requieren tiempo.
Los estudios disponibles muestran que la recuperación puede desarrollarse progresivamente durante meses. En una investigación internacional sobre neurotización del complejo areola-pezón, la sensibilidad disminuyó de forma marcada durante los primeros meses después de la mastectomía y posteriormente comenzó a recuperarse. Al año, una proporción importante de las pacientes alcanzó resultados favorables en las pruebas objetivas de sensibilidad.
Este proceso también involucra al sistema nervioso central. El cerebro debe volver a interpretar las señales procedentes de una zona cuya anatomía ha sido modificada quirúrgicamente. Por ello, hablar de recuperación sensitiva no significa únicamente que un nervio vuelva a crecer: implica también que el sistema nervioso aprenda nuevamente a interpretar esa información.
Una dimensión de la reconstrucción que empieza a cambiar
Durante mucho tiempo, la reconstrucción mamaria estuvo concentrada principalmente en recuperar el volumen, la forma y la simetría del seno. La sensibilidad quedó en segundo plano, en parte porque su recuperación resultaba técnicamente más compleja y difícil de medir.
La evidencia acumulada durante los últimos años está modificando esa perspectiva. Una revisión sistemática publicada en 2022 encontró que la neurotización durante la reconstrucción mamaria se asociaba con una recuperación sensitiva más temprana y de mayor calidad, aunque también subrayó la gran variabilidad existente entre las técnicas y los métodos de evaluación.
Investigaciones más recientes han encontrado además asociaciones entre la neurotización y mejores resultados reportados por las pacientes en ámbitos como la sensación del pezón, el bienestar psicosocial y el bienestar sexual. Estos hallazgos son particularmente relevantes porque muestran que la reconstrucción no debe medirse únicamente por el resultado observado frente al espejo.
En México, el trabajo de equipos vinculados con instituciones como el Hospital Ángeles Pedregal, la Fundación de Cáncer de Mama y el Hospital General “Dr. Manuel Gea González” se suma a una línea internacional de investigación que intenta convertir la reconstrucción mamaria en un procedimiento cada vez más funcional.
El reto ahora es generar evidencia con grupos de pacientes más amplios, seguimiento prolongado y métodos estandarizados para medir la sensibilidad. También será necesario determinar qué pacientes pueden beneficiarse más de la técnica y cómo influyen factores como la radioterapia previa, el tipo de reconstrucción y el momento en que se realiza la neurotización.
La innovación, en este caso, no consiste solamente en hacer que un seno reconstruido vuelva a parecer natural. El objetivo es más profundo: conseguir que, en la medida de lo posible, vuelva a formar parte de la experiencia corporal de la paciente. Y es que después del cáncer de mama, recuperar la vida cotidiana también significa recuperar aquello que permite sentir el propio cuerpo.

