El Gobierno peruano declaró en emergencia los sectores de pesca y acuicultura durante 120 días ante la persistencia de El Niño Costero, un fenómeno que está modificando el hábitat de especies clave y amenaza con golpear una actividad esencial para miles de familias.

El mar peruano atraviesa una transformación que ya comienza a sentirse en los muelles, en las plantas de procesamiento y en los ingresos de quienes viven de la pesca. El Gobierno declaró en emergencia los subsectores de Pesca y Acuicultura por 120 días para responder a los efectos de El Niño y preparar medidas ante un escenario que podría prolongarse hasta 2027.

La decisión no surge de una alarma aislada. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño, ENFEN, mantiene la alerta de El Niño Costero y advierte que el episodio iniciado en marzo de 2026 podría prolongarse hasta el verano de 2027. En su comunicado de agosto, la comisión señaló que el calentamiento del océano continúa modificando las condiciones frente a la costa peruana y alterando la distribución de recursos pesqueros.

Uno de los principales afectados es la anchoveta del stock norte-centro, una especie fundamental para la industria peruana de harina y aceite de pescado. El ENFEN ha advertido que las condiciones cálidas están alterando su distribución vertical y latitudinal. En términos sencillos, el pez está cambiando de lugar y profundidad para encontrar condiciones más adecuadas, complicando las operaciones de la flota.

No es un detalle menor. Perú posee una de las industrias pesqueras más importantes del mundo y la anchoveta constituye la base de una parte sustancial de esa actividad. Cuando la especie se desplaza, las embarcaciones necesitan recorrer otras zonas y modificar sus estrategias de captura. Y si la disponibilidad disminuye, las consecuencias alcanzan a toda la cadena productiva.

Los datos económicos ya muestran parte del golpe. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el sector Pesca y Acuicultura registró una fuerte contracción durante el segundo trimestre de 2026, en un contexto marcado por la reducción de la pesca marítima asociada al calentamiento del mar. El retroceso convierte una anomalía oceánica en un problema concreto de producción, empleo e ingresos.

La emergencia también tiene una dimensión climática más amplia. El ENFEN ha advertido que las condiciones cálidas pueden favorecer lluvias intensas, inundaciones, desbordes y movimientos en masa durante la temporada de lluvias. En la costa peruana, eso significa que los efectos del fenómeno no necesariamente terminan en el mar: pueden alcanzar puertos, carreteras, centros de cultivo, plantas de procesamiento y otras infraestructuras necesarias para mantener funcionando la cadena pesquera.

Por eso, el plan de emergencia encargado al Ministerio de la Producción no se limita a atender pérdidas inmediatas. Incluye investigación científica para mejorar el aprovechamiento sostenible de los recursos hidrobiológicos, medidas de ordenamiento pesquero y facilidades administrativas y sanitarias destinadas a mantener las actividades de procesamiento. También contempla mecanismos para facilitar pagos, promover la comercialización y ampliar el acceso al financiamiento.

La acuicultura enfrenta un desafío diferente, pero igualmente sensible. El cultivo de especies acuáticas depende de condiciones ambientales relativamente estables. Cambios persistentes en la temperatura del agua pueden modificar el crecimiento, la reproducción, la disponibilidad de alimento y la aparición de organismos que afecten a los cultivos. Una emergencia prolongada puede convertir un problema ambiental en pérdidas para pequeños y medianos productores.

La situación obliga también a mirar más allá de la industria. La pesca forma parte de la alimentación de millones de peruanos y sostiene comunidades enteras en la costa. Cuando disminuye la disponibilidad de determinadas especies, las consecuencias pueden trasladarse a los precios, al empleo y a la economía local.

El ENFEN, sin embargo, no presenta el futuro como una certeza absoluta. Sus pronósticos son probabilísticos y se actualizan conforme cambian las condiciones oceánicas y atmosféricas. En su informe más reciente, la comisión mantiene escenarios de magnitud fuerte para El Niño Costero y advierte de la continuidad de condiciones cálidas que seguirán afectando la distribución de la anchoveta.

La verdad es que Perú no puede controlar la temperatura del Pacífico. Sí puede, en cambio, mejorar su capacidad para anticipar los cambios, proteger a quienes viven de la pesca y evitar que una perturbación natural termine convirtiéndose en una crisis económica mayor.

La emergencia decretada por el Gobierno representa precisamente ese intento. No se trata únicamente de salvar una temporada de pesca. Se trata de ganar tiempo para que científicos, autoridades, empresas y pescadores puedan adaptarse a un océano que, por ahora, está cambiando las reglas.