Ocho países musulmanes rechazan planes israelíes para desplazar a palestinos de Gaza

Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Indonesia y Turquía rechazaron las propuestas de ministros israelíes para promover la salida de palestinos de Gaza, mientras Washington asegura que no existe un plan para expulsarlos por la fuerza.

La posibilidad de un desplazamiento masivo de palestinos de la Franja de Gaza volvió a provocar una fuerte reacción internacional. Ocho países de mayoría musulmana condenaron este domingo las recientes declaraciones de los ministros israelíes Israel Katz e Itamar Ben Gvir, quienes han planteado mecanismos para favorecer la salida de la población palestina del territorio.

Los ministros de Exteriores de Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Indonesia y Turquía calificaron las propuestas como una amenaza directa para los derechos de los palestinos y advirtieron que cualquier intento de imponer un desplazamiento forzado tendría graves consecuencias para la estabilidad regional.

En un comunicado conjunto difundido por el Ministerio de Exteriores de Qatar, los ocho gobiernos señalaron que las propuestas de Katz y Ben Gvir vulneran principios del derecho internacional y del derecho internacional humanitario. También defendieron que Gaza forma parte del territorio palestino ocupado y rechazaron cualquier intento de alterar su composición demográfica.

La declaración surgió después de que Israel Katz, ministro de Defensa, afirmara esta semana que no existe una solución definitiva para Gaza sin una migración de palestinos fuera del territorio. Katz también sostuvo que Israel estaría preparado para facilitar salidas por tierra, mar y aire.

Un día después, Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional y dirigente de la ultraderecha israelí, presentó un proyecto de siete años para promover lo que denomina “emigración voluntaria” de la población de Gaza. Según reportes de medios israelíes, su propuesta contempla facilitar la salida de unos 250 mil palestinos durante el primer año y continuar posteriormente con el resto de la población.

La diferencia entre “emigración voluntaria” y desplazamiento forzado se convirtió precisamente en uno de los puntos centrales de la controversia. Los gobiernos árabes y musulmanes sostienen que las circunstancias de Gaza hacen imposible considerar esas propuestas como una simple decisión individual de abandonar el territorio.

La posición de Washington, mientras tanto, busca establecer una distancia respecto de esas iniciativas. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, declaró el sábado que no existe un plan israelí para expulsar contra su voluntad a los palestinos de Gaza. Reuters confirmó que el diplomático hizo esta declaración durante una visita a la localidad palestina de Turmus Ayya, en Cisjordania.

Huckabee afirmó que cualquier persona que quiera abandonar Gaza debería tener derecho a hacerlo, pero rechazó que se obligue a los palestinos a salir. La declaración adquiere importancia porque las propuestas de Katz y Ben Gvir han generado dudas sobre hasta qué punto cuentan con respaldo estadounidense.

El tema también pone bajo presión el plan de paz impulsado por Donald Trump. Los ocho países señalaron que las iniciativas israelíes contradicen el proyecto estadounidense para poner fin a la guerra en Gaza, particularmente su rechazo al desplazamiento forzado de la población palestina.

La controversia llega, además, en plena campaña electoral israelí. El país celebrará elecciones generales el 27 de octubre, y las posiciones de los sectores ultranacionalistas han adquirido especial visibilidad durante la disputa política.

Ben Gvir, uno de los principales representantes de la extrema derecha israelí, ha convertido la emigración de palestinos de Gaza en una de sus propuestas políticas. Katz, aunque pertenece a un sector distinto del gobierno, también ha insistido públicamente en la necesidad de promover la salida de habitantes del territorio.

La cuestión resulta especialmente sensible por la magnitud de la población afectada. Más de dos millones de palestinos viven en Gaza, un territorio devastado por la guerra y sometido a desplazamientos internos masivos desde el inicio del conflicto. Para sus vecinos árabes, cualquier intento de expulsión permanente podría transformar de manera irreversible el mapa político de la región.

Los ocho países también reafirmaron su respaldo a una solución de dos Estados y pidieron a la comunidad internacional, particularmente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que impida cualquier intento de establecer una nueva realidad territorial o demográfica en los territorios palestinos.

El rechazo diplomático se suma a las advertencias que organizaciones internacionales han formulado durante el conflicto sobre las consecuencias legales de un desplazamiento forzado. El derecho internacional humanitario establece importantes restricciones sobre el traslado de poblaciones civiles durante conflictos armados.

Por ahora, las declaraciones de los ministros israelíes no equivalen a la puesta en marcha de un programa de expulsión. El propio embajador estadounidense ha negado que exista un plan para obligar a los palestinos a abandonar Gaza. Pero la insistencia pública de funcionarios israelíes en promover su salida mantiene abierta una de las cuestiones más delicadas de la guerra.

El escenario, además, ocurre mientras continúan los esfuerzos diplomáticos para consolidar una salida al conflicto. Las propuestas sobre el futuro de Gaza, quién gobernará el territorio y qué ocurrirá con su población se han convertido en asuntos inseparables de cualquier negociación de paz.

La disputa sobre el desplazamiento palestino, por tanto, no es solamente una diferencia entre gobiernos. Es una batalla sobre el futuro de Gaza y sobre la posibilidad de reconstruir el territorio sin alterar de manera permanente la composición de su población. Por eso la reacción de los ocho países musulmanes tiene un alcance que va mucho más allá de una condena diplomática.