La ciudad de Taiz, en Yemen, lleva 20 días bajo un cerco que ha interrumpido el ingreso de alimentos, combustible y suministros esenciales, mientras más de 800.000 personas permanecen sin acceso a la asistencia humanitaria. La reducción de la producción de agua a la mitad, el aumento de los precios y los elevados niveles de desnutrición infantil han encendido las alarmas de las agencias de Naciones Unidas, que advierten sobre el deterioro acelerado de las condiciones de vida.
Carreteras bloqueadas y suministros insuficientes
Las organizaciones humanitarias alertaron sobre el agravamiento de la situación en Taiz, donde los enfrentamientos entre las fuerzas hutíes y las tropas gubernamentales han impedido la circulación de personas y mercancías. El bloqueo de las principales rutas de acceso dificulta tanto la entrada de ayuda como la salida de los habitantes que buscan ponerse a salvo.
Jens Laerke, portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), explicó que las restricciones han reducido considerablemente la llegada de combustible, alimentos y otros productos básicos. La ciudad permanece aislada desde hace aproximadamente 20 días, mientras las necesidades de la población continúan aumentando.
La escalada de violencia comenzó a principios de septiembre, poniendo fin al periodo de relativa calma asociado a la tregua de 2022. Desde entonces, el deterioro de la seguridad ha complicado las operaciones humanitarias en distintas zonas del país.
Más de 800.000 personas sin acceso a asistencia
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) informó que más de 800.000 personas en Taiz han quedado desconectadas de la ayuda. Entre ellas se encuentran unas 600.000 que dependen directamente de la asistencia humanitaria y otras 200.000 mujeres y niños incluidos en los grupos afectados por las interrupciones.
Azfar Deen, responsable regional de comunicación del PMA para África oriental y meridional, señaló que la organización intenta recuperar el acceso a la ciudad mientras mantiene sus operaciones en otras partes de Yemen.
El bloqueo de las rutas representa un obstáculo para el abastecimiento de las comunidades y para la distribución de los productos que necesitan las familias más vulnerables. La falta de combustible también repercute en el transporte y en el funcionamiento de servicios esenciales.
El agua se encarece y su producción cae a la mitad
Uno de los problemas más urgentes es la disponibilidad de agua potable. Una parte importante de los habitantes de Taiz depende de camiones cisterna para abastecerse, pero el cierre de las carreteras y la escasez de diésel han reducido la capacidad de distribución.
De acuerdo con OCHA, la producción de agua dentro de la ciudad ha disminuido aproximadamente un 50%, mientras que el precio del agua transportada en camiones se ha triplicado. El encarecimiento dificulta todavía más el acceso a este recurso para las familias que permanecen atrapadas en la zona.
La interrupción del suministro de agua incrementa los riesgos sanitarios, especialmente en comunidades con acceso limitado a servicios médicos y condiciones de saneamiento adecuadas. La falta de combustible agrava el problema al dificultar tanto el transporte como el funcionamiento de los sistemas de abastecimiento.
La desnutrición infantil preocupa a UNICEF
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) advirtió sobre la gravedad de la situación nutricional en Yemen. En Taiz, la organización ha examinado a más de 168.000 niños durante 2026 y ha identificado a más de 52.000 con desnutrición aguda. De ese total, más de 11.500 padecen la forma grave de esta condición.
Para responder a la emergencia, UNICEF ha distribuido cerca de 8.000 cajas de alimento terapéutico listo para usar en la gobernación de Taiz. Las reservas permitirían mantener el tratamiento durante aproximadamente tres meses, aunque su utilidad depende de que los suministros puedan llegar a los centros de atención y de que las familias tengan acceso seguro a ellos.
Ricardo Pires, portavoz de la agencia, advirtió que incluso cuando existen existencias disponibles, las restricciones de movilidad y las interrupciones en las rutas de suministro pueden impedir que los equipos humanitarios transporten los productos y que los niños reciban tratamiento a tiempo.
El desplazamiento aumenta dentro y fuera de Yemen
La inseguridad también ha provocado nuevos movimientos de población. Entre el 7 de junio y el 19 de octubre de 2026, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registró aproximadamente 258.679 personas desplazadas, principalmente en las gobernaciones de Taiz y Lahj.
Muchas familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares en más de una ocasión y buscar refugio en asentamientos de desplazados o comunidades de acogida que ya enfrentan una fuerte presión sobre sus recursos y servicios.
La crisis también ha impulsado desplazamientos hacia otros países. Hasta el 17 de octubre, se registró la llegada de 3.836 ciudadanos yemeníes a Yibuti, quienes, según los informes citados por la ONU, huían del deterioro de la seguridad.
Desde agosto, los reportes contabilizan al menos 1.574 personas muertas y otras 6.939 heridas en el conflicto. Estas cifras reflejan el costo humano de una escalada que continúa dificultando las labores de asistencia y la protección de la población civil.
El acceso humanitario, una necesidad urgente
Las agencias de Naciones Unidas advierten que la recuperación del acceso a Taiz es fundamental para evitar que la escasez de alimentos, agua y atención médica agrave todavía más la emergencia. La interrupción de las rutas no solo limita la llegada de ayuda, sino que también impide que los residentes puedan desplazarse para buscar servicios y protección.
Mientras continúan los enfrentamientos, las organizaciones humanitarias buscan restablecer el suministro de productos esenciales y mantener la atención a los grupos más vulnerables. La situación de los niños con desnutrición aguda, las familias desplazadas y las personas sin acceso regular al agua figura entre las principales preocupaciones.


