La alimentación tiene un papel fundamental en el cuidado de la microbiota intestinal, lo que ha generado mucho interés debido a su relación con múltiples funciones del organismo
Por la Mtra. Paulina Elizabeth Ochoa Moreno, profesora de la carrera de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)
Seguro ya has escuchado hablar sobre los microorganismos que vienen en nuestro intestino, si no es así, será una gran oportunidad para que conozcas más del tema. Todos nosotros tenemos una microbiota intestinal, la cual es el conjunto de microorganismos que habitan principalmente en el intestino grueso. Está formada por billones de bacterias, hongos y otros microorganismos que, aunque muchas veces se relacionan con enfermedades, en realidad cumplen funciones esenciales para mantener nuestro cuerpo sano.
Cada persona tiene una microbiota diferente, como si fuera una huella única, y ésta comienza a desarrollarse desde el nacimiento, cambiando a lo largo de la vida según la alimentación, el estilo de vida, el estrés, el sueño, la actividad física y el uso de medicamentos, especialmente antibióticos.
Actualmente, la microbiota intestinal ha generado mucho interés debido a su relación con múltiples funciones del organismo. Entre sus principales funciones se encuentran la producción de algunas vitaminas, el fortalecimiento del sistema inmunológico, la protección frente a bacterias dañinas y la participación en procesos digestivos y metabólicos.
Además, existe una relación muy estrecha entre el intestino y el cerebro, conocida como “eje intestino-cerebro”. Gracias a esta conexión, la microbiota puede influir en el estado de ánimo, el estrés, la ansiedad y el bienestar emocional. Incluso, algunas bacterias intestinales participan en la producción de neurotransmisores y hormonas relacionadas con las emociones, como la serotonina.
Por ello, cuando la microbiota se altera o existe un desequilibrio conocido como disbiosis, pueden aparecer síntomas como inflamación intestinal, ansiedad, irritabilidad, estrés, tristeza e incluso aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y algunas enfermedades autoinmunes.
La alimentación tiene un papel fundamental en el cuidado de la microbiota intestinal. Los alimentos ricos en fibra soluble son especialmente importantes porque sirven como alimento para las bacterias benéficas del intestino.
Esta fibra se encuentra en frutas, verduras, semillas, leguminosas y cereales como la avena. También son conocidos como prebióticos naturales, ya que favorecen el crecimiento y fortalecimiento de las bacterias saludables. Consumir este tipo de alimentos ayuda a mantener el equilibrio intestinal y mejorar la salud digestiva.
Por otro lado, existen alimentos fermentados que aportan microorganismos beneficiosos conocidos como probióticos. Algunos ejemplos son el yogur natural, kéfir, kombucha, chucrut y ciertos quesos fermentados. Su consumo puede ayudar a mejorar la diversidad bacteriana del intestino y favorecer una mejor digestión. Asimismo, alimentos como el plátano, ajo, cebolla, espárragos y alcachofa contienen compuestos que ayudan a nutrir y fortalecer las bacterias buenas.
Una alimentación alta en productos ultraprocesados, exceso de azúcar, refrescos, grasas saturadas y comida rápida puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. Además, factores como el estrés constante, dormir pocas horas, el sedentarismo y el uso frecuente de antibióticos también pueden afectarla negativamente. Cuando esto sucede, pueden presentarse problemas digestivos como inflamación, estreñimiento, diarrea o síndrome de intestino irritable.
Cuidar la microbiota intestinal no significa seguir dietas estrictas ni consumir suplementos costosos. Seguir las recomendaciones brindadas te ayudará a empezar a realizar pequeños cambios que pueden generar un impacto importante en la salud intestinal, además, es una excelente forma de prevenir enfermedades, fortalecer el sistema inmune y mejorar la calidad de vida.
paulina.ochoa@edu.uag.mx
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