El Kremlin aseguró que el diésel ruso encontrará compradores, pese a que dos de los primeros buques que transportaban combustible hacia Estados Unidos modificaron sus rutas después de la derrota electoral republicana. Moscú sostiene que los envíos forman parte de operaciones comerciales y que el acuerdo energético con Washington no depende del resultado de las elecciones legislativas.
El Gobierno ruso restó importancia a los cambios de rumbo de varios petroleros que transportaban diésel hacia Estados Unidos y aseguró que el combustible encontrará compradores en los mercados internacionales. La declaración se produjo después de que el Partido Republicano, encabezado por el presidente Donald Trump, sufriera una derrota en las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, afirmó este jueves 5 de noviembre que los cargamentos rusos tendrán compradores y confirmó que algunos envíos ya se realizaron. Durante su habitual conferencia telefónica con periodistas, sostuvo que se trata de operaciones comerciales cuyos detalles no pueden hacerse públicos.
Las declaraciones responden a informaciones sobre modificaciones en las rutas de dos petroleros que transportaban combustible ruso y que inicialmente se dirigían a territorio estadounidense. De acuerdo con reportes citados por la Agencia EFE y el Financial Times, los buques Talisman y Leruo cambiaron sus destinos: uno puso rumbo a Brasil y el otro se encontraba frente a las costas de Argelia.
Un tercer buque, identificado como Agioi Fanendes, continuaba su travesía hacia Estados Unidos, aunque su propietario reconoció que todavía no estaba definido el puerto en el que descargaría el combustible. Estos movimientos han generado dudas sobre la continuidad de los suministros acordados entre Washington y Moscú.
Un acuerdo energético bajo presión política
El compromiso de suministro surgió el 9 de octubre, después de una conversación telefónica entre Donald Trump y Vladímir Putin. El presidente estadounidense anunció entonces que Rusia enviaría inicialmente más de 300.000 toneladas de diésel a los mercados estadounidense e internacional, seguidas de otras 500.000 toneladas durante noviembre y un millón de toneladas posteriormente.
El acuerdo también contemplaba la posibilidad de liberar hasta tres millones de toneladas adicionales, dependiendo de las condiciones de las refinerías rusas. Para facilitar las operaciones, el Departamento del Tesoro estadounidense emitió una autorización temporal que permite determinadas transacciones relacionadas con el diésel ruso hasta abril de 2027.
La decisión representó un cambio significativo en la política de Washington hacia Moscú, debido a que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados desde la invasión rusa de Ucrania en 2022 habían restringido el comercio energético con Rusia.
El entendimiento recibió críticas tanto de legisladores demócratas como de algunos republicanos, además de provocar el rechazo de Ucrania y de gobiernos europeos. Sus detractores consideran que la compra de combustible ruso puede proporcionar ingresos adicionales al Kremlin y debilitar los esfuerzos internacionales para limitar sus recursos financieros destinados a la guerra.
Peskov evitó pronunciarse sobre una posible modificación del acuerdo y rechazó vincularlo con los resultados de las elecciones legislativas estadounidenses. La postura rusa busca transmitir que el compromiso energético responde a intereses comerciales y que su continuidad no depende de la correlación de fuerzas políticas en el Congreso.
El mercado energético y las expectativas de Washington
Trump había presentado el acuerdo como una oportunidad para incrementar la disponibilidad de combustible y reducir los precios energéticos en Estados Unidos. El encarecimiento del diésel y otros combustibles se había convertido en una preocupación para los consumidores y los sectores productivos, especialmente el transporte, la agricultura y la industria.
Sin embargo, especialistas en energía han cuestionado que los suministros rusos puedan producir una reducción considerable de los precios. Los volúmenes comprometidos representan una proporción limitada del consumo estadounidense y su llegada depende de la disponibilidad de combustible, la capacidad de las refinerías y las condiciones logísticas del transporte marítimo.
La derrota electoral republicana añade incertidumbre política al entendimiento, pero no supone por sí misma su cancelación. Por ahora, Moscú sostiene que encontrará compradores para sus exportaciones, mientras los cambios de ruta de los primeros buques evidencian las dificultades comerciales y políticas que enfrenta la operación.


