El momento de despertar influye en cuánto recordamos de nuestros sueños
Notipress.- Recordar un sueño al abrir los ojos y olvidarlo pocos minutos después es una experiencia frecuente. Aunque las imágenes, conversaciones o situaciones vividas mientras dormimos pueden parecer intensas, el cerebro no siempre consigue conservarlas como recuerdos duraderos. La explicación se relaciona con el funcionamiento de la memoria durante el sueño y las condiciones en las que ocurre el despertar.
De acuerdo con el portal Psicología y Mente, la dificultad para recordar los sueños no significa necesariamente que una persona no haya soñado. Durante el descanso, los mecanismos que permiten registrar experiencias en la memoria funcionan de manera diferente a como lo hacen durante la vigilia.
Para que una experiencia pueda recordarse posteriormente, el cerebro necesita codificarla y consolidarla. Sin embargo, durante el sueño estos procesos de registro se encuentran reducidos, lo que dificulta conservar las experiencias oníricas una vez que la persona despierta.
Una de las explicaciones clásicas procede del modelo de despertar y recuperación desarrollado por David Koulack y Donald Goodenough, publicado en Psychological Bulletin en 1976. Los investigadores propusieron que recordar un sueño depende, en parte, de despertar mientras ocurre o poco después de que termina.
Según este planteamiento, permanecer despierto durante un tiempo suficiente favorece la conservación del recuerdo. Por el contrario, volver a dormir inmediatamente puede impedir que la experiencia soñada se consolide en la memoria.
Esta interpretación coincide con observaciones realizadas por William Dement y Nathaniel Kleitman en 1957. En sus experimentos, las personas despertadas durante la fase REM, caracterizada por movimientos oculares rápidos, podían relatar sueños con mayor frecuencia que quienes despertaban varios minutos después de finalizar esa fase.
Memoria
La relación entre el sueño REM y la memoria también tiene una dimensión neuroquímica. Durante esta etapa, los niveles de noradrenalina, un neurotransmisor relacionado con la atención y la formación de recuerdos, son particularmente bajos.
Una de las hipótesis científicas plantea que esa disminución podría dificultar que las experiencias soñadas queden almacenadas. No obstante, se trata de un mecanismo propuesto para explicar el fenómeno, no de una causa única establecida.
Otras investigaciones exploraron la posibilidad de que el olvido durante el descanso sea un proceso activo. En 2019, un equipo encabezado por Shuntaro Izawa y Akihiro Yamanaka publicó en la revista Science un estudio realizado con ratones que identificó neuronas del hipotálamo, especialmente activas durante el sueño REM, relacionadas con la eliminación de información reciente.
Estos resultados sugieren que determinados mecanismos cerebrales podrían favorecer el olvido mientras dormimos. Sin embargo, al proceder de experimentos con animales, no permiten concluir directamente que el mismo proceso explique la desaparición de los recuerdos de los sueños humanos.
Durante el momento del despertar hay otro elemento importante. Los periodos REM suelen prolongarse conforme avanza la noche, por lo que las experiencias soñadas durante las últimas horas del descanso pueden tener mayores posibilidades de ser recordadas.
Además, las investigaciones de Francesca Siclari y colaboradores, publicadas en Nature Neuroscience en 2017, encontraron que también existe actividad onírica durante fases no REM. Sus resultados relacionaron la posibilidad de recordar experiencias soñadas con patrones de actividad en regiones posteriores de la corteza cerebral, independientemente de la fase del sueño.
En conjunto, estas investigaciones muestran que soñar y recordar lo soñado son procesos diferentes. La actividad cerebral durante el descanso puede generar experiencias que no llegan a conservarse en la memoria, mientras que el despertar ofrece una oportunidad para recuperarlas.
Por ello, olvidar un sueño poco después de abrir los ojos no implica que la experiencia no haya ocurrido. Su permanencia en la memoria depende de distintos factores, entre ellos la fase del sueño, la actividad cerebral y el tiempo disponible para recuperar el recuerdo antes de que desaparezca.


