El virus Powassan sigue siendo una infección poco frecuente, pero el aumento de casos y la detección del virus en nuevas poblaciones de garrapatas refuerzan la necesidad de vigilancia epidemiológica, especialmente ante cuadros febriles acompañados de síntomas neurológicos.

Hay enfermedades que durante décadas permanecen casi ocultas hasta que algo cambia en el entorno. El virus Powassan pertenece a esa categoría. Es poco conocido fuera de los círculos médicos, se transmite principalmente por la picadura de garrapatas infectadas y puede provocar una enfermedad neurológica grave. En los últimos años, sin embargo, los casos registrados en Estados Unidos han aumentado y el virus ha sido identificado en zonas donde anteriormente no se había documentado.

Los datos más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestran la dimensión del problema. En 2024 se notificaron 60 casos de enfermedad por virus Powassan en el país; todos correspondieron a formas neuroinvasivas y nueve personas fallecieron. Los casos se distribuyeron en 45 condados de diez estados. Minnesota y Wisconsin, además, registraron conjuntamente un aumento relativo del 160 % entre 2023 y 2024.

La enfermedad no debe confundirse con una infección común causada directamente por una garrapata. El virus circula principalmente entre estos artrópodos y pequeños mamíferos, como ratones y otros roedores. Las personas son huéspedes accidentales y, salvo situaciones excepcionales como una transfusión sanguínea, no transmiten el virus a otras personas.

El riesgo adquiere una dimensión especial por la rapidez con la que puede pasar de un cuadro aparentemente inespecífico a una infección cerebral. Los primeros síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza, vómitos y debilidad. En los casos graves aparecen confusión, pérdida de coordinación, dificultades para hablar, convulsiones y otros signos compatibles con encefalitis o meningitis.

Los CDC estiman que aproximadamente una de cada diez personas con enfermedad neuroinvasiva por Powassan muere y que cerca de la mitad de quienes sobreviven pueden presentar secuelas neurológicas prolongadas. Entre ellas se encuentran problemas de memoria, debilidad muscular, pérdida de fuerza y dolores de cabeza recurrentes. No existe actualmente una vacuna ni un medicamento específico para prevenir o tratar la infección.

La geografía también merece atención. Los casos estadounidenses se concentran principalmente en el noreste y la región de los Grandes Lagos. Pero una investigación publicada en septiembre de 2026 en la revista Emerging Infectious Diseases documentó por primera vez la presencia del virus Powassan en poblaciones de garrapatas Ixodes scapularis recolectadas durante 2025 en dos sitios del norte de Illinois. El hallazgo adquiere relevancia porque Illinois ya había registrado un primer caso humano conocido.

Eso no significa que el virus esté avanzando de manera uniforme hacia las grandes ciudades ni que cada garrapata represente una amenaza inmediata. La evidencia obliga a ser más precisos. Lo que sí está documentado es una ampliación de la vigilancia y una presencia del virus en nuevos territorios y poblaciones de vectores.

El clima forma parte de esa ecuación, aunque no es el único factor. Los CDC señalan que las variaciones climáticas pueden modificar la distribución de garrapatas y otros vectores, pero también intervienen el uso del suelo, la urbanización, la disponibilidad de hospedadores, las condiciones socioeconómicas y las respuestas humanas. Una revisión científica publicada en 2025 también relacionó el cambio ambiental y la transformación de los hábitats con posibles cambios en la distribución de los vectores de Powassan.

La urbanización añade una dificultad inesperada. La fragmentación de bosques y espacios naturales puede favorecer determinadas especies de pequeños mamíferos que sirven como hospedadores del virus, mientras las personas mantienen un contacto creciente con áreas donde circulan garrapatas. No se trata, por tanto, de imaginar un virus que de repente «invade» las ciudades, sino de entender cómo cambia gradualmente el espacio compartido entre animales, vectores y población humana.

La verdad es que el mayor desafío puede estar en reconocer la enfermedad a tiempo. Los propios CDC recomiendan considerar Powassan ante una enfermedad febril o neurológica aguda cuando existe antecedente de exposición a garrapatas en una zona donde circula el virus. Esa información puede parecer un detalle menor, pero para el diagnóstico puede ser decisiva.

Por ahora, la prevención continúa dependiendo de medidas conocidas: evitar las picaduras, revisar el cuerpo después de permanecer en áreas con vegetación, utilizar repelentes adecuados y retirar las garrapatas adheridas cuanto antes. Al mismo tiempo, la vigilancia de los vectores y el seguimiento de los casos humanos adquieren mayor importancia conforme cambia el entorno.

Powassan sigue siendo una enfermedad rara. Precisamente por eso puede pasar inadvertida. Su gravedad, la ausencia de tratamiento específico y la posibilidad de secuelas permanentes justifican que los sistemas sanitarios no esperen a que los casos se multipliquen para prestar atención. En las enfermedades transmitidas por vectores, detectar un cambio pequeño a tiempo puede ser mucho más valioso que reaccionar cuando ya se ha convertido en una tendencia.