Empresarios piden incentivos para frenar el impacto laboral de Volkswagen en Puebla

El Consejo de Organismos Empresariales propuso reducir el Impuesto Sobre Nómina que paga Volkswagen en Puebla y combinar el estímulo con capacitación, reubicación laboral y nuevos mercados para contener el impacto de la reducción de producción.

La reducción de un turno de producción en la planta de Volkswagen de México en Puebla comienza a generar efectos que van más allá de la armadora. Ante el ajuste laboral aplicado en las líneas de Jetta y Tiguan, el Consejo de Organismos Empresariales (COE) pidió al Gobierno de Puebla considerar incentivos fiscales y un plan coordinado para preservar empleos en la industria automotriz.

La propuesta fue presentada por César Bonilla Yunes, presidente del COE, quien planteó una estrategia de cinco puntos que incluye una reducción del Impuesto Sobre Nómina (ISN) para Volkswagen, capacitación de los trabajadores afectados, mecanismos de solidaridad sindical, una posible vinculación con el proyecto mexicano de vehículos eléctricos Olinia y la búsqueda de nuevos mercados de exportación.

La petición llega después de que Volkswagen confirmara la suspensión indefinida de uno de los tres turnos dedicados a la producción de los modelos Jetta y Tiguan en su planta de Cuautlancingo. La empresa explicó que la decisión responde a las condiciones actuales de sus principales mercados y al complicado panorama que atraviesa la industria automotriz en Norteamérica y a escala mundial.

La dimensión laboral del ajuste se hizo más clara durante los primeros días de septiembre. De acuerdo con información publicada por La Jornada y reportes del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Industria Volkswagen de México (SITIAVW), 611 trabajadores quedaron fuera de la operación bajo un esquema que el sindicato ha descrito como baja temporal, mientras otros 175 trabajadores optaron por el retiro voluntario.

La precisión es importante. Aunque en distintos reportes se ha utilizado el término “despidos”, la representación sindical sostiene que los 611 trabajadores podrían reincorporarse cuando aumente nuevamente la producción, particularmente con el proyecto relacionado con el Golf previsto para 2027. También se ha informado que el sindicato negoció condiciones para conservar la antigüedad y el nivel salarial en una eventual reincorporación.

El ajuste no se limita, sin embargo, a los trabajadores de Volkswagen. La cadena de proveedores comienza a sentir el efecto de la menor actividad. La Jornada informó que más de 3 mil trabajadores de empresas proveedoras de autopartes de Puebla y Tlaxcala habían sido separados de sus puestos durante la última semana, según declaraciones del dirigente de la CTM en Puebla, quien advirtió que la cifra podría aumentar.

Ese posible efecto en cadena explica parte de la preocupación del sector empresarial. La industria automotriz no funciona como una isla: cuando una armadora reduce sus volúmenes, los proveedores de componentes, logística, transporte, mantenimiento y otros servicios también pueden recibir menos pedidos. Es como una cadena en la que una reducción en uno de sus eslabones termina repercutiendo sobre los demás.

Por ello, Bonilla Yunes consideró que el Gobierno de Puebla debe analizar una reducción del ISN para Volkswagen como una herramienta temporal que ayude a disminuir costos operativos y genere mejores condiciones para conservar puestos de trabajo.

La propuesta, sin embargo, no contempla únicamente un beneficio fiscal para la empresa. El COE plantea que cualquier estrategia debe involucrar a la iniciativa privada, el Gobierno y los trabajadores. En ese esquema, la capacitación tendría un papel relevante para quienes no puedan regresar de inmediato a Volkswagen y necesiten incorporarse a otros sectores.

El Gobierno de Puebla ya había anunciado una respuesta en ese sentido. A principios de septiembre, el gobernador Alejandro Armenta informó que autoridades estatales y organismos empresariales trabajaban en un plan con alrededor de 4 mil vacantes para apoyar a trabajadores afectados por el ajuste de Volkswagen y facilitar su posible reubicación.

Otro de los planteamientos del COE es explorar una conexión entre la mano de obra especializada de Volkswagen y Olinia, el proyecto mexicano de vehículos eléctricos impulsado por el Gobierno federal. La propuesta consiste en analizar si parte de los técnicos que actualmente enfrentan la reducción de actividades puede incorporarse a ese proyecto. Por ahora, se trata de una propuesta empresarial y no de un acuerdo confirmado de contratación.

La apertura de nuevos mercados constituye el quinto eje. El objetivo sería que Volkswagen encuentre destinos adicionales para sus vehículos y pueda recuperar parte de los volúmenes de producción que justificaban los turnos actualmente suspendidos.

La presión sobre la compañía alemana tampoco es exclusiva de México. A principios de septiembre, Volkswagen aprobó un nuevo plan de transformación que contempla la reducción de otros 50 mil empleos a escala mundial hacia 2030, además de los recortes anunciados previamente. Reuters reportó que el grupo enfrenta un escenario marcado por sobrecapacidad productiva, competencia de fabricantes chinos, aranceles estadounidenses y dificultades para recuperar competitividad.

Ese contexto ayuda a explicar por qué Puebla no enfrenta un problema aislado. La planta mexicana forma parte de una estrategia industrial global que está siendo revisada por Volkswagen ante cambios profundos en la demanda, los costos de producción y la transición hacia nuevas tecnologías.

Para Puebla, el desafío tiene una dimensión especialmente delicada. La planta de Volkswagen es uno de los principales centros industriales del estado y genera una importante actividad alrededor de empresas proveedoras. Mantener esos empleos no depende solamente de una reducción fiscal, sino de que exista suficiente demanda para sostener la producción.

La verdad es que un incentivo tributario puede aliviar costos en el corto plazo, pero difícilmente puede sustituir un mercado sólido. Por eso, las propuestas del COE apuntan también a capacitación, nuevos destinos de exportación y proyectos industriales capaces de absorber mano de obra especializada.

El siguiente paso será determinar si las autoridades estatales y la empresa están dispuestas a convertir estas propuestas en acuerdos concretos. Mientras tanto, los trabajadores afectados esperan que la reducción de actividad sea temporal y que la eventual recuperación de la producción permita su regreso a la planta.

La situación representa una prueba para la capacidad de coordinación entre empresa, sindicato y Gobierno. Lo que está en juego no son únicamente cientos de puestos dentro de Volkswagen, sino también una parte importante de la cadena automotriz poblana. Si la reducción de producción se prolonga, el impacto podría sentirse cada vez más lejos de las líneas donde se ensamblan el Jetta y la Tiguan.