Inicio Análisis político Alejandro López Munguía Las traiciones que llevaron a Sahui a la derrota. Primera parte.

Las traiciones que llevaron a Sahui a la derrota. Primera parte.

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“Aprovecho para advertirte, enfrentas un fuego amigo intenso; creo que sabes bien quienes son los que te están torpedeando la campaña, considero que debes desactivarlos. Habla con el Gobernador”, (fragmento de la conversación que un día de la campaña, sostuve con Sahui). 

Las traiciones que llevaron a Sahui a la derrota.

Insisto en que además del conocido hartazgo hacia el gobierno corrupto, existen relatos dentro de la misma historia de hechos relevantes que aseguraron el resultado negativo, catastrófico y caótico para el tricolor en la entidad.

Según estos relatos, las traiciones al interior del PRI en realidad son variadas y se concentraron en la campaña de Mauricio Sahui Rivero, a quien nunca respaldaron del todo.

Existe la creencia de que a Sahui lo traicionaron desde arriba y desde el momento en el que el Gobernador Rolando Zapata decidiera que fuera el candidato. La candidatura de Sahui nació muerta afirman. Fue una candidatura fallida nos cuentan.

En medio de esta revelación surge un dato contundente, Sahui nunca pudo enfrentar los mil millones con los que contó Mauricio Vila para hacer obra pública. Vila empezó su campaña desde el momento en el que alguien le obsequió ese millonario recurso.

Nada puede contra mil millones de pesos y todo un año de campaña. ¿Quién le obsequió ese montó a Vila?. Sin duda el regalo llegó desde las filas del tricolor. Allí está el meollo del asunto. Esa es la cuestión real.

Con el correr del tiempo, Sahui se hizo de muchos enemigos poderosos al interior del grupo Rolandista. Nos cuentan que el principal fue Víctor Caballero Durán. Aseguran que Víctor nunca superó el hecho de saber que “su ex empleado en el despacho” resultara finalmente el agraciado candidato a Gobernador.

La historia cuenta que Sahui trabajó en sus inicios en el despacho particular de Caballero Durán, haciendo labores básicas de un profesional del derecho. En esos tiempos el hombre importante era Caballero, no Sahui.

Las cosas se complicaron mucho cuando Sahui creció a la sombra de Ivonne Ortega, mientras Caballero se veía opacado por esa generación.

Caballero nunca pudo superar que Shaui fuera el elegido. Nos relatan.

Durante la campaña Sahui jamás pudo pisar Mérida a sus anchas. Le estaba prohibido hacer campaña sin la autorización de Caballero. Por una extraña condición, el Gobernador permitió que Caballero le pusiera el pie en el cuello a Sahui. Lo más extraño es que Sahui lo permitió.

Los resultados están a la vista, Sahui perdió hasta en su propia casilla electoral.

Los datos proporcionados van en el sentido de que operadores de Caballero visitaron hasta al líder más escondido de la Ciudad de Mérida y los amenazaron para que promovieran el “voto cruzado”. Mérida fue un caos.

En Mérida poco o nada pudo hacer Panchito Torres, quien a duras penas pudo salir a mover el voto por su Compadre Sahui. Panchito jamás contó con el visto bueno del Gobernador Rolando Zapata Bello. En lo recóndito del sistema, se decía que Panchito “estaba frío”. Durante la campaña, Panchito fue abandonado a su suerte, sin recursos, sin apoyos y tirado “a loco” por el equipo de Caballero y del Gobernador.

El caos total cayó sobre la campaña del PRI, haciendo añicos la esperanza de Sahui de ser el Gobernador.

Hay quienes señalan también a Jorge Carlos Ramírez Marín como un operador del Voto Cruzado. Lo cierto es que nadie puede culpar al “gorde Marín” de hacer lo propio.

Ramírez Marín solo actuó en consecuencia. Y es que, si nadie jaló parejo con Sahui, él menos.

Prácticamente le arrebataron la candidatura y luego esperaban que se sumara con “todo” por Sahui. ¡Cómo no!. Lo que hizo el “gorde Marín” fue para asegurarse el llegar al Senado y punto. Lo consiguió. Sahui supongo, nunca supo de la estrategia de Ramírez Marín. Supongo.

Hay quienes acusan a diversos líderes que se fueron a operar a otros partidos políticos, sin embargo, llamarlos traidores es algo por demás absurdo. Los que se fueron a apoyar a otros partidos y a otros candidatos hicieron lo mismo que hizo Ramírez Marín y Víctor Caballero y muchos más: jugar para sus propios intereses.

Y es que, todos jugaron así. Todos vieron por sus intereses y por el partido se la jugaron algunos. No fue suficiente. Los que se fueron se cansaron de ser tratados con soberbia y se hartaron de recibir miserias, cuando los grandes funcionarios se hicieron multimillonarios. Esas cosas no pasaron por alto para la militancia.

La militancia, nos cuentan, se hartó de recibir amenazas de que se les retirarían las despensas, los apoyos, y bajo advertencia de “tú sabes si pierdes la oportunidad, allá tú, porque cuando gane nuestro candidato vendrás a pedir y ya verás”.

La militancia se armó de valor y se fue, en gran parte a apoyar a otros partidos y a otros candidatos, porque se cansó de ser tratado con soberbia, con altanería, con majaderías, con groserías, de ser objeto de abusos.

Los trabajadores del gobierno del estado que votaron por otros partidos y por otros candidatos se cansaron de ver llegar a los hijos de los grandes políticos ocupar puestos de renombre, con sueldos de príncipes. Se cansaron de ver a los “sobrinos” y a las “sobrinas” ocupar cargos y no ir a trabajar, se cansaron de soportar a los aviadores, se hartaron de ver los “moches” y las “tranzas” de los funcionarios. Se cansaron de tanta injusticia, de tanta corrupción.

Los traidores no son los que se fueron, él mismo René Juárez Cisneros lo reconoció en su mensaje de despedida al decir “dejamos de escuchar a la militancia”. Los traidores son los que fraguaron la caída de Sahui, así como los que se sirvieron del poder político y público en Yucatán.

La gente habla y cuenta las historias que son vivencias. La evidencia está en los hechos. El PRI recibió los votos que se merecía y perdió la Gubernatura porque nadie supo parar los excesos y los grandes absurdos en los que incurrió. Hasta hoy la gente se pregunta, ¿por qué lo permitió el Gobernador?.

En Yucatán, “ni una solo hoja del árbol se mueve si el Señor Gobernador no lo dispone”, suele escucharse. Es un código político y cuando analizamos la historia, los hechos y sus consecuencias, uno solo puede preguntar ¿acaso es tan difícil entender lo que pasó?.

El resultado tiene culpas compartidas, o solidarias, es lo mismo.