Vivir más tiempo con VIH gracias al tratamiento antirretroviral ha transformado el pronóstico de la infección, pero también ha creado un nuevo desafío clínico: atender a una población que envejece con mayor carga de enfermedades crónicas, posibles interacciones medicamentosas y riesgos cardiovasculares que requieren vigilancia permanente.

Durante décadas, hablar de VIH significaba hablar principalmente de una infección potencialmente mortal. Hoy el escenario es distinto. Los tratamientos antirretrovirales permiten que muchas personas con VIH alcancen edades avanzadas y mantengan una carga viral indetectable. El cambio es enorme, pero trae consigo una nueva pregunta: ¿cómo debe cuidarse a quien lleva muchos años viviendo con el virus y ahora enfrenta también los procesos propios del envejecimiento?

El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos señala que más de la mitad de las personas con VIH en ese país tenían 50 años o más en 2022. La tendencia también aparece a escala mundial. ONUSIDA estima que alrededor de una cuarta parte de las personas que viven con VIH tienen más de 50 años. La expansión del tratamiento ha permitido sobrevivir y envejecer, pero la atención médica debe adaptarse a esa nueva realidad.

Uno de los aspectos más estudiados es la llamada inmunosenescencia, el conjunto de cambios que experimenta el sistema inmunológico con la edad. En las personas que han vivido durante largos periodos con VIH pueden coexistir el envejecimiento natural del sistema inmune y una activación inmunológica persistente relacionada con la infección. ONUSIDA identifica precisamente la activación inmunitaria crónica, junto con el envejecimiento, como uno de los factores que contribuyen al aumento de enfermedades no transmisibles en esta población.

Eso no significa que todos los pacientes con VIH envejezcan de manera prematura ni que las complicaciones sean inevitables. El control viral cambia sustancialmente el panorama. Sin embargo, pueden aparecer con mayor frecuencia problemas como hipertensión, diabetes, enfermedad renal, cáncer, deterioro neurocognitivo y enfermedad cardiovascular. El desafío consiste en detectarlos a tiempo y tratarlos sin perder de vista el control del VIH.

Ahí surge uno de los problemas más delicados: la polifarmacia. Una persona mayor puede necesitar medicamentos para la presión arterial, colesterol, diabetes, corazón o dolor, además de su tratamiento antirretroviral. Cada fármaco añadido aumenta la posibilidad de interacciones. Una revisión publicada en 2024 sobre adultos mayores con VIH advierte que los antirretrovirales pueden interactuar con numerosos medicamentos utilizados para tratar enfermedades frecuentes en la vejez y que, en determinados casos, es necesario ajustar dosis, cambiar tratamientos o intensificar la vigilancia clínica.

La prevención cardiovascular ocupa un lugar especialmente importante. El VIH puede contribuir a una inflamación y activación inmunológica persistentes, mientras que factores como hipertensión, tabaquismo, diabetes, colesterol elevado, sedentarismo y edad incrementan el riesgo. El NIH reconoce que tanto la infección como algunos medicamentos contra el VIH pueden influir en el riesgo cardiovascular. Por eso, controlar la presión arterial, el colesterol, la glucosa, el peso y el consumo de tabaco forma parte de una atención integral.

La prevención tampoco consiste en suspender o modificar por cuenta propia los antirretrovirales. El tratamiento continúa siendo fundamental y debe individualizarse. El NIH recomienda que la elección del régimen considere las enfermedades coexistentes, otros medicamentos, la rutina y las necesidades particulares de cada persona. Una interrupción no supervisada puede tener consecuencias graves para el control de la infección.

El reto, por tanto, ya no es solamente tratar el VIH. Es acompañar el envejecimiento. Eso exige consultas que revisen de manera conjunta la carga viral, la función renal, la salud cardiovascular, los medicamentos utilizados, la fragilidad, la salud mental y otros problemas propios de la edad. Una revisión publicada en 2025 destaca precisamente la necesidad de equilibrar la prevención cardiovascular con el riesgo de polifarmacia en las personas mayores que viven con VIH.

La fecha del 18 de septiembre adquiere sentido dentro de esta transformación. El National HIV/AIDS and Aging Awareness Day busca llamar la atención sobre una población que durante los primeros años de la epidemia difícilmente podía imaginar que llegaría a envejecer con VIH. Hoy esa posibilidad es una realidad para millones de personas.

El desafío médico del presente es conseguir que vivir más años también signifique vivirlos con mejor salud. El éxito del tratamiento antirretroviral abrió esa puerta; ahora la medicina debe asegurarse de que, al cruzarla, nadie quede atrapado entre el virus, las enfermedades crónicas y una lista interminable de medicamentos.