¿Por qué los problemas para quedar embarazada pueden revelar enfermedades ginecológicas?
Notipress.- Las dificultades para quedar embarazada pueden convertirse en la primera señal reconocible de enfermedades ginecológicas que permanecieron sin diagnosticar durante años. Afecciones como la endometriosis, los miomas uterinos y el síndrome de ovario poliquístico pueden provocar síntomas menstruales mucho antes de que una mujer identifique problemas para concebir.
La doctora Olivia Dziadek, ginecóloga obstetra y cirujana ginecológica del Hospital Houston Methodist, explicó que muchas pacientes consideran normales las menstruaciones abundantes, dolorosas o irregulares porque han experimentado estas molestias durante gran parte de su vida. En algunos casos, familiares e incluso profesionales de salud anteriores reforzaron esa percepción.
Esta normalización puede retrasar la búsqueda de atención médica. Según la especialista, algunas mujeres llegan a una evaluación ginecológica después de intentar concebir durante años y descubren entonces una enfermedad que ya provocaba manifestaciones anteriores.
El retraso en el diagnóstico de enfermedades ginecológicas varía según la afección. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, identificar la endometriosis puede tomar entre cuatro y once años. Las investigaciones también señalan que el diagnóstico del síndrome de ovario poliquístico puede demorar dos años o más, mientras los miomas uterinos pueden permanecer inadvertidos debido a su desarrollo lento.
La endometriosis es una de las enfermedades relacionadas con dificultades reproductivas. Según la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva, entre 30% y 50% de las mujeres que presentan esta afección experimentan problemas para concebir. La enfermedad puede provocar inflamación, adherencias y alteraciones en la anatomía pélvica, además de afectar la reserva ovárica y la calidad de los óvulos.
Aunque el dolor menstrual constituye una manifestación frecuente, entre 20% y 25% de las mujeres con endometriosis no experimentan síntomas. Esta característica puede dificultar su identificación antes de que surjan problemas reproductivos. Dziadek también señaló que las formas leves de la enfermedad no siempre aparecen en los estudios de imagen, por lo que la evaluación clínica resulta importante.
Los miomas uterinos, por su parte, no afectan necesariamente la fertilidad en todos los casos. Su impacto depende principalmente del tamaño y la ubicación. Aquellos que deforman la cavidad uterina pueden interferir con la implantación del embrión, mientras otros pueden alterar el flujo sanguíneo hacia el revestimiento del útero u obstruir determinadas estructuras reproductivas.
Otra afección relevante es el síndrome de ovario poliquístico (SOP), relacionado con alteraciones hormonales y metabólicas. Su principal vínculo con la infertilidad es la ovulación irregular o ausente, que reduce las oportunidades de concepción. Algunas pacientes presentan menstruaciones cada dos o tres meses, crecimiento de vello en zonas no deseadas y resistencia a la insulina.
Las dificultades reproductivas también pueden estar relacionadas con adenomiosis, pólipos uterinos, obstrucciones de las trompas de Falopio o alteraciones tiroideas. No obstante, la evaluación debe considerar igualmente la salud reproductiva masculina, debido a que factores relacionados con los espermatozoides pueden intervenir en una proporción importante de los casos de infertilidad.
La edad y los síntomas menstruales influyen en el momento recomendado para buscar atención especializada. Generalmente, las mujeres menores de 35 años pueden solicitar una evaluación después de doce meses intentando concebir sin éxito. A partir de los 35 años, el plazo se reduce a seis meses, mientras que después de los 40 se recomienda una valoración inmediata.
Sin embargo, presentar menstruaciones abundantes, dolorosas, irregulares o ausentes justifica consultar a un ginecólogo sin esperar esos plazos. La evaluación puede incluir antecedentes menstruales, exploración física, ecografías, estudios hormonales y pruebas para identificar posibles alteraciones estructurales.
Dziadek destacó que una evaluación de fertilidad no implica necesariamente recurrir a la fecundación in vitro. Identificar una enfermedad permite considerar tratamientos dirigidos tanto a mejorar las posibilidades reproductivas como a controlar síntomas que pudieron permanecer desatendidos durante años.
En casos de endometriosis o miomas, las alternativas dependen de la gravedad, la localización de las lesiones y los planes reproductivos de cada paciente. Algunas mujeres pueden beneficiarse de tratamientos médicos, mientras otras requieren intervenciones quirúrgicas específicas.
Reconocer los síntomas menstruales como información relevante para la salud ginecológica permite iniciar evaluaciones antes de que aparezcan dificultades para concebir. La identificación de una enfermedad no solo puede orientar las decisiones reproductivas, sino también ofrecer respuestas a molestias que muchas mujeres habían considerado parte habitual de su menstruación.


