Una nueva concentración de sargazo frente al Golfo de México alcanzó una biomasa estimada de 4.2 millones de toneladas, mientras especialistas advierten que su crecimiento podría favorecer arribos más frecuentes a las costas mexicanas en los próximos años.

El sargazo vuelve a mostrar que su impacto en las costas mexicanas puede ir mucho más allá del Caribe. Una nueva concentración de esta macroalga se ha consolidado en el Golfo de México y alcanzó una biomasa estimada de 4.2 millones de toneladas hasta junio de 2026, de acuerdo con cálculos del hidrobiólogo Esteban Amaro Mauricio, director del Centro de Monitoreo de Quintana Roo.

La estimación representa un incremento de aproximadamente 400 por ciento en un año y apunta a la formación de una concentración que se desarrolla en condiciones diferentes a las del tradicional cinturón de sargazo del Atlántico. Según Amaro, una parte de la macroalga permanece en el norte y noroeste del Golfo, principalmente frente a las costas de Texas y Luisiana, donde habría encontrado condiciones para reproducirse con relativa independencia de las principales corrientes oceánicas.

La existencia de una elevada biomasa en el Golfo coincide con los sistemas de observación satelital utilizados para seguir el fenómeno. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, a través de su Sistema de Información y Análisis Marino Costero, monitorea diariamente el sargazo flotante mediante imágenes satelitales y genera estimaciones de biomasa para el Golfo de México y el Caribe.

Conviene hacer una precisión. Las cifras satelitales de sargazo representan biomasa húmeda flotante en mar abierto y no equivalen a la cantidad que llegará a las playas. La propia Conabio advierte que sus sistemas no constituyen un reporte de playa y que factores como las nubes, la resolución de los sensores y la cercanía de la costa pueden afectar las estimaciones.

El fenómeno, sin embargo, ya comienza a tener manifestaciones visibles en el litoral mexicano. La concentración identificada en el Golfo ha generado arribos menores en Tamaulipas, Veracruz, Tabasco y Campeche, mientras que en la costa norte de Yucatán se ha observado una acumulación importante a lo largo de más de 120 kilómetros, entre Sisal y Telchac Puerto.

Amaro estima que los recales de mayor magnitud podrían presentarse dentro de uno o dos años, conforme la población de sargazo se consolide. Se trata de una proyección, no de una fecha determinada, y dependerá de factores que cambian constantemente, entre ellos los vientos, las corrientes, la temperatura del mar y la disponibilidad de nutrientes.

Precisamente los nutrientes ocupan un lugar central en la explicación del especialista. Ríos como el Misisipi, el Bravo, el Pánuco, el Grijalva, el Usumacinta y el Coatzacoalcos descargan grandes cantidades de agua y nutrientes en el Golfo. A ello se suman aportes procedentes de otras regiones del Atlántico.

La relación entre nutrientes y proliferación de algas está ampliamente documentada en la investigación oceanográfica. El exceso de nutrientes procedentes de actividades humanas puede favorecer procesos de eutrofización y alterar los ecosistemas costeros. En el caso concreto de esta nueva concentración de sargazo, la magnitud de la contribución de cada fuente y su efecto sobre el crecimiento de la población requieren mediciones específicas antes de atribuir el fenómeno a una sola causa.

La temperatura del océano también forma parte del escenario. Amaro ha señalado que el agua del Golfo habría pasado de aproximadamente 26 a cerca de 29 grados Celsius en las zonas donde se desarrolla esta concentración, condiciones que, combinadas con la disponibilidad de nutrientes, pueden favorecer el crecimiento de la macroalga.

La investigación científica internacional coincide en que las grandes floraciones de sargazo responden a una combinación de factores ambientales. Estudios recientes han relacionado su expansión con la disponibilidad de nutrientes, cambios en las corrientes y el calentamiento oceánico, aunque determinar cuánto aporta cada factor sigue siendo un desafío científico.

El problema tiene una dimensión económica evidente para las comunidades costeras. Quintana Roo ya ha experimentado durante años las consecuencias de los arribos masivos de sargazo sobre playas, hoteles y actividades turísticas. En 2026, la llegada de la macroalga volvió a alcanzar niveles extraordinarios y obligó a reforzar las labores de monitoreo y recolección.

La Jornada reportó este mes que el sargazo comenzó a disminuir en Quintana Roo después de alcanzar su máximo entre junio y julio. Sin embargo, la reducción no ha sido uniforme: algunas playas mantienen niveles elevados y los especialistas advierten que el comportamiento del alga es errático.

En ese contexto, la aparición de una concentración importante en el Golfo representa un desafío adicional. No significa que millones de toneladas vayan a llegar de inmediato a las playas de Yucatán, Veracruz o Tamaulipas. Entre la biomasa que permanece en mar abierto y el material que finalmente alcanza la costa intervienen numerosos factores.

La propia Conabio señala que sus herramientas de monitoreo sirven para observar la biomasa flotante y generar alertas tempranas, pero no pueden garantizar de manera determinista cuánto sargazo llegará a una playa específica. Las predicciones de deriva son probabilísticas y deben complementarse con observaciones en tierra.

México ya está utilizando precisamente esa combinación de herramientas. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales informó en abril que el Centro de Monitoreo Ambiental y de Sargazo comparte información satelital con la Secretaría de Marina y otras instituciones para anticipar los arribos y mejorar la respuesta operativa.

El reto ahora consiste en no esperar a que el problema llegue a las playas para actuar. Si la concentración del Golfo continúa creciendo, los estados de la costa mexicana necesitarán reforzar sus sistemas de observación, establecer protocolos de respuesta y estudiar alternativas para reducir el impacto ambiental y económico de los recales.

La nueva acumulación de 4.2 millones de toneladas es, por ahora, una señal de vigilancia más que una sentencia. Los datos disponibles confirman una biomasa elevada y un crecimiento acelerado en esa zona, pero todavía no permiten asegurar cuándo ni con qué intensidad llegará a cada litoral. Lo que sí parece claro es que el mapa del sargazo está cambiando y que el Golfo de México podría convertirse en un nuevo punto de atención para México durante los próximos años.