El peruano Cristhian Pacheco se impuso en la edición 43 del Maratón de la Ciudad de México con un ataque decisivo antes del kilómetro 30 y devolvió a un corredor sudamericano el primer lugar de la prueba después del triunfo del boliviano Héctor Garibay en 2023.

Cristhian Pacheco esperó, observó y, cuando llegó el momento, aceleró. El fondista peruano lanzó su ofensiva antes de alcanzar el kilómetro 30 y terminó por romper el grupo de corredores que había comandado buena parte de la carrera para conquistar este domingo el Maratón de la Ciudad de México con un tiempo de 2 horas, 10 minutos y 3 segundos.

El triunfo tuvo un significado especial. Pacheco no solo superó a los etíopes Anbesa Lencho Tefaye y Balew Yihunie Derseh, segundo y tercero con registros de 2:11:25 y 2:11:58, respectivamente, sino que volvió a colocar a un atleta latinoamericano en lo más alto del podio de una competencia que durante los últimos años ha tenido una marcada presencia africana.

La estrategia fue paciente. De acuerdo con La Jornada, Pacheco permaneció dentro del grupo puntero durante los primeros 25 kilómetros y decidió tomar el control alrededor del kilómetro 30. El propio atleta explicó que había preparado la carrera durante meses junto con su entrenador y reconoció que la altura convirtió el recorrido en un desafío particularmente exigente. Su victoria terminó siendo la recompensa a esa espera.

La mañana capitalina comenzó con un ritmo fuerte. Los corredores de élite avanzaron inicialmente alrededor de los 3 minutos y 5 segundos por kilómetro y llegaron a la mitad del recorrido en aproximadamente 1 hora y 4 minutos. A partir de entonces, la carrera comenzó a seleccionar a los aspirantes al triunfo.

Pacheco mantuvo la concentración mientras el grupo se reducía. Cuando aceleró, consiguió abrir una ventaja considerable y corrió prácticamente en solitario durante el tramo final. Según reportes de La Jornada y otros medios deportivos, el peruano llegó a cruzar la meta con una diferencia amplia respecto de sus perseguidores.

El resultado también confirmó la vigencia de Pacheco como uno de los principales maratonistas de Perú. El atleta de Huancayo ganó el maratón de los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y repitió el oro en Santiago 2023. El Instituto Peruano del Deporte confirmó entonces que su victoria en Chile significó la primera medalla de oro de Perú en aquella edición y convirtió a Pacheco en bicampeón panamericano.

Además, el corredor posee una marca personal de 2:07:38 y el récord panamericano de 2:09:31 conseguido en Lima 2019. Su actuación en la capital mexicana, sin embargo, no fue suficiente para desplazar el récord histórico de esta competencia.

Esa marca continúa perteneciendo al boliviano Héctor Garibay, quien ganó el Maratón de la Ciudad de México en 2023 con 2:08:23. Garibay regresó este año para intentar repetir aquella actuación, pero terminó en la cuarta posición, detrás de Pacheco y de los dos fondistas etíopes. Su récord permanece vigente.

La victoria de Pacheco también tiene un antecedente familiar. De acuerdo con información difundida por medios mexicanos, su triunfo lo convirtió en el segundo peruano en conquistar el maratón capitalino, después de su hermano Raúl Pacheco, quien ganó las ediciones de 2013 y 2014. Doce años después del segundo título de su hermano, Cristhian volvió a llevar los colores de Perú hasta el primer lugar.

En la rama femenil, Etiopía sí consiguió el dominio absoluto del podio. Alemtsehay Asefa Kasegn terminó en el primer lugar, seguida por sus compatriotas Gebremedhin Kidsan Alema y Tefera Kolole Mekashu. La clasificación difundida por diversos medios y por la organización situó sus tiempos en 2:29:30, 2:32:23 y 2:34:04, respectivamente.

El resultado femenino prolongó la fuerte presencia africana en esta competencia, aunque el triunfo masculino de Pacheco impidió que el dominio extranjero fuera absoluto en las dos ramas. En la categoría varonil, además, el peruano terminó con una diferencia suficiente para convertir los últimos kilómetros en una demostración de resistencia y control.

La carrera reunió a cerca de 30 mil participantes y recorrió 42.195 kilómetros entre Ciudad Universitaria y el Zócalo capitalino. El trazado pasó por algunos de los sitios y avenidas más representativos de la Ciudad de México, entre ellos Insurgentes, Chapultepec y Paseo de la Reforma, antes de llevar a los corredores hasta el Centro Histórico.

La altura fue otro de los protagonistas silenciosos de la jornada. La Ciudad de México se encuentra a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar, una condición que exige a los corredores administrar cuidadosamente el esfuerzo. No se trata únicamente de correr rápido; en un maratón de este nivel, mantener el ritmo cuando el cuerpo comienza a cobrar cada kilómetro puede ser la diferencia entre ganar y quedarse fuera del podio.

El desempeño de Pacheco adquiere todavía mayor relevancia por ese contexto. Su tiempo de 2:10:03 quedó por encima del récord de Garibay, pero le permitió superar con claridad a dos atletas etíopes y volver a demostrar que la distancia entre el atletismo latinoamericano y las grandes potencias africanas no es infranqueable.

La jornada también dejó triunfos mexicanos en las categorías de silla de ruedas. Gonzalo Valdovinos ganó la rama varonil con 1:39:15, mientras que Brenda Osnaya se impuso entre las mujeres. Valdovinos tuvo así una revancha deportiva después del episodio vivido en la edición de 2025, cuando un accidente relacionado con un bache condicionó su participación.

Pero quizá la imagen más representativa del maratón no estuvo únicamente en los primeros lugares. Miles de corredores recreativos recorrieron las mismas calles que los atletas de élite después de meses de entrenamiento, muchas veces combinando la preparación con jornadas completas de trabajo, familia y obligaciones cotidianas.

Ahí reside buena parte de la dimensión humana de una carrera de 42.195 kilómetros. Para unos, la meta significa un récord o una victoria internacional; para otros, simplemente alcanzar el Zócalo después de horas de esfuerzo. En ambos casos, el último tramo exige algo parecido: seguir avanzando cuando las piernas ya piden detenerse.

Esta vez, quien encontró la fuerza para acelerar cuando más importaba fue Cristhian Pacheco. El peruano llegó a la Ciudad de México con credenciales de campeón y salió de ella con otra victoria internacional que amplía su historia en el fondo continental. Y es que, en una carrera acostumbrada a mirar hacia África en busca de favoritos, el atleta sudamericano volvió a demostrar que todavía hay espacio para las sorpresas.