Teherán anunció que establecerá en los próximos días una zona de exclusión fuera del estrecho de Ormuz, en una nueva escalada con Estados Unidos que amenaza con reducir todavía más el tránsito marítimo y aumentar la presión sobre los mercados energéticos.
La tensión entre Irán y Estados Unidos volvió a subir varios grados. Teherán anunció que establecerá en los próximos días una nueva zona de exclusión cerca del estrecho de Ormuz, después de una nueva cadena de ataques contra buques y en medio de un bloqueo naval estadounidense que ya ha reducido de manera drástica el tráfico por esta estratégica vía marítima.
Mohsen Rezai, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, afirmó en la televisión estatal que la nueva zona comenzará en el punto donde se encuentra la línea del bloqueo estadounidense y se extenderá hacia sectores del Golfo. Los barcos que ingresen, advirtió, podrían ser incorporados a una lista de sanciones.
La amenaza llega después de una nueva escalada militar. Estados Unidos confirmó que sus fuerzas atacaron tres petroleros iraníes, mientras que la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber lanzado misiles contra un portaaviones y un destructor estadounidenses que, según Teherán, participaban en el bloqueo de sus puertos.
El Gobierno estadounidense sostiene una versión distinta sobre esos ataques. El Comando Central de Estados Unidos aseguró que sus buques evitaron los misiles iraníes y que el ataque contra los petroleros fue una respuesta directa a las acciones de Teherán.
La situación se volvió todavía más confusa el domingo, cuando la Guardia Revolucionaria aseguró que había atacado una embarcación militar estadounidense no tripulada que intentaba ingresar en una zona protegida de Ormuz. El Comando Central negó la versión y la calificó de falsa.
Associated Press confirmó que Washington rechazó la afirmación iraní, mientras que Reuters reportó que el tráfico marítimo por el estrecho se encuentra en uno de sus niveles más bajos desde mayo.
De acuerdo con datos de la firma de análisis marítimo Kpler citados por Reuters, durante los últimos 10 días atravesaron el estrecho un promedio de apenas 10 buques de mercancías por día. La caída se produce después de los ataques estadounidenses e iraníes contra petroleros y en un contexto de creciente riesgo para las embarcaciones comerciales.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más importantes del comercio energético mundial. Antes de la guerra, por esta vía transitaban alrededor de 20 millones de barriles de petróleo al día, aproximadamente una quinta parte del consumo mundial.
El conflicto ha alterado de manera considerable ese flujo. Al Jazeera señaló que las cifras de tránsito se encuentran muy por debajo de los niveles previos a la guerra y que las operaciones militares de ambos países han convertido la zona en un escenario cada vez más peligroso para los buques comerciales.
La importancia del estrecho explica por qué cada amenaza sobre la navegación repercute rápidamente en los mercados. Reuters informó que el Brent cerró la semana en 96.28 dólares por barril, su nivel más alto desde julio, después de las nuevas operaciones militares.
El problema no se limita al petróleo. Un tránsito marítimo reducido también puede encarecer el transporte, aumentar las primas de seguros y generar presiones sobre combustibles y productos que dependen de las cadenas internacionales de suministro.
La nueva zona anunciada por Irán representa además un cambio en la naturaleza de la confrontación. Teherán no sólo intenta responder a los ataques estadounidenses, sino también establecer nuevas condiciones de navegación alrededor de un paso marítimo que considera vital para sus intereses económicos y militares.
El Gobierno iraní ya había advertido que las respuestas a nuevas agresiones estadounidenses serían más rápidas e intensas. El principal negociador iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, afirmó que la etapa de las respuestas proporcionales había terminado y amenazó con represalias más severas.
Washington, por su parte, mantiene la presión económica sobre Teherán. El Gobierno estadounidense ha intensificado las sanciones y el bloqueo de las exportaciones petroleras iraníes, mientras intenta impedir que la República Islámica utilice redes clandestinas para mantener sus ingresos por la venta de crudo.
Reuters ha señalado que esa estrategia comienza a generar mayores dificultades para la economía iraní, aunque también incrementa los incentivos de Teherán para utilizar el estrecho como instrumento de presión.
La disputa entra así en una dinámica especialmente peligrosa. Cada ataque puede provocar una represalia y cada represalia puede generar nuevas restricciones al tránsito marítimo. El riesgo es que una confrontación inicialmente limitada termine afectando de manera mucho más amplia al comercio internacional y al suministro energético.
Analistas consultados por Al Jazeera consideran que, sin un acuerdo político, es probable que continúen los enfrentamientos. La presión militar y económica puede aumentar los costos para Irán, pero también puede llevar a Teherán a endurecer su respuesta en lugar de ceder.
Por ahora, la nueva zona de exclusión anunciada por Irán se suma a un escenario ya marcado por bloqueos, ataques a petroleros, sanciones y amenazas cruzadas. Y es que Ormuz no es simplemente un estrecho en el mapa: es uno de los principales corredores por los que circula la energía que mantiene en movimiento a buena parte de la economía mundial.
Si el tránsito continúa reduciéndose, el impacto podría sentirse mucho más allá del Golfo Pérsico. Para los mercados, las compañías navieras y los consumidores, cada jornada de tensión en Ormuz aumenta la posibilidad de que la crisis militar termine transformándose también en una crisis energética global.


