El hallazgo de acumulaciones naturales de hidrógeno en el subsuelo está abriendo una nueva posibilidad energética, aunque la ciencia todavía debe determinar cuánto gas puede extraerse de manera rentable y si estos recursos pueden alcanzar una escala capaz de competir con las formas actuales de producción.
Durante años, hablar de hidrógeno como combustible implicaba hablar de producirlo. Había que utilizar electricidad para separar el agua mediante electrólisis o recurrir a combustibles fósiles mediante procesos industriales que generan emisiones. Ahora, una posibilidad diferente está ganando atención: encontrar hidrógeno que la propia Tierra haya producido y almacenado bajo nuestros pies.
Se conoce como hidrógeno natural, geológico, blanco o, en algunos contextos, dorado. Es hidrógeno molecular que se forma mediante procesos naturales en el subsuelo y puede acumularse en rocas porosas cuando existen estructuras capaces de retenerlo. La idea parece sencilla, pero durante mucho tiempo predominó entre los geólogos la sospecha de que el gas, debido a su enorme movilidad y reactividad, difícilmente permanecería concentrado durante periodos suficientemente largos como para convertirse en un recurso energético.
Los descubrimientos realizados durante los últimos años han obligado a revisar esa hipótesis. Uno de los casos más estudiados se encuentra en Bourakebougou, Mali. Una investigación publicada en Scientific Reports documentó 25 perforaciones con presencia de hidrógeno y confirmó que uno de los pozos había sido utilizado para generar electricidad para una comunidad local. Los investigadores también encontraron evidencias de que el yacimiento puede recibir una recarga natural de gas rico en hidrógeno.
El interés no se limita a África occidental. En enero de 2025, el Servicio Geológico de Estados Unidos publicó el primer mapa nacional de prospectividad de hidrógeno geológico. El estudio identificó varias regiones donde coinciden tres elementos fundamentales: una fuente capaz de generar hidrógeno, rocas que puedan almacenarlo y estructuras que funcionen como sello para impedir que escape.
El mapa incluye zonas del centro del país, los estados de Four Corners, la costa de California y sectores de la costa oriental. Pero existe una diferencia crucial entre «zona prometedora» y «yacimiento descubierto». El propio Servicio Geológico estadounidense advierte que la exploración se encuentra todavía en una etapa temprana y que los hallazgos de concentraciones elevadas siguen siendo relativamente poco frecuentes.
La magnitud potencial resulta, sin embargo, extraordinaria. Un modelo citado por el Servicio Geológico de Estados Unidos estima que podría haber millones de millones de toneladas métricas de hidrógeno natural acumuladas en la corteza terrestre. La cifra debe interpretarse con enorme cautela: el propio organismo reconoce una incertidumbre considerable y señala que una parte importante de ese hidrógeno probablemente se encuentre demasiado profunda, demasiado lejos de las costas o en acumulaciones demasiado pequeñas para resultar económicamente recuperable.
Ahí está el verdadero desafío. Encontrar hidrógeno no equivale a disponer de una fuente energética comercial. El gas es extremadamente ligero y móvil, por lo que necesita condiciones geológicas muy particulares para permanecer atrapado. Una investigación publicada en el International Journal of Hydrogen Energy sobre Bourakebougou mostró precisamente la importancia de las rocas de cobertura y de los sistemas de sellado para conservar grandes volúmenes del recurso.
La extracción tampoco sería gratuita. Aunque no requiere producir hidrógeno mediante electrólisis, sí necesita perforaciones, estudios geológicos, infraestructura de separación, compresión, transporte y sistemas de seguridad. Además, todavía falta conocer con suficiente precisión cuánto puede producir un yacimiento durante décadas y a qué ritmo se repone naturalmente.
Una revisión científica publicada en 2026 en Earth-Science Reviews confirma que persisten importantes incógnitas sobre prácticamente todo el ciclo del hidrógeno geológico: cómo se genera, cómo migra, dónde se acumula y cómo identificarlo con técnicas de exploración fiables. Sus autores recomiendan combinar estudios sísmicos, gravimétricos, magnéticos y electromagnéticos para reducir las incertidumbres.
La verdad es que el hidrógeno natural no está preparado todavía para sustituir a las fuentes actuales de hidrógeno. La Agencia Internacional de Energía señala que la producción mundial de hidrógeno continúa concentrada en usos industriales tradicionales y que el hidrógeno de bajas emisiones apenas representa una pequeña fracción de la producción total.
Pero la posibilidad merece atención. Si determinados depósitos demostraran ser grandes, accesibles, productivos y capaces de mantener una extracción sostenible, el panorama energético podría cambiar. En lugar de fabricar cada molécula de hidrógeno, una parte podría obtenerse directamente del subsuelo.
Ese escenario todavía pertenece al terreno de la exploración. La verdadera revolución no llegará cuando aparezcan mapas llenos de manchas prometedoras, sino cuando los primeros yacimientos comerciales demuestren que pueden producir hidrógeno de forma segura, continua y competitiva. La Tierra parece esconder una reserva que apenas comenzamos a comprender. Ahora falta saber si puede convertirse realmente en energía.


