El Obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, apeló a la comunión eclesial, pero mantiene su postura en la disputa con el Opus Dei sobre Torreciudad durante la celebración de la Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe celebrada este sábado en el santuario.
La llegada de esta muestra de piedad popular a Torreciudad este año se produce con motivo del 50 aniversario de la inauguración del templo construido por el Opus Dei y en el contexto de un conflicto que ha marcado las relaciones entre el Obispado y la Prelatura en los últimos años, que llevó al Papa Francisco a nombrar Comisario Pontificio al decano del Tribunal de la Rota Romana, Mons. Alejandro Arellano.
Los peregrinos, junto al prelado, se dirigieron en primer lugar a la ermita originaria a donde, con permiso del Comisario Pontificio y de forma excepcional, se ha trasladado desde el templo nuevo la talla de Nuestra Señora de los Ángeles, a quien se venera desde hace más de mil años en el lugar.
Allí, peregrinos llegados desde diferentes puntos de la diócesis pusieron sobre las manos de la Virgen una cinta con cada una de las advocaciones con las que se tejerá una “manto de la comunión”.
“Ninguna cinta desaparecerá. Ningún nombre se borrará. Ningún pueblo tendrá que dejar de ser quien es. Pero todos quedarán unidos en un mismo manto”, expuso el prelado.
Durante su oración, realizó una petición a la Virgen María: “Une lo que está separado, acerca lo que está distante, cura lo que esté herido, haznos agradecer el bien recibido y enséñanos a caminar juntos”.
Además, Mons. Pérez volvió a compararse con el anciano Eleazar, figura veterotestamentaria con la que ya ha ejemplificado su disposición a dimitir si la imagen de la Virgen de Torreciudad no queda instalada de forma permanente en la antigua ermita, a la que rogó: “Vengo también a presentarte mi humilde petición, para que como el anciano Eleazar me muestra digno de mi labor como pastor, dejando a las siguientes generaciones un ejemplo a la altura de la dignidad de este pueblo”.
La piedad sencilla
Al concluir la oración, se inició una procesión en la que se rezó el Rosario hasta llegar al tempo nuevo. Allí, Mons. Pérez presidió la Misa.
Al inicio de su homilía, señaló en referencia a la Virgen que “una madre tiene esa misteriosa capacidad de hacer sitio a todos sin quitarle a ninguno su nombre, su rostro ni su historia” y subrayó que los diferentes rostros de la realidad diocesana tienen cada uno “su historia y su carisma, pero todos pertenecientes a una sola y misma familia”.
Asimismo, realizó un elogio de la “fecundidad evangélica de lo pequeño” en referencia explícita a la ermita originaria de Torreciudad, y enfatizando que “lo pequeño no es insignificante para Dios”.
En este sentido, añadió: “Necesitamos poder entrar en nuestras ermitas, acercarnos a nuestras imágenes, tocarlas, besarlas, vestirlas, sacarlas en procesión. Necesitamos poder decirle a María lo que quizá no sabemos decir de otra manera. Eso no es una fe de segunda categoría. Es la piedad sencilla de nuestro pueblo”.
Siguiendo este hilo argumental, el prelado también expresó que “la Iglesia no está llamada a arrancar esas raíces, sino a purificarlas, acompañarlas y hacerlas fecundas para el Evangelio”.
Labor del Opus Dei en Torreciudad
El Obispo de Barbastro-Monzón dedicó también unos minutos a destacar “todo el bien que la Prelatura del Opus Dei ha realizado durante estos años en Torreciudad”, señalando que “ese bien es de Dios”.
Además, expresó su deseo de que “el Opus Dei pueda seguir desarrollando aquí su misión y que Torreciudad siga siendo un foco de evangelización mariana y familiar, plenamente integrado en la diócesis”, valorando que, desde que acordara con Mons. Jaime Flores en los años 60 del siglo XX hacerse cargo del lugar, se haya convertido en un “magnífico punto de llegada”, si bien quisiera que “pueda convertirse también en un punto de partida” hacia otros lugares de la diócesis.
Con palabras que rompen con el tono más confrontacional utilizado por Mons. Pérez en otras ocasiones, como en la carta publicada el 31 de agosto, el obispo expresó: “Sumemos. Multipliquemos. Soñemos juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal”.
Para concluir su predicación, en una oración dirigida a la Virgen María, pidió: “Enséñanos a cuidar de lo pequeño sin encerrarnos en nosotros mismos. Enséñanos a sumar carismas instituciones, pueblos y sensibilidades. (…) Que nadie tenga que desaparecer para que todos podamos vivir, amar y servir”.
ACI PRENSA


