La llegada de grandes inversiones tecnológicas coloca a México ante una paradoja: el país busca convertirse en un polo de centros de datos e inteligencia artificial, pero la infraestructura eléctrica todavía no crece al ritmo de esa demanda.
México está ganando terreno en la carrera por atraer centros de datos, pero el crecimiento acelerado de esta industria empieza a encontrarse con un obstáculo difícil de ignorar: la capacidad de la red eléctrica.
Querétaro concentra buena parte de esta expansión. De acuerdo con información de la Asociación Mexicana de Centros de Datos (MEXDC), difundida por El Economista, la entidad concentraba en mayo de 2026 alrededor de 72 por ciento de los 279 megawatts instalados para operar centros de datos en el país. Además, la asociación estimaba que la capacidad en Querétaro podría alcanzar cerca de mil 300 megawatts hacia 2031.
El atractivo es evidente. La ubicación del estado, su cercanía con la Ciudad de México, su conectividad y una relativamente baja exposición a fenómenos sísmicos han favorecido la llegada de inversiones. Empresas como Amazon, Microsoft, Equinix, Ascenty y CloudHQ han colocado a la entidad en el mapa de la infraestructura digital.
El tamaño de los nuevos proyectos ayuda a entender el desafío. El Gobierno de México informó que CloudHQ contempla una inversión de 4 mil 800 millones de dólares para construir seis centros de datos en Querétaro, con una capacidad eléctrica total proyectada de hasta 900 megawatts. El proyecto prevé utilizar sistemas de refrigeración sin agua y contar con certificaciones de sostenibilidad.
Pero una cosa es construir los edificios y otra garantizar que exista electricidad suficiente para mantenerlos funcionando de manera estable. Y es precisamente ahí donde aparece el cuello de botella.
Adriana Rivera, directora de la MEXDC, resumió el problema en una frase citada por AFP: “Nos falta potencia”. La asociación sostiene que, por ahora, la disponibilidad energética limita el avance hacia instalaciones especialmente orientadas al procesamiento de datos y modelos de inteligencia artificial, cuyas necesidades de electricidad son considerablemente mayores.
El problema tampoco puede reducirse a los apagones que padecen algunas comunidades. Especialistas consultados por AFP y otros medios han señalado que los centros de datos y los hogares no necesariamente compiten de manera directa por el mismo suministro; sin embargo, ambos forman parte de un sistema eléctrico que necesita más infraestructura para responder al crecimiento de la demanda.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha advertido que la demanda eléctrica mexicana mantiene una trayectoria ascendente. En un análisis publicado en 2025, el organismo señaló que el consumo bruto del Sistema Eléctrico Nacional había alcanzado 359 mil 807 gigawatts-hora en 2024 y estimó un crecimiento sostenido de la demanda durante los siguientes años.
El reto, por tanto, no consiste únicamente en producir más electricidad. También es necesario transportar esa energía mediante líneas de transmisión y distribuirla en los lugares donde se concentra la nueva actividad industrial. Como ha señalado el IMCO, la inversión en infraestructura eléctrica será determinante para evitar que las restricciones de la red terminen convirtiéndose en un freno para la competitividad.
La industria intenta adelantarse al problema. Los desarrolladores de centros de datos están construyendo subestaciones y otras instalaciones para atender sus necesidades específicas. El Gobierno mexicano también ha informado de proyectos destinados a reforzar el suministro. En el caso de CloudHQ, por ejemplo, se señaló que los primeros 200 megawatts de su proyecto tendrían energía asegurada mediante trabajos coordinados con la Comisión Federal de Electricidad y el Centro Nacional de Control de Energía.
Sin embargo, la velocidad de las inversiones plantea una pregunta más incómoda: ¿puede la infraestructura pública avanzar con suficiente rapidez para acompañar una industria que cambia a toda velocidad?
La inteligencia artificial vuelve todavía más compleja esa ecuación. Los centros de datos tradicionales ya requieren grandes cantidades de electricidad, pero las cargas de trabajo asociadas con inteligencia artificial pueden incrementar notablemente la densidad energética de las instalaciones. La MEXDC ha advertido precisamente sobre este cambio tecnológico y sus consecuencias para la planeación eléctrica.
A esto se suma otro recurso estratégico: el agua. Querétaro enfrenta condiciones de estrés hídrico y el crecimiento de los centros de datos ha abierto un debate sobre cuánto recurso pueden demandar estas instalaciones. La preocupación ha llevado a algunos proyectos a adoptar tecnologías de enfriamiento que reducen o eliminan el uso de agua.
Microsoft, por ejemplo, ha explicado que sus instalaciones utilizan sistemas que permiten recurrir al agua solo durante una fracción del año, mientras que durante el resto del tiempo emplean aire exterior para la refrigeración. El diseño tecnológico puede reducir la presión sobre el recurso, aunque no elimina el debate sobre la disponibilidad de agua en una región que ya enfrenta restricciones.
Y mientras las grandes inversiones prometen empleos, infraestructura y una mayor integración de México a la economía digital, en algunas comunidades de Querétaro la discusión se vive desde una perspectiva mucho más cotidiana. Los cortes de electricidad pueden significar alimentos echados a perder, medicamentos que requieren refrigeración o equipos médicos que dejan de funcionar.
Ese contraste explica buena parte de la tensión. Por un lado, México busca convertirse en una plataforma para la nube, la inteligencia artificial y los servicios digitales que demanda la economía mundial. Por otro, algunas localidades todavía enfrentan problemas básicos para disponer de electricidad de manera continua.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha advertido que los centros de datos no deben considerarse una solución automática para el desarrollo económico y ha llamado la atención sobre su elevado consumo de energía y agua. La postura refleja un dilema que será cada vez más difícil de esquivar: atraer inversión tecnológica puede generar beneficios económicos importantes, pero también obliga a garantizar que la infraestructura y los recursos disponibles sean suficientes.
La oportunidad para México es considerable. La expansión de los centros de datos puede acompañar el crecimiento del comercio digital, la computación en la nube y la inteligencia artificial, además de reforzar la posición del país frente al nearshoring y la integración económica con Estados Unidos.
Pero el desafío también es evidente. Si la electricidad se convierte en el recurso escaso, el país podría tener edificios listos, capital disponible y empresas interesadas, pero sin la potencia necesaria para poner en marcha los proyectos.
La carrera tecnológica, en otras palabras, no se ganará únicamente construyendo centros de datos. También dependerá de que México sea capaz de construir a tiempo las redes, subestaciones y sistemas de generación que permitan mantener encendida esa nueva economía digital.


