Drones ucranianos vuelven a golpear un centro logístico de Wildberries en Rusia

Un ataque con drones provocó un incendio de grandes dimensiones en un centro logístico de Wildberries en la región rusa de Tambov, mientras otro aparato causó la muerte de un hombre y un adolescente en la vecina región de Lipetsk.

La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a extenderse durante la madrugada del miércoles hacia zonas alejadas del frente, con una nueva oleada de ataques con drones que dejó víctimas civiles y daños importantes en infraestructura comercial rusa.

Uno de los principales objetivos fue un centro logístico de Wildberries en la ciudad de Kotovsk, en la región de Tambov, unos 500 kilómetros al sureste de Moscú. Según informó el gobernador regional, Yevgeny Pervyshov, un ataque con drones provocó un incendio que llegó a afectar más de 100.000 metros cuadrados.

La dimensión del siniestro fue confirmada posteriormente por Reuters y Associated Press, que señalaron que el fuego terminó destruyendo el complejo logístico. Reuters comparó la superficie afectada con aproximadamente 14 campos de fútbol.

Wildberries confirmó que su instalación había sido atacada y que los servicios de emergencia trabajaban en el lugar. La empresa suspendió temporalmente la recepción de nuevos envíos en el centro, mientras los trabajadores eran evacuados.

El gobernador de Tambov informó inicialmente que un empleado sufrió una conmoción por la onda expansiva. Reportes posteriores elevaron a dos el número de personas heridas en el ataque al almacén, aunque no se informó de fallecidos dentro de las instalaciones.

La instalación de Kotovsk no era un objetivo nuevo para los drones ucranianos. El mismo centro ya había sido atacado el 18 de julio, cuando un incendio provocó la muerte de siete trabajadores. Desde entonces, varias instalaciones pertenecientes a Wildberries han sido alcanzadas en diferentes regiones de Rusia.

La sucesión de ataques no parece accidental. Ucrania ha intensificado durante las últimas semanas su campaña contra grandes centros logísticos y empresas comerciales rusas, argumentando que algunas de estas instalaciones participan directa o indirectamente en el abastecimiento de las fuerzas armadas.

Wildberries ha sido uno de los principales blancos. También su competidor Ozon ha sufrido ataques recientes contra instalaciones logísticas. El Financial Times informó que la ofensiva ucraniana se ha extendido a numerosos centros de distribución de ambas compañías, en un intento de afectar una red comercial que se ha convertido en una pieza cada vez más importante de la economía rusa.

El objetivo estratégico parece ir más allá de destruir un almacén concreto. Los centros logísticos concentran grandes cantidades de mercancías y conectan a fabricantes, vendedores y consumidores. Interrumpirlos puede generar pérdidas, retrasos y costos adicionales incluso cuando la infraestructura pueda reconstruirse posteriormente.

En paralelo, otro ataque produjo una tragedia mucho más directa. En la región de Lipetsk, vecina de Tambov, un dron se estrelló contra una vivienda particular y provocó un incendio. El gobernador Igor Artamonov informó que murieron un hombre y un adolescente de 14 años.

Dos mujeres resultaron heridas y fueron trasladadas a un hospital, según reportes de Meduza y otras fuentes que citaron a las autoridades regionales rusas.

Las víctimas civiles vuelven a mostrar el riesgo que representan los ataques aéreos en zonas situadas lejos de las líneas del frente. Aunque Rusia y Ucrania sostienen que sus operaciones buscan objetivos militares o relacionados con el esfuerzo bélico del adversario, los ataques y los restos de drones interceptados también han causado daños y víctimas entre la población.

La magnitud de la oleada nocturna fue considerable. El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus sistemas de defensa aérea interceptaron o destruyeron 426 drones ucranianos durante la noche en distintos puntos del país. Associated Press recogió la misma cifra y precisó que Moscú afirmó haberlos neutralizado en 15 regiones y en Crimea, territorio ocupado por Rusia.

Estas cifras proceden del Ministerio de Defensa ruso y no han podido ser verificadas de manera independiente en su totalidad. En el caso de los ataques de gran escala, las autoridades de ambos países suelen presentar balances diferentes, por lo que resulta importante distinguir entre las afirmaciones oficiales y los daños que han podido ser comprobados por fuentes independientes.

El ataque contra Wildberries ocurre, además, en un momento en que la presión sobre la infraestructura económica rusa está aumentando. Ucrania ha dirigido cada vez más sus drones de largo alcance contra refinerías, instalaciones energéticas, depósitos y centros logísticos ubicados a cientos de kilómetros de la frontera.

Reuters señaló que la ofensiva contra Wildberries y otras compañías de comercio electrónico forma parte de un esfuerzo ucraniano para golpear sectores de la economía rusa que han mantenido actividad durante la guerra. El comercio electrónico se ha convertido en uno de los segmentos de mayor crecimiento del mercado ruso y, precisamente por ello, sus redes de distribución representan un blanco con importancia económica.

La respuesta del Kremlin también empieza a reflejar el impacto de estos ataques sobre las empresas. Associated Press informó que el presidente Vladimir Putin firmó el martes un decreto que permite al Estado asumir temporalmente el control de determinadas infraestructuras consideradas críticas cuando sus propietarios no puedan garantizar su protección o reparación después de ataques con drones.

La medida alcanza sectores como energía, industria, comunicaciones, transporte y logística. Aunque el Gobierno ruso insiste en que no se trata de una nacionalización, el decreto muestra hasta qué punto los ataques están obligando a Moscú a involucrarse directamente en la protección de activos privados.

Wildberries ha rechazado las acusaciones ucranianas de que sus centros formen parte de una cadena de abastecimiento militar. Moscú también sostiene que las instalaciones de la empresa son civiles. Ucrania, en cambio, afirma que la compañía participa en el suministro de componentes destinados a las fuerzas rusas.

La disputa sobre esos vínculos resulta especialmente relevante porque determina la justificación que Kiev ofrece para ampliar sus ataques contra la infraestructura comercial. Sin embargo, la naturaleza exacta de cada instalación y el uso concreto de las mercancías no siempre pueden establecerse de forma independiente a partir de la información disponible.

Lo que sí resulta evidente es la evolución de la guerra aérea. Los drones de largo alcance permiten a Ucrania golpear objetivos en regiones rusas situadas muy lejos de las zonas donde se desarrollan los combates terrestres. Para Rusia, eso supone mantener activos sus sistemas de defensa aérea en un territorio cada vez más amplio y proteger infraestructuras que hasta hace pocos años parecían alejadas de la amenaza directa.

Para la población, la consecuencia es más sencilla y más dolorosa. Las explosiones, incendios y restos de aeronaves no tripuladas ya no son fenómenos exclusivos de las ciudades próximas al frente. En la madrugada del miércoles, la muerte de un hombre y un adolescente en Lipetsk volvió a demostrarlo.

Mientras tanto, el centro de Wildberries en Kotovsk quedó nuevamente fuera de operación. La empresa tendrá que enfrentar ahora otro golpe a su red de distribución, en una campaña que ya ha obligado a Rusia a considerar nuevas medidas de protección para la infraestructura privada.

La guerra continúa ampliando así su radio de acción. El frente ya no se mide únicamente en kilómetros de trincheras: también pasa por almacenes, refinerías, carreteras, centros de distribución y otras piezas de la economía que sostienen el funcionamiento cotidiano de ambos países.