El canciller Roberto Velasco viajará a China el 7 de septiembre para reforzar el diálogo bilateral, en un momento especialmente delicado por los nuevos aranceles mexicanos y la revisión del T-MEC con Estados Unidos y Canadá.

La relación entre México y China entrará en una semana de definiciones. El secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, viajará el próximo 7 de septiembre a territorio chino para reunirse con el ministro de Exteriores, Wang Yi, en una visita que adquiere especial relevancia por las tensiones comerciales que han marcado los últimos meses.

La Cancillería mexicana informó que el viaje tendrá como propósito fortalecer el diálogo político y la agenda de cooperación entre ambos países. Además, Velasco inaugurará el Consulado de México en Chongqing, una ciudad estratégica del suroeste chino.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China confirmó que Velasco realizará la visita por invitación de Wang Yi y precisó que permanecerá en el país entre el 6 y el 7 de septiembre. Con ello, el encuentro tendrá lugar apenas unos días después del Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum y mientras México intenta equilibrar sus relaciones comerciales entre Norteamérica y Asia.

Y es que el contexto no es menor. Desde el 1 de enero de 2026 entraron en vigor nuevos aranceles para mil 463 fracciones de productos procedentes de países con los que México no mantiene tratados de libre comercio. China se encuentra entre los principales afectados.

De acuerdo con información publicada por El Economista y confirmada en reportes de Reuters, los nuevos gravámenes afectan exportaciones chinas por más de 30 mil millones de dólares. Las tarifas para distintos productos se ubican entre 5 y 50 por ciento, una medida que Pekín considera una barrera al comercio y la inversión.

El Gobierno chino elevó el tono en marzo y advirtió que tenía derecho a tomar medidas de represalia. Según reportó Reuters a partir de información del Ministerio de Comercio chino, Pekín estimó que las medidas mexicanas podrían ocasionar pérdidas cercanas a 9 mil 400 millones de dólares para los sectores mecánico y eléctrico de su economía.

Hasta ahora, sin embargo, no se han anunciado contramedidas concretas. Esa circunstancia vuelve especialmente significativa la reunión entre Velasco y Wang Yi. Más allá de las diferencias comerciales, ambos gobiernos tienen interés en evitar que una disputa arancelaria termine afectando otros ámbitos de una relación que durante las últimas décadas ha adquirido mayor peso.

México, por su parte, defiende los aranceles como parte de una política para fortalecer la producción nacional. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, informó recientemente que las importaciones procedentes de China correspondientes a las fracciones sujetas a las nuevas tarifas disminuyeron 28.4 por ciento entre enero y mayo de 2026 frente al mismo periodo del año anterior.

El Economista documentó que, para el conjunto de países sin tratados comerciales con México, la reducción fue de 23.2 por ciento. Ebrard sostiene que el objetivo es sustituir importaciones, elevar el contenido nacional de las cadenas productivas y proteger empleos en sectores como el automotriz, siderúrgico, textil, calzado y vestido.

La caída de las compras chinas, sin embargo, también muestra la magnitud del ajuste que está experimentando la relación comercial. China se ha convertido en un proveedor relevante para la industria mexicana y, al mismo tiempo, México representa un mercado importante para las empresas del gigante asiático.

Por eso, el desafío diplomático consiste en mantener abierta la puerta de la cooperación mientras persisten diferencias sobre las condiciones de acceso al mercado mexicano. No es una tarea sencilla. La política comercial de México está siendo observada además desde Washington, donde la relación con China forma parte de las preocupaciones asociadas a la revisión del T-MEC.

En ese escenario, la visita de Velasco también puede leerse como un intento de mantener canales de comunicación con Pekín sin apartarse de la estrategia económica que el Gobierno mexicano ha planteado para fortalecer la producción nacional.

La inauguración del Consulado en Chongqing añade otro componente a la visita. La nueva representación permitirá ampliar la presencia consular mexicana en una región de enorme importancia económica y empresarial. Actualmente, México cuenta también con representaciones consulares en Guangzhou, Shanghái y Hong Kong, además de su embajada en Pekín.

La verdad es que la relación México-China atraviesa una etapa de contrastes. Por un lado, existen oportunidades para ampliar la cooperación económica, tecnológica y diplomática; por otro, los aranceles han abierto una diferencia que Pekín no ha dejado pasar.

El viaje del canciller será, por ello, una primera oportunidad para medir hasta dónde puede llegar el diálogo. México necesita proteger sus industrias y, al mismo tiempo, evitar que la política arancelaria cierre espacios de inversión y cooperación con una de las economías más importantes del mundo.

El encuentro entre Velasco y Wang Yi no resolverá por sí solo esas diferencias, pero puede servir para establecer un tono menos confrontativo. En un momento en que México negocia con sus socios norteamericanos y redefine parte de su estrategia comercial, conservar una relación funcional con China se vuelve más que conveniente: es una pieza importante de su política exterior.