Puebla apuesta por los clústeres para atraer inversión y elevar su competitividad

Puebla busca convertir la colaboración entre empresas, universidades y gobierno en una herramienta para elevar la productividad, integrar a las MiPyMES en cadenas de valor y atraer nuevas inversiones a sectores estratégicos.

Puebla intenta dar un nuevo impulso a su economía mediante una estrategia que busca dejar atrás el trabajo aislado entre empresas y construir redes de colaboración capaces de generar más productividad, innovación e inversiones. La apuesta tiene un nombre concreto: clusterización.

El secretario de Desarrollo Económico y Trabajo de Puebla, Víctor Gabriel Chedraui, sostiene que el estado cuenta actualmente con un ecosistema de 25 clústeres y que estos sectores representan una parte relevante de la actividad económica y del empleo formal de la entidad.

La estrategia consiste en reunir a empresas que participan en una misma cadena de valor y vincularlas con universidades y autoridades. De acuerdo con la definición establecida en la legislación estatal, un clúster integra a proveedores, empresas relacionadas, instituciones académicas y gobierno para desarrollar acciones conjuntas que eleven la competitividad de una industria.

La Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo señala que el ecosistema estatal actualmente agrupa a más de mil empresas y 107 universidades. El propio gobierno identifica entre los beneficios de este modelo una mayor productividad, transferencia de conocimiento y tecnología, formación de talento, atracción de inversiones y acceso a nuevos mercados.

La diferencia puede parecer administrativa, pero en la práctica tiene consecuencias importantes. Una pequeña empresa que por sí sola no tiene capacidad para desarrollar tecnología, capacitar personal o encontrar nuevos clientes puede hacerlo mediante una red donde comparte conocimientos, proveedores y oportunidades con compañías de mayor tamaño.

La política estatal se articula alrededor de cuatro ejes: innovación, sustentabilidad, vinculación y desarrollo. Además, la Ley de Desarrollo Económico Sustentable de Puebla, cuya última reforma fue publicada en abril de 2026, reconoce a los clústeres como instrumentos para impulsar la productividad y competitividad.

El marco jurídico contempla incluso mecanismos de apoyo para proyectos de investigación, innovación, capacitación, sustentabilidad, desarrollo tecnológico y fortalecimiento productivo. También establece que los clústeres pueden informar a las autoridades sobre oportunidades de inversión detectadas dentro de sus cadenas de valor.

Uno de los objetivos centrales es que esta estructura permita a Puebla aprovechar mejor la relocalización de cadenas productivas. El estado tiene una posición favorable para ello por su cercanía con el mercado estadounidense, su infraestructura industrial y su experiencia manufacturera, particularmente en el sector automotor.

El gobierno estatal también está desarrollando polos de desarrollo orientados a tecnología, sostenibilidad y economía circular. En julio de 2026 instaló un comité técnico para administrar estos proyectos, con incentivos destinados a facilitar nuevas inversiones y promover capacitación, innovación y educación dual.

Pero la estrategia no pretende quedarse en la industria automotriz. Puebla ha ampliado su mapa de especialización hacia sectores como el agroalimentario, textil y de confección, tecnologías de la información y servicios empresariales, energía, educación y desarrollo de talento, muebles, turismo, mármol y ónix.

También existen iniciativas vinculadas con turismo médico, agave y mezcal, flores de ornato en la región de Atlixco y actividades económicas de la Sierra Norte y Cholula. Esa diversificación puede resultar especialmente útil para reducir la dependencia de unos cuantos sectores y generar oportunidades en distintas regiones del estado.

Uno de los datos que el gobierno utiliza para medir el avance de esta política está relacionado con la industria textil. Según la Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo, el valor de producción del sector pasó de registrar una caída de 4.5 por ciento a presentar un crecimiento de 27.6 por ciento. La cifra corresponde a los indicadores citados por el propio gobierno estatal, por lo que será importante observar si esa tendencia se mantiene en mediciones posteriores.

Las micro, pequeñas y medianas empresas ocupan otro lugar central en la estrategia. Estas unidades representan prácticamente la totalidad de los establecimientos económicos del país y tienen un papel decisivo en la generación de empleo. Integrarlas a las cadenas de suministro de compañías grandes puede permitirles acceder a nuevos clientes y elevar sus estándares productivos.

El reto está precisamente ahí. Crear un clúster no garantiza por sí mismo que lleguen inversiones o que aumente la productividad. Para que el modelo funcione se necesita que las empresas compartan información, que las universidades formen trabajadores con las capacidades que requiere la industria y que el gobierno mantenga reglas claras y apoyos que no dependan de coyunturas políticas.

La vinculación educativa será particularmente importante. La estrategia estatal contempla que las necesidades de las empresas puedan traducirse en nuevos programas académicos, capacitación especializada y proyectos de investigación aplicada. La intención es reducir una de las dificultades más frecuentes de la industria: encontrar personal con las habilidades técnicas que exige una economía cada vez más sofisticada.

En mayo de 2026, el gobierno de Puebla informó además sobre una alianza con 25 instituciones de educación superior para fortalecer la relación entre educación, empleo y desarrollo económico regional. Este tipo de iniciativas encaja con la lógica de los clústeres, donde la universidad deja de ser un actor distante y se convierte en parte de la cadena productiva.

La apuesta de Puebla llega en un momento en el que las empresas mexicanas buscan aprovechar el nearshoring y los cambios en las cadenas globales de suministro. Para competir por esos proyectos no basta con ofrecer terrenos o incentivos. También se necesitan proveedores locales capaces de cumplir estándares internacionales, talento especializado, infraestructura y capacidad de innovación.

Por eso la clusterización puede convertirse en algo más que una etiqueta para agrupar empresas. Si logra consolidarse, puede funcionar como una especie de puente entre la gran industria y los negocios pequeños, entre las universidades y las fábricas, y entre las capacidades locales y los mercados internacionales.

Puebla ya dio el paso de organizar esa red. El desafío para los próximos años será demostrar que la colaboración puede traducirse en mejores empleos, mayor productividad y nuevas inversiones. La oportunidad está sobre la mesa; ahora toca convertir las sinergias en resultados que puedan medirse más allá de los anuncios.