El Gobierno federal destacó nuevos máximos en inversión extranjera directa, empleo y ventas de vehículos, mientras el PIB avanzó 1.4 por ciento en el segundo trimestre; los datos muestran una recuperación importante, aunque también revelan pendientes en materia de informalidad y dinamismo productivo.
La economía mexicana llegó al segundo semestre de 2026 con una combinación de cifras que el Gobierno federal considera favorables. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo destacó este miércoles el máximo histórico de inversión extranjera directa captada durante el primer semestre, el crecimiento trimestral de la economía y un nivel récord de población ocupada.
De acuerdo con la Secretaría de Economía, México recibió 34 mil 968 millones de dólares de inversión extranjera directa entre enero y junio, una cifra 2.1 por ciento superior a la registrada en el mismo periodo de 2025 y el mayor monto para un primer semestre desde que existe la serie. La dependencia señaló que la manufactura fue el principal sector receptor, con 13 mil 482 millones de dólares, equivalentes a 38.6 por ciento del total.
Durante la conferencia matutina, Sheinbaum presentó el dato como una señal positiva para la economía nacional. “Esta es una muy buena noticia, creció la Inversión Extranjera Directa en el primer semestre”, afirmó al repasar los indicadores recientes.
El récord de inversión merece, sin embargo, una lectura más detallada. La mayor parte del flujo correspondió a la reinversión de utilidades, que acumuló 30 mil 957 millones de dólares, equivalentes a 88.5 por ciento del total. Las nuevas inversiones representaron 2 mil 726 millones de dólares, es decir, 7.8 por ciento.
La diferencia es importante porque no toda la IED representa la llegada de capital nuevo a México. Una parte sustancial corresponde a empresas extranjeras que ya operan en el país y decidieron mantener o reinvertir sus ganancias. Aun así, la Secretaría de Economía considera que el resultado confirma la continuidad de una tendencia positiva y la posición de México como uno de los principales destinos de inversión internacional.
Estados Unidos se mantuvo como el principal origen de esos recursos, con 16 mil 871 millones de dólares, equivalentes a 48.2 por ciento del total. España aportó 4 mil 954 millones, Canadá 1 mil 741 millones, Australia 1 mil 698 millones y Alemania 1 mil 647 millones. En conjunto, esos cinco países concentraron 77 por ciento de la inversión extranjera directa recibida durante el primer semestre.
El dato también refleja la importancia de la integración económica de América del Norte. Estados Unidos y Canadá representaron por sí solos 53.2 por ciento de los flujos registrados en México, en un contexto en el que las cadenas de suministro regionales continúan siendo un factor decisivo para las decisiones de las empresas.
La manufactura encabezó los sectores receptores de inversión y registró un crecimiento de 9.3 por ciento respecto al primer semestre de 2025. Dentro de esa actividad destacó el aumento de los recursos destinados a la fabricación de equipos de computación, comunicación y componentes electrónicos, además de industrias metálicas básicas y maquinaria y equipo.
El segundo indicador destacado por la presidenta fue el crecimiento del Producto Interno Bruto. El INEGI confirmó que la economía mexicana avanzó 1.4 por ciento durante el segundo trimestre de 2026 frente al trimestre anterior, con cifras desestacionalizadas y en términos reales.
El resultado es particularmente relevante porque llegó después de una contracción de 0.3 por ciento en el primer trimestre. Además, el crecimiento de abril a junio fue el mejor desempeño trimestral desde el primer trimestre de 2022, aunque quedó ligeramente por debajo de la estimación oportuna de 1.5 por ciento publicada originalmente por el INEGI.
En términos anuales, el PIB creció 1.9 por ciento durante el segundo trimestre. Para el conjunto del primer semestre, el avance fue de 1.2 por ciento frente al mismo periodo de 2025.
La recuperación no fue uniforme. Las actividades primarias crecieron 2.4 por ciento en términos trimestrales, mientras las actividades secundarias avanzaron 1.4 por ciento y las terciarias también aumentaron 1.4 por ciento. El desempeño muestra una economía que recuperó terreno, aunque todavía con diferencias importantes entre sectores.
El empleo ofreció otra señal favorable. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo reportó que durante el segundo trimestre había alrededor de 60 millones de personas ocupadas en México, un máximo histórico. Frente al primer trimestre, la población ocupada aumentó en 487 mil personas, mientras que en comparación con el mismo trimestre de 2025 el incremento fue de aproximadamente 599 mil.
La cifra puede parecer contundente, pero nuevamente requiere contexto. La tasa de desocupación se mantuvo en 2.7 por ciento de la población económicamente activa, prácticamente en el mismo nivel que un año antes.
Además, la informalidad laboral alcanzó 55.1 por ciento durante el segundo trimestre, ligeramente por encima del 54.8 por ciento registrado un año antes. Es decir, el país tiene más personas ocupadas, pero una parte importante de ese crecimiento continúa produciéndose fuera de la formalidad.
De acuerdo con información del INEGI analizada por La Jornada, de los casi 599 mil empleos adicionales registrados frente al segundo trimestre de 2025, alrededor de 495 mil correspondieron a ocupaciones informales. La cifra obliga a mirar el récord de empleo con cierta cautela: crear puestos de trabajo es positivo, pero su calidad y acceso a seguridad social también forman parte del desempeño económico.
El sector servicios concentró buena parte del incremento de la ocupación, seguido por construcción, restaurantes y alojamiento, manufactura y comercio. El comportamiento de los servicios coincidió además con un periodo de intensa actividad económica relacionada con la celebración del Mundial de futbol de 2026, que tuvo sedes en México, Estados Unidos y Canadá.
El consumo de los hogares fue otro de los indicadores que la presidenta colocó entre las señales favorables. El Gobierno reportó un crecimiento anual de 2.3 por ciento en el consumo de los hogares durante los últimos 12 meses, lo que, a su juicio, muestra una tendencia ascendente de la demanda interna.
El comportamiento del consumo resulta relevante porque constituye uno de los principales motores de la economía. Cuando las familias mantienen capacidad para comprar bienes y servicios, el efecto se transmite a comercios, restaurantes, transporte y otras actividades. Pero también aquí conviene evitar una lectura demasiado triunfalista: el consumo no avanza de manera idéntica en todos los segmentos y su evolución depende de factores como salarios, empleo, inflación, crédito y confianza de los consumidores.
El mercado automotriz ofreció otra cifra récord. Entre enero y julio se comercializaron 885 mil 353 vehículos ligeros, 5 por ciento más que en el mismo periodo de 2025. De acuerdo con los registros de la industria y del INEGI, se trata del mayor volumen de ventas para un periodo enero-julio desde que existe la serie histórica.
El crecimiento del mercado interno, sin embargo, contrasta con un desempeño más débil de la producción nacional. Durante los primeros siete meses del año se fabricaron 2 millones 298 mil 977 vehículos ligeros, una disminución de 0.7 por ciento frente al mismo periodo de 2025. Las exportaciones también retrocedieron ligeramente, 0.3 por ciento en el acumulado enero-julio.
Ese contraste resulta significativo. Los mexicanos están comprando más vehículos, pero la expansión de las ventas internas no se está traduciendo automáticamente en un aumento de la producción instalada en el país. Una parte importante del crecimiento de las ventas corresponde a unidades importadas.
El mercado automotriz ofrece así una fotografía más compleja de la economía mexicana: mayor demanda interna, pero también presión sobre la producción y las exportaciones. Para la industria nacional, el desafío será aprovechar el crecimiento del consumo y, al mismo tiempo, mantener competitividad dentro de las cadenas regionales de suministro.
En conjunto, los datos presentados por el Gobierno dibujan un escenario de recuperación después de la contracción registrada durante el primer trimestre. La inversión extranjera alcanzó un récord, el PIB recuperó dinamismo, el empleo llegó a un máximo histórico y el mercado automotriz mantuvo una expansión importante.
Pero los mismos números muestran que todavía existen zonas de preocupación. La informalidad laboral sigue por encima de la mitad de la población ocupada, la producción automotriz disminuye ligeramente y la mayor parte de la IED corresponde a reinversión de utilidades, no a nuevos proyectos.
También queda por comprobar si el crecimiento del segundo trimestre puede mantenerse durante la segunda mitad del año. Analistas de instituciones como BBVA Research habían advertido que parte del impulso observado en el segundo trimestre podía ser transitorio y que, una vez disipados algunos factores extraordinarios, la demanda interna podría recuperar un ritmo más moderado.
Eso coloca al Gobierno ante una tarea doble. Por un lado, aprovechar el interés de los inversionistas y el buen comportamiento de determinados sectores para consolidar nuevas capacidades productivas. Por otro, conseguir que el crecimiento se traduzca en empleos formales, mejores ingresos y mayor productividad.
La cifra de 34 mil 968 millones de dólares de IED representa, sin duda, una buena noticia para México. También lo es alcanzar 60 millones de personas ocupadas y registrar un crecimiento trimestral de 1.4 por ciento después de una contracción.
La verdadera prueba, sin embargo, será la permanencia de esa tendencia. Un trimestre sólido y un récord de inversión son señales alentadoras, pero no constituyen por sí mismos una garantía de crecimiento sostenido. La economía mexicana necesitará convertir esos flujos de capital, empleos y consumo en mayor productividad, inversión nueva y mejores condiciones laborales.
Por ahora, los indicadores permiten hablar de una recuperación que tomó fuerza durante el segundo trimestre. El reto para los próximos meses será comprobar si ese impulso puede convertirse en una trayectoria más firme y menos dependiente de factores temporales.


