La Comisión Europea prepara nuevas restricciones por edades para las plataformas digitales, con una propuesta que impediría el acceso a redes sociales antes de los 13 años y establecería controles adicionales para adolescentes, en medio de un creciente debate sobre salud mental y diseño tecnológico.

Europa se prepara para intervenir con mayor firmeza en la relación entre los menores y las plataformas digitales. Ursula von der Leyen anunció este miércoles ante el Parlamento Europeo que la Comisión presentará una propuesta legislativa para impedir el acceso a redes sociales a menores de 13 años y establecer un régimen progresivamente más restrictivo hasta los 18. No se trata todavía de una ley aprobada: el proyecto deberá pasar por el Parlamento Europeo y los 27 Estados miembros.

La iniciativa, conocida como EU Kids Act, plantea una escala de protección por edades. Según el anuncio de la presidenta de la Comisión Europea, los menores de 13 años no deberían utilizar redes sociales; entre los 13 y 15 años tendrían acceso únicamente mediante cuentas limitadas, instaladas y supervisadas por sus padres; y para quienes tengan entre 15 y 18 años se exigiría a las plataformas aplicar un diseño considerado seguro.

El planteamiento parte de una preocupación que ya está presente en numerosos países: la exposición temprana a entornos digitales diseñados para mantener la atención durante largos periodos. La Organización Mundial de la Salud informó en 2024 que el uso problemático de redes sociales entre adolescentes de Europa, Asia Central y Canadá aumentó del 7 por ciento en 2018 al 11 por ciento en 2022. El estudio incluyó a casi 280.000 jóvenes de 44 países y regiones.

Pero la evidencia también exige evitar conclusiones demasiado simples. La propia OMS señala que la relación entre tecnología y salud mental es compleja y bidireccional. Las redes sociales pueden ofrecer apoyo, comunicación y espacios de pertenencia, pero determinados patrones de uso pueden asociarse con problemas de sueño, bienestar psicológico y funcionamiento cotidiano. Los efectos tampoco son iguales para todos los adolescentes.

La propuesta europea pretende actuar precisamente sobre el diseño de las plataformas. El borrador contempla restricciones a determinadas funciones consideradas potencialmente adictivas, como el desplazamiento infinito de contenidos y algunas formas de recomendación altamente personalizada cuando los usuarios sean menores. La lógica es distinta de limitar únicamente el tiempo de pantalla: se busca modificar el entorno digital que determina qué aparece, durante cuánto tiempo y con qué frecuencia.

Esta cuestión ha cobrado especial relevancia porque los algoritmos no son simples ventanas neutrales. Seleccionan contenidos a partir de señales relacionadas con el comportamiento del usuario y pueden aprender qué publicaciones generan mayor interacción. En el caso de adolescentes, una sucesión interminable de contenidos puede convertir la navegación ocasional en una actividad difícil de interrumpir.

La propuesta también pretende ampliar el debate más allá de las redes sociales. Según documentos consultados por AFP, las medidas previstas alcanzarían determinados servicios de inteligencia artificial, chatbots y videojuegos. De aprobarse, las obligaciones podrían incluir mecanismos de verificación de edad y controles específicos para servicios utilizados por menores.

La discusión europea ocurre además después de que Australia estableciera una prohibición nacional de redes sociales para menores de 16 años. Francia también ha avanzado hacia restricciones para menores. La Comisión Europea ha indicado que pretende adoptar un enfoque común, aunque la edad mínima y las modalidades de aplicación han generado posiciones diferentes entre los Estados miembros y dentro del propio Parlamento Europeo.

Las organizaciones dedicadas a la protección de la infancia han recibido favorablemente el principio de reforzar las obligaciones de las plataformas, aunque algunas han advertido que el éxito dependerá de los detalles. Verificar la edad de un usuario sin crear nuevos problemas de privacidad será uno de los desafíos más delicados. También habrá que determinar qué servicios entran realmente en la definición de red social y cómo se evitarán mecanismos de evasión.

La OMS, por su parte, ha recomendado combinar regulación con alfabetización digital, apoyo familiar, educación y servicios de salud mental. Su análisis sostiene que proteger a los jóvenes no consiste únicamente en restringir el acceso, sino también en enseñarles a utilizar los espacios digitales de manera segura y responsable.

La verdad es que Europa está intentando resolver un problema que las familias conocen bien: cómo acompañar a un adolescente en un entorno tecnológico que cambia mucho más rápido que las normas. La nueva propuesta abre esa discusión a escala continental. Su aprobación todavía está pendiente, pero el mensaje político ya es claro: las plataformas dirigidas a menores deberán asumir una responsabilidad mayor sobre el diseño y las consecuencias de sus productos.