La posibilidad futura de que computadoras cuánticas suficientemente potentes comprometan sistemas criptográficos como RSA ha llevado al sector financiero internacional a preparar una transición hacia algoritmos diseñados para resistir ataques cuánticos, un proceso que ya comenzó en estándares y pruebas operativas.

La infraestructura bancaria moderna depende de la criptografía de clave pública para proteger comunicaciones, autenticar sistemas y establecer conexiones seguras. Buena parte de los mecanismos utilizados actualmente se apoyan en problemas matemáticos que resultan difíciles de resolver con computadoras convencionales, entre ellos la factorización de números enteros utilizada por RSA.

El problema es que una computadora cuántica suficientemente avanzada podría utilizar el algoritmo de Shor para resolver de manera mucho más eficiente determinados problemas matemáticos que sustentan RSA y otros sistemas de clave pública. Esto no significa que RSA esté actualmente roto: las computadoras cuánticas disponibles todavía no tienen la capacidad necesaria para realizar ese ataque a escala práctica.

La preocupación, sin embargo, no depende exclusivamente de cuándo aparezca una computadora cuántica capaz de hacerlo. El sector financiero maneja información que puede conservar valor durante muchos años. Un atacante puede interceptar y almacenar comunicaciones cifradas actualmente y esperar a disponer en el futuro de capacidad cuántica suficiente para intentar descifrarlas. Esta estrategia es conocida como “cosechar ahora y descifrar después”.

El Banco de Pagos Internacionales ha advertido que esta posibilidad justifica comenzar la transición antes de que exista una computadora cuántica capaz de comprometer los sistemas actuales. Su hoja de ruta para la preparación cuántica del sistema financiero señala que el proceso requiere inventariar los sistemas criptográficos, identificar los activos vulnerables y desarrollar una migración gradual.

La respuesta se conoce como criptografía poscuántica o PQC, por sus siglas en inglés. Su objetivo consiste en utilizar algoritmos que puedan ejecutarse en computadoras convencionales pero cuyos problemas matemáticos subyacentes sean considerados resistentes frente a los algoritmos cuánticos conocidos capaces de amenazar la criptografía de clave pública tradicional.

Uno de los principales enfoques utiliza retículas matemáticas. En términos simplificados, estos sistemas construyen problemas relacionados con estructuras multidimensionales cuya resolución resulta computacionalmente difícil. La seguridad no depende de esconder el algoritmo, sino de la dificultad matemática de resolver determinados problemas aun con capacidades de cómputo muy superiores.

El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, NIST, concluyó en 2024 la primera etapa de estandarización de tres algoritmos poscuánticos. ML-KEM, definido en FIPS 203, está destinado al establecimiento seguro de claves; ML-DSA, establecido en FIPS 204, permite generar firmas digitales; y SLH-DSA, correspondiente a FIPS 205, ofrece otro mecanismo de firma basado en funciones hash.

ML-KEM y ML-DSA pertenecen a la familia de algoritmos basados en retículas. SLH-DSA utiliza un enfoque diferente basado en funciones hash. Esta diversidad resulta relevante porque la transición no busca simplemente sustituir RSA por un único algoritmo, sino construir una infraestructura capaz de utilizar diferentes mecanismos de seguridad según las necesidades y los riesgos.

NIST recomienda que las organizaciones comiencen desde ahora la migración hacia estos estándares. Su planificación contempla la retirada progresiva de algoritmos vulnerables a la computación cuántica de sus estándares, con un horizonte que llega hasta 2035 y con sistemas de mayor riesgo sujetos a una transición más temprana.

Para los bancos, sustituir un algoritmo no consiste en cambiar una línea de código. La criptografía puede encontrarse integrada en aplicaciones, tarjetas, dispositivos de autenticación, sistemas de pago, certificados digitales, redes privadas, servicios en la nube y equipos cuya vida útil puede extenderse durante años.

Por esa razón, una de las primeras tareas consiste en elaborar un inventario criptográfico. Las instituciones necesitan saber qué algoritmos utilizan, dónde se encuentran las claves, qué aplicaciones dependen de ellas y qué proveedores participan en cada componente. Sin esa información, resulta difícil establecer prioridades y determinar qué sistemas deben migrar primero.

El sector financiero ya ha comenzado a realizar pruebas. El proyecto Project Leap, coordinado por el Centro de Innovación del Banco de Pagos Internacionales junto con bancos centrales y otros participantes, probó mecanismos de criptografía poscuántica en sistemas financieros. En su segunda fase, publicada en 2025, se utilizaron firmas digitales poscuánticas mientras se realizaban transferencias de liquidez en un entorno operativo de pagos.

Los resultados mostraron que la transición es técnicamente posible, pero también revelaron diferencias de rendimiento entre algoritmos tradicionales y poscuánticos. El tamaño de las claves, las firmas y los mensajes, los tiempos de procesamiento y la compatibilidad entre sistemas pueden modificar el funcionamiento de una infraestructura financiera que procesa millones de operaciones.

Por ello, el Banco de Pagos Internacionales plantea la llamada criptoagilidad: la capacidad de una organización para sustituir rápidamente algoritmos y parámetros criptográficos cuando dejan de ser adecuados, sin tener que reconstruir completamente la infraestructura tecnológica. Esta característica puede resultar decisiva no solo frente a la computación cuántica, sino ante cualquier vulnerabilidad futura.

Durante la transición también pueden utilizarse esquemas híbridos. En lugar de abandonar inmediatamente los mecanismos clásicos, un sistema puede combinar algoritmos tradicionales con algoritmos poscuánticos y exigir que ambos procesos sean considerados en determinadas operaciones. La finalidad es mantener compatibilidad mientras se adquiere experiencia con las nuevas tecnologías.

La dimensión internacional complica todavía más el proceso. Una transferencia bancaria puede involucrar bancos corresponsales, redes de pagos, cámaras de compensación, proveedores de servicios tecnológicos y diferentes jurisdicciones. Si una sola parte de la cadena utiliza mecanismos incompatibles, la migración completa puede verse limitada.

Los sistemas de pago son particularmente sensibles porque no solo necesitan confidencialidad. También deben garantizar autenticidad e integridad. Una firma digital permite comprobar que una instrucción proviene realmente de la entidad correspondiente y que no fue alterada. Si los mecanismos utilizados para generar esas firmas fueran comprometidos en el futuro, las consecuencias podrían afectar operaciones financieras y procesos de confianza entre instituciones.

La amenaza tampoco debe confundirse con una fecha anunciada para la llegada de una computadora cuántica capaz de romper RSA. El momento exacto es incierto. El propio Banco de Pagos Internacionales señala que la tecnología todavía se encuentra en desarrollo y que existen estimaciones diferentes sobre cuándo podría alcanzarse una capacidad suficiente para comprometer los sistemas actuales.

Precisamente por esa incertidumbre, la estrategia dominante no consiste en esperar una fecha determinada, sino en reducir progresivamente la dependencia de algoritmos vulnerables. La transición requiere investigación, pruebas de interoperabilidad, actualización de hardware y software, capacitación especializada y coordinación entre instituciones financieras, proveedores tecnológicos y organismos reguladores.

El cambio también modifica la concepción tradicional de la seguridad informática. Durante décadas, las organizaciones pudieron planificar la renovación criptográfica alrededor de amenazas conocidas y de la capacidad de los sistemas convencionales. La computación cuántica introduce un riesgo cuya materialización depende de un avance tecnológico que todavía no se ha producido, pero cuyo impacto potencial sobre la infraestructura existente puede ser considerable.

Para el sistema financiero internacional, la preparación poscuántica es por ello una tarea de largo plazo. No se trata de declarar obsoleto a RSA hoy, sino de evitar que una infraestructura construida durante décadas llegue al momento de una ruptura tecnológica sin disponer de una alternativa probada.

La transición ya está en marcha: existen estándares internacionales, pruebas en sistemas de pago y hojas de ruta regulatorias. El desafío consiste ahora en transformar esos avances criptográficos en una infraestructura financiera capaz de cambiar de algoritmos sin interrumpir las operaciones que sostienen la economía digital.